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El Veraneo y La Colonia.-XV

Los trenes de los maridos

Yo recuerdo a mi padre llegando a casa en El Plantel cuando ya habíamos comido, en la tarde del sábado o la víspera de alguna fiesta, algo cansado del calor y de la subida andando desde los Soportales, parada de los autobuses de Herranz provenientes de la Estación, para pasar las pocas horas del veraneo que su trabajo le permitía, hasta que llegara el mes de agosto. Antes habría cogido el tren de las dos de la tarde que fue llamado “el tren de los maridos” por la cantidad de éstos que venían de Madrid. Otros “trenes de los maridos” eran los que llegaban por las tardes de las vísperas de fiesta y los que por las mañanas de los lunes les trasladaban de vuelta a sus trabajos o estudios de Madrid. Pero no eran los maridos los únicos entre los viajeros sudorosos y cansados que llegaban al Escorial para pasar el fin de semana o simplemente a pasar algunas horas antes de volver a sus quehaceres madrileños. En estos trenes así llamados, también llegaban jóvenes a ver a sus novias y estudiantes no muy buenos que quedaban en Madrid para intentar sacar en septiembre, aquellas asignaturas que quedaron atascadas y pasar algunas “píldoras” del veraneo en estos lares bastantes más frescos y entretenidos que la capital.

A mí que me gusta viajar en tren, especialmente en los actuales, leer las condiciones de cómo se viajaba en aquellos “trenes de los maridos” realmente no son las condiciones más apetecibles. Los coches de tercera de la Cía. de Ferrocarriles del Norte, donde los maridos pasaban gran parte del veraneo, no se parecen en lo que hoy son los trenes de Cercanías. ¡Eso si era amor de marido, padre o de novio! para aguantar estos viajecitos semana tras semana. Coches atestados, generalmente viajando de pie en pasillos y plataformas, aguantando malos olores o zapatos de otro sobre tus zapatos. Después, una vez que llegas a la Estación, o corres, o te quedas sin plaza en el Autobús que te lleva a los Soportales y te tocará subir andando. Te espera la cuesta de la Estación, mientras el sol te calienta hasta el tuétano de los huesos algo machacados por el viaje, que en el mejor de los casos duraba dos horas, con paradas en todas las estaciones menos en Pitis.

Los autores del libro, Sabau y “Polilla”, nos descubren un secreto para realizar el viaje de ida o de vuelta con garantías de llegar sin demasiado cansancio. Son una serie de reglas para viajar más cómodo como sacar los billetes de ida y vuelta; tiempo a estar en la Estación con anterioridad a la salida del tren, para garantizar un asiento; sentarse lo más cerca de las puertas con vistas a tomar el autobús de subida al pueblo y así hasta diez reglas si se viene de la capital al Escorial y otras cinco si se dirigen el lunes a Madrid.

Hoy las cosas han cambiado bastante aunque todavía se producen estos movimientos semanales “migratorios” por parte de los maridos. Así era y así nos lo han contado.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.- XIV

 Las becerradas

¡Qué tiempos aquellos! en los que los autores del libro que venimos comentando se atrevieron a escribir, allá por los años 40, que “todo gurriato, nativo o veraneante, lleva en espíritu un torero ¡y de los buenos! Pocos pueblos habrá que sientan el “gusanillo” de la afición como en San Lorenzo del Escorial”. Hoy día no creo que se hubieran atrevido a escribirlo así pues les habría “caído la del pulpo”. Y la verdad es que es cierto. Hasta hace muy pocos años, los años en que después los antitaurinos han tomado la delantera, la afición a los toros era en El Escorial algo casi consustancial. Hasta tres plazas de toros han existido en San Lorenzo y una en La Villa quedando actualmente sólo en pie la del Barrio del Rosario que más bien parece un pequeño Coliseo en ruina técnica donde la lidia de los toros, para la que fue creado, brilla por su ausencia. De la más antigua (s.XVIII) todavía quedan restos al final de la calle Juan Avelló; la portátil que construyó en 1.947 el Alcalde Salvador Almela junto a la puerta de la Herrería y en la que llegaron a torear los tres hermanos Dominguín: Domingo, Pepe y Luis Miguel; y la tercera, que por iniciativa de Fermín Mayoral y con el apoyo del Alcalde Almela se presenta un proyecto para erigir la actual plaza del Barrio del Rosario, propiedad, creo todavía, de Julio Aparicio. Y no digamos las fincas ganaderas que poblaron de reses bravas a La Villa y a San Lorenzo con nombres por todos conocidos.

Centrándonos en las becerradas, no existía Fiesta que no contara con ella en sus programas. Becerradas como la de las Fiestas de Mozos primero y la de la Colonia ya metidos en el verano después, ponían a prueba a los mozos deseosos de vestir el traje de corto y lucirse delante de su dama. Las cuadrillas de los “matadores” se elegían por sorteo entre los mozos aunque muchos cedían su sitio a los que parecían con más ganas, más valor o más arte y mejor preparados.

En mis tiempos todos recordamos aquella becerrada en la que Pepe Pimentel hijo, vestido de corto como era tradicional, intentó emular a Ordoñez, Dominguín al Litri o Bienvenida y tras varias carreras con el becerro detrás, se dispuso a matar. Inició posición, mirada al lomo del “morlaquito” y después de un perfecto volapié ¡zas! clavó el estoque en el albero. Hoy la película, que fue grabada con una Super 8 de aquellas, hubiera sido viral en las redes sociales. Pero eso sí, tuvo la valentía de ponerse delante de un becerro cosa que muchos éramos incapaces de hacerlo.

Sustos, carreras, revolcones y alguno que otro pase torero que unidos a las risas del respetable, conformaban las becerradas. Entrada la temporada veraniega se celebraba la becerrada de la Colonia que organizaba la Prensa local y en la que participaban pueblo y colonia perfectamente hermanados. Normalmente iba precedida de un día entero de grandes festejos y los toreros se disfrazaban según el carácter de la Fiesta: chinos, romanos, indios, trajes de luces…

Estas, según cuentan los autores del libro, eran las becerradas fijas aunque siempre había alguna más, como las que se organizaban en la placita del Jaral de la Mira”” o las del “Congosto”, “La Cepeda” o “Las Cañadillas”.

Aunque parece que las becerradas tienen los días contados esperemos ver si en las próximas Fiesta de Mozos que se anuncian en la Villa la incluirán en su programa.

(continuará)

El Verano y La Colonia.-XIII

El Veraneo y La Colonia.-XIII

¡Detente un punto, veraneante que en estos días agosteños te hayas en el Escorial! ¡Suspende un momento tus idas y venidas por montes y caminos! Detente deja tu vida de rutina. Mira la noche ¿no te dice nada?….¡¡ Es noche de luna!! El veraneante abandona su baile, su rutina y a su amada y decide entregarse a ella, a esta noche de luna llena que le llama, iniciando los autores un recorrido irreal nocturno con el poco convencido veraneante.

Dan las doce y se encuentran en el destartalado y abandonado Paseo de los Terreros que antaño fue el preferido por la Colonia para luego pasar a los terrenos de la Lonja donde el reloj del Monasterio, con ronca voz de campana, da la una. Y cuando la luna inunda todo con una potente luz, “en la torre de Felipe II hay una luz en su última ventana. Es el espíritu del Rey Fundador, que ha venido, como todos los años en la luna de agosto, a inspeccionar su obra.

Continúan su ruta y tras atravesar las viejas arcadas de la Universidad se encuentran acodados en la tapia del Estanque de los Frailes y en este maravilloso escenario entre el cielo y la tierra, la luna llena, al frente, lo ilumina todo dejado que las estrellas se miren en el agua.

Al veraneante, que ha dejado el baile y quizás a la mujer que ama, le va ganando el ambiente y hasta quizás ve en las aguas la cara de su amada.

Siguen caminando y pasan por la Ermita de San Antón para tras subir por el Monte Bajo recalan en la Casita Rústica meta de la ruta iniciada para acompañar a la luna de agosto. El veraneante queda con sus pensamientos y le dicen ¡Es tuya la noche más bonita del año ante el paisaje más bonito del mundo!

Todos recordamos cuando, haciendo una excursión nocturna en las últimas horas de la noche, llegábamos a la Casita y allí, unas veces con la guitarra y otras acompañados con la sola voz, cantábamos o hablábamos con la luna mientras se iniciaban, quizás, los primeros escarceos amorosos.

El Veraneo y La Colonia.-XII

El Veraneo y La Colonia.- XII

Voy pasando páginas del libro que comentamos y se van agolpando los recuerdos de aquello que hubo y hoy, por razones todas justificables, ha desaparecido; aquello con lo que jugábamos y que hoy ya no está o que se ha transformado en otro tipo de juego. Recordar ferias o fiestas desaparecidas del calendario veraniego o personas que por razones de pertenecer a otra generación ya no están con nosotros.

El Capítulo “La Ferias de San Lorenzo” es un maravilloso resumen de lo que ocurría alrededor del 10 de Agosto de aquellos años cuarenta y me gustaría copiarlo, pero sería “vilmente” criticado por ser un escritor vago que utiliza lo de otros para llenar páginas. Intentaré resumirlo no tan bien como los autores del libro, sino más bien como escribe este viejo nobel escritor.

El sol, que suele brillar en San Lorenzo, generalmente con mucha fuerza, se va de Fiesta mientras que Floridablanca, la calle que antaño era la arteria principal del cuerpo veraniego, se llena de tenderetes multicolores y “entre mares de serrín las baratijas guiñan al sol sus ojos falsos”. Mientras bailan, al ritmo de la dulzaina y el tamboril, esos grandes y cabezones muñecos, los Gigantes y Cabezudos que hacen las delicias de los niños. El humo del aceite en el aire mientras el aceite fríe los churros en el chiringuito de la Plaza del Ayuntamiento. Colocados con mimo en un verde junco son paseados mientras van cayendo uno a uno. Se baila y se comen peladillas blancas y las de tez morena de azúcar tostada. Los toreros, generalmente de tronío, saldrán del hotel camino de la Plaza donde les esperan los toros, generalmente de poco tronío. Al aire las peinetas mientras el color lo ponen los mantones de manila en la placita de la Villa vecina. Esta liturgia colorista y divertida parece que al menos en este pueblo como en otros muchos de España ha desaparecido o la quieren hacer desaparecer los que defienden a algunos animales pero les da igual otras muchas cosas que producen mucho dolor y no me refiero a los animales. Luego la verbena o a La Lonja a las carreras de burros, cintas y sacos y a los cohetes en Terreros. La Lonja se viste de cine, se buscan las estrellas en la noche clara mientras las estrellas escuchan el sonido roto de la película.

“Estas son la Fiestas de San Lorenzo, cielo azul y noches estrelladas, alegría en el día y nostalgia en la noche; vosotras proclamáis que el día se hizo para reír y la noche para amar. ¡¡Quien no las haya vivido no podrá comprender las huella tan profunda que en el alma dejáis!!

Quisiera escribir lo mismo de las Fiestas actuales pero no lo voy a hacer.

 

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A la Plaza de Toros

(continuará)

 

 

¡¡Imbéciles!!

¡¡Imbéciles!!

No podía más. Debía de dar rienda suelta a mis sentimientos más profundos de cabreo. Había visto las fotografías, no cabía en mi asombro y me preguntaba: ¿Pero qué tiempos estamos viviendo que los jóvenes, algunos jóvenes de hoy, no respetan nada? ¿Dónde está el respeto a los mayores, a los padres, a los profesores, a las cosas, a los demás y hasta a la propia vida? ¿Se ha perdido el respeto entre los dedos de las jóvenes manos que lo destruyen todo? ¿Qué esperamos de estos desalmados que no respetan nada incluso la Navidad? Nos quejamos de lo que está pasando y las razones de ello sólo tienen un padre y una madre: la falta de respeto y la falta de educación. Una cosa lleva a la otra y la segunda a la primera. No existe consideración para tratar a una persona o a una cosa y no causarle ofensa, daño o perjuicio, ni existe consideración de que algo es digno y debe ser tolerado y respetado (RAE). Estas cosas no existen para las mentes infantiles y retrógradas que les llevan a la destrucción de aquello apreciado por los demás aunque no lo sea para ellos. ¡Monstruos trogloditas!

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15780899_1328705030484504_8261802065759430433_nVer las fotografías del Belén de San Lorenzo “decapitadas”, tiradas por los suelos o ahogadas en la fuente de los Jardincillos me ha causado una impresión difícil de asumir. ¡¡Imbéciles!! No sabéis el esfuerzo que ha supuesto que decenas de voluntarios, hombres y mujeres, comprometidos con la Navidad de su pueblo, realicen cada año y creo que ya son veinte, el montaje del Belén en las calles del pueblo, ejemplo para otros muchos y visitado por miles de turistas durante las Navidades. Quizás algunos de estos destructores de lo ajeno sean familia de algún voluntario que ha trabajado duro y sin remuneración para que llevar a cabo esta obra considerada como de interés para toda la comarca. ¿Qué pensarán de este monstruo que disfruta rompiendo lo que han construido?

Para todos estos desalmados sin formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas les tendrían que castigar y publicar sus fotos en el pueblo para que toda la gente de bien les conozca. Cantamañanas, maulas, mamacallos, soplagaitas, sacamuertos, badulaques tenéis mi mayor desprecio.

¿Qué ha pasado con las cámaras de vigilancia que otros años fueron instaladas con motivo del Belén? Me figuro los comentarios del Ayuntamiento. Presupuesto bajo,ahorro, derechos, intimidad…

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El Veraneo y La Colonia.- XI

El Veraneo y La Colonia.-XI

El libro que estamos comentando reserva un capítulo a la vida deportiva del pueblo, destacando, como no, al futbol que apasionaba y figuraba como deporte rey en todas las fiestas. No había, ni hoy existen unas fiestas sin dar cabida al deporte y en especial al futbol que en nuestro caso, tenía un especial escenario en el campo de Los Pinos. Allí todos los veranos se celebraba el “derby” entre los dos pueblos de Arriba y de Abajo con alguna superioridad por parte de San Lorenzo.

La natación y los campeonatos típicos del verano, se celebraban en Las Piscinas de la Herrería que los autores las describen en el libro como  “hermosa piscina rodeada de pérgola y provista de trampolines, dotada de servicios anexos de bar, casetas, “solariums”, duchas etc.”

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Foto: Campeonato en la Piscina del Prado Tornero. Antonio Marcos y Juan G.Cos

Al no existir las Piscinas, comidas por el Campo de Golf, en nuestros veraneos, más tardíos, celebrábamos los campeonatos y nuestros baños pandilleros en la magnífica piscina del Hotel Monasterio, en la no mejor que la del Prado Tornero y en la del Batán, piscina más pequeña pero de aguas frías y siempre corrientes provenientes del arroyo del mismo nombre.

El tenis era un deporte que se cuidaba mucho en El Escorial con Campeonatos de la Sierra en los primeros días de septiembre a los que asistían las mejores raquetas de Villalba, Cercedilla, La Granja, San Rafael, Ávila y de nuestros dos pueblos. Se celebraban en las pistas públicas del recinto de las Piscinas. El hockey del que el Colegio Alfonso XIII sería un referente años más tarde, la equitación, a cuyos concursos hípicos dedican un capítulo en el libro, el tiro al plato y el excursionismo eran deportes muy cuidados en nuestros pueblos.

Muchos son los capítulos que quedan por descubrir del libro, donde los recuerdos se agolpan y se mezclan con los que años más tarde serán las vivencias más nostálgicas de los veraneos que viviríamos después.

La dedicatoria

La dedicatoria

Escribir produce muchos sinsabores y quebradores de cabeza por las críticas, malamente expresadas, con lenguaje típico de “verduleras” (no sé por qué ponemos a las pobres verduleras como ejemplo de mal habladas) críticas a las que nunca sabes si contestar o aceptarlas sin más. Al final te callas por educación y profesionalidad y procuras demostrar con la palabra escrita, la razón misma de tus testimonios. Pero el mero hecho de escribir sobre nuestro pueblo me ha reportado algunas satisfacciones que cuando llegan te llenan de orgullo y te endulzan el día haciéndote olvidar las otras.

Y esto es lo que me ha pasado en estos últimos días. He recibido un libro y una dedicatoria que me ha hecho despertar el espíritu que lo tenía algo dormido. Nunca he entendido las colas en las ferias de libros o en los grandes almacenes para que un escritor de renombre o ganador de algún premio literario, te dedique su último libro. ¿Qué consigues con ello? Tener en casa un libro de Vargas Llosa, de Camilo José Cela o de Ildefonso Falcones con la frase “a mi amigo… con todo afecto y cariño de …” Todo mentira. Ni es su amigo ni se lo dedica con afecto o con cariño pues no le conoce de nada.

Me figuro al escritor al que le llega un señor y le dice:

-Por favor querría que le dedicara el libro a mi suegra Rosalinda que es una fan suyo y ha leído todos sus libros. Qué pensará por dentro el escritor. Reirá mientras escribe o sonríe al caballero con cara de incredulidad. Pues no lo se. Nunca he firmado libros. Creo que por esto y algunas cosas más, que reconozco que a lo mejor es  una manía mía, sólo tengo cuatro libros dedicados: Uno, “Los silencios del Rey”, escrito por mi gran amigo, y esto si es verdad, Joaquín Bardavío. Otro de un señor en toda la extensión de la palabra, amigo, catalán, asegurador y un perfecto “bon vivan” que escribió un ensayo sobre lo que espera de la vida y lo que ha sido la suya, muy bien llevada por cierto. El tercero es un libro muy buscado por los estudiosos de estos temas “Notas Genealógicas de un linaje del Valle de Soba” un estudio pormenorizado  de toda la familia Sáinz de los Terreros y de sus antepasados, escrito por un primo de mi abuelo y que nuestro padre regaló uno a cada hermano. Y el cuarto es el que acabo de recibir escrito por Antonio Guisado con una sentida y bonita dedicatoria, según él, por los buenos ratos que pasa leyendo mis escritos sobre el Escorial. ¿A alguien no le llenaría de orgullo y satisfacción y se sentiría como un rey por algo así? Pues a mí eso me ha pasado.

escanear0001El libro que me ha regalado Antonio es “un texto dramático que nos muestra las maravillas de la ciudad del Escorial de una manera futurista ingeniosa y creativa”. Es una obra corta en clave de comedia, que engancha gracias a la variedad de personajes y a los acontecimientos que se suceden.

En 1.989 la desaparecida Asociación “Amigos del Real Coliseo Carlos III” convocó el Premio Eloy Fernández de la Peña. La obra premiada, según las bases del concurso, sería puesta en escena. Efectivamente. Tal como se recoge en el Prólogo del libro de Antonio, el jurado concedió el premio, compartido con la obra “La basura” de Pedro Catalán, a “El Escorial 2.089” de Antonio Guisado y un año después la obra fue incluida en los llamados Festivales de Verano y representada, nada menos, que en el Patio de coches del Monasterio.Una máquina, el Ordenador Supremo, cedida en 2.089 al Alcalde del Escorial, pueblo que lo conforman la Villa y San Lorenzo ya unidos reencarna a cuatro personajes muy relacionados con el pueblo y que estarán cuarenta y ocho horas otra vez en esta vida. El Rey  Felipe II, una serranilla gurriata del s. XVII, el Padre Antonio Soler, músico y compositor y Doña Ramona  una señora del XIX también nacida en El Escorial. El encuentro con el Alcalde, su secretaria y el Secretario del Ayuntamiento produce situaciones y diálogos entorno al Escorial que realmente es el protagonista de la obra.

Una obra para leer, entretenida y bien escrita; una dedicatoria que toca el corazón y un amigo al que dar las gracias.

El Veraneo y La Colonia.- X

El Veraneo y la Colonia.- X

El siguiente capítulo del libro que venimos comentando sobre el veraneo y la Colonia del Escorial se refiere a un tema recurrente en San Lorenzo como es “Los Semanarios del Escorial” tema del que yo me he ocupado varias veces en este blog.

escanear0001Yo empecé a escribir, malamente por cierto, en esa edad en la que no sabes por qué decantarte, pero si sabes lo que te gusta hacer. Tenía 16 años, lo que ha llovido desde entonces, y escribía en verano en el “Semanario Escurialense” mis “Papelín Oficial de noticias” y allí me codeaba con firmas como Quinito Pacheco, José María Suárez Campos, mi padre Juan Manuel Sáinz de los Terreros, Agustín Cebrián. Eloy, Gaby Sabau y tanta otra gente a la que quería emular, pero mi torpeza de escribiente recién nacido jamás pudo conseguir.

Dicen Carlos y Álvaro en su libro que “un verano en el Escorial no se concibe sin la existencia de un periódico que lo sazone debidamente”. Morían unos “papeles” pero nacían otros que recogían los cotilleos y las fiestas veraniegas, que comentaban los sucesos y cotilleos o que publicaban las caricaturas o fotografías de las damiselas más destacadas de verano.

Los más animados, vecinos o veraneantes, los letrados, cronistas, artistas y poetas constituían la Redacción de los Semanarios y eran los encargados de sacar adelante, semana tras semana, aquellas páginas entintadas que con medios muy primarios, llenaban de los “ecos” más destacables los veranos escurialenses. La gente quería aparecer en sus páginas y hasta llegaban a enfadarse, no por los cotilleos, sino por no salir en los papeles pues eso suponía que nadie se ocupaba de ellos/as. Su salida era esperada todos los sábados de los meses veraniegos porque se convertían en las “televisiones” de hoy día donde enterarte de las noticias y ecos de sociedad como si de un “Sálvame” se tratara.

Para completar este artículo, los títulos “Periódicos y Semanarios” y “El Semanario Veleta” son dos entradas de este blog en los que analizo este tema con profusión de datos. Además recomiendo la lectura de la colaboración de José María Suárez Campos que bajo el título “La Prensa local escurialense” analiza este fenómeno y que se recoge en el libro de Justo Sánchez Díaz “San Lorenzo de El Escorial.- Estampas de un Pueblo”.

“La vida deportiva” y “Las Ferias de San Lorenzo” serán los próximos capítulos que comentaremos en este blog.

El Veraneo y la Colonia.- IX

El Veraneo y La Colonia.- IX

Sigo desgranando el libro de Carlo Sabau y Álvaro y sigo también incluyendo lo que en teatro se llaman “morcillas” al ir introduciendo mi propias sensaciones y vivencias en el veraneo escurialense como parte de, en algunos casos, la denostada Colonia.

El siguiente capítulo del libro corresponde a la figura de la Regidora, que desde 1.932 hasta 1.970 fue una institución típica del veraneo en San Lorenzo. La fiebre de la “mises” que invadió el mundo, tuvo su traducción en la elección de una “miss” que rigiera y presidiera los festejos veraniegos. La diferencia con las verdaderas “mises” era que su belleza no era determinante para su elección valorándose la simpatía, animación y capacidad organizativa. Acompañaban a la Dama Regidora una corte de mujeres, las Damas Asesoras, que actuaban a modo de consejeras apoyando siempre a la que por “votación pública” se elegía para regir los destinos del verano en una fiesta. La votación era lo de menos pues varios días antes se conocía el nombre de la que sería elegida. Una nota: jamás un hombre figuraría en las listas porque era patrimonio femenino.

“La Dama Regidora tiene como cetro una camelia blanca, como reino el Parque y El Escorial todo y como súbditos a todos los veraneantes” escriben los autores del libro. Hasta tiene su himno compuesto en su honor.

Yo he escrito varias veces sobre la Regidora en este blog y sobre las magníficas fiestas que organizaban y que seguro que comentaremos en esta serie, dado mi cariño por esta institución que sólo fue interrumpida solamente los años de la Guerra Civil. Una tía mía fue la primera Regidora, Carmen Isasa elegida en 1.932 en una fiesta en nada menos que en la Casita de Arriba, siendo la última Rosa Millán, creo vecina de San Lorenzo en 1.970. Me gustaría reunir a todas las que lo fueron para poder agradecerlas de alguna forma su dedicación y amor a este pueblo.fiesta-valenciana-verano-1-960

Entre los festejos organizados por las damas Regidoras en los años que se recogen en el libro figuran algunas como “Una zambra gitana”; “La Fiesta Madrileña”; “Una boda en la huerta valenciana”; Fiesta de la Regiones españolas”; “Fiesta China” y la “Romería del Rocío”. En mi época, algunos años más tarde, la Fiesta Valenciana con la ofrenda a la Virgen de los Desamparados colocada en los Jardincillos, fue organizada por Mercedes Goncer y sus Asesoras, constituyendo todo un éxito y en la que participamos casi todos los jóvenes de la Colonia y el pueblo.

 

Algunos participantes en la Fiesta Valenciana en 1.960

El Legionario

Hoy dejo aparcado el siguiente capítulo del  “El Veraneo y La Colonia” y escribo unas pinceladas del General que fundó la Legión y paseaba por el pueblo de El Escorial acompañado de tres caballeros legionarios.

El Legionario

Hace ya tiempo escribí, creo que en estas mismas páginas y perdón por la auto cita, sobre mi idea de recoger en una Enciclopedia escurialense los perfiles de tantas personalidades que han desfilado o vivido en nuestros pueblos. Escribí una lista, escasa lista por cierto, hecha a base de los recuerdos que iba extrayendo de mi frágil memoria. Recordaba en ese artículo a las figuras de la literatura, premios Nöbel, críticos y directores de cine, ilustres actores de cine y teatro, periodistas, militares, ex ministros, políticos y jefes de Gobierno, grandes arquitectos y fecundos autores teatrales, poetas, mezzosopranos o cronistas de la Villa de Madrid; pintores, escultores, ceramistas, encuadernadores y artes plásticas. Realmente la lista de nombres sería interminable.

He leído el artículo de Alfonso Ussía “El Legionario” dedicado al general Millán-Astray, fundador de La Legión, hoy vilipendiado y desairado por la Alcaldesa de Madrid al aceptar quitar el nombre de su calle de la capital de España. No llego a entender cómo se quiere hacer desaparecer la calle dedicada al fundador de la Legión a la que todo el mundo quiere y admira. Lo primero que me llamó la atención en el artículo de Ussía ha sido que en los primeros tiempos, antes de unir sus apellidos paternos, firmaba como Millán Terreros. No sabía que tenía como pariente, al menos de apellido, al fundador de la Legión nada menos. Luego, poco a poco me fui empapando de su ilustre figura. Cuando en la lista de personalidades que han pasado por nuestros pueblos, incluía a militares me refería entre ellos al General Millán-Astray que con calle o sin calle, como dice Ussía, es Historia de España y por qué no, historia del Escorial.

Dice Ussía que Don José era amigo de su familia y le cantaba las cuarenta al lucero del alba. Lo aprendió de militar ejerciendo su mando en La Legión y como un legionario siempre lo es hasta que muere, Millán-Astray murió mandando.

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Del paso del General por El Escorial, donde veraneaba, se cuentan miles de anécdotas, me figuro algunas leyendas urbanas, todas con un común denominador: su fuerte carácter y sus innatas dotes de mando. Acompañado siempre por sus tres fieles guardaespaldas, un cabo y dos caballeros legionarios, que según cuentan, tres “piezas” a los que les gustaba el alcohol de forma desmedida. Su diversión al bajar de San Lorenzo por El Paseo, donde residía en un chalet el General, era disparar a las farolas. Unos lo hacían con piedras y ellos con balas.

Su presencia acompañando al General “acojonaba un poco” según me cuentan, ya que sus ademanes militares eran más de un cuartel de la Legión que de un paseo de verano por El Escorial. Cuando llegaban, el General y sus tres legionarios a comprar melones a su “amigo” Tomás el Pollero le hacía catar cinco o seis hasta que le gustaba uno. Luego, eso sí, le pagaba todos los melones “catados”.

Su figura imponía. Era como un Blas de Lezo del ejército español ya que a ambos les faltaba una pierna, un ojo y un brazo que dieron por defender a España.

Hoy desaparecido el General y posiblemente la placa de su calle en Madrid seguro que en muchas personas y especialmente en mí quedará su recuerdo y la parte de la Historia de España que dejó escrita.