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El Veraneo y la Colonia.- XVIII

El Veraneo y La Colonia.- XVIII

Concurso Hípico

Leer este capítulo del libro comentado, es conocer algo desconocido por muchos vecinos y veraneantes de nuestros pueblos. En verano, en el mes de septiembre concretamente, se celebraba el Concurso Hípico en el campo de la carretera de Robledo, en los terrenos que ocuparon Las Piscinas, hoy parte del Campo de la Herrería. Los mejores jinetes españoles participaban en estos concursos hípicos que además de las importantes pruebas y premios aportaban grandes beneficios al pueblo

He conocido que con la República desapareció el campo y quedaron suprimidos. En 1.940 un grupo de aficionados y amantes de este deporte reorganizaron la Sociedad Hípica de San Lorenzo y revitalizaron estos Concursos Hípicos con la celebración de un nuevo concurso donde se corrieron pruebas importantes como la Copa del Generalísimo; la del Embajador de Alemania, la del Ayuntamiento y la de la Caballería Española cuyo primer premio era un caballo, pura sangre inglés-“Escorial I”- valorado en 10.000 pesetas y que ganó el comandante Nogueras. Siempre los jinetes del Ejército han sido de los mejores en España y reconocidos en las principales Concursos europeos y como participantes en los Juegos Olímpicos. Es curioso que una prueba importante de este concurso fuera la Copa de Excmo. Sr. Embajador de Alemania que ya desde aquellos años 40 tenían una gran relación con El Escorial. Prueba de ello es que otro embajador, Guido Brunner, hijo de alemán y española,  nacido y fallecido en Madrid en 1.997, está enterrado, si no me equivoco, en el Cementerio Parroquial de San Lorenzo y consiguió que Edmund Khol se instalara en el Hotel Botánico durante la Conferencia de Paz de Madrid.

Los concursos hípicos cobraron gran importancia y a su desarrollo colaboraron autoridades, particulares veraneantes y comercio local que ayudaron a que estos concursos volvieran, a partir de los años 40, a ser lo que fueron antes de la República.

La presencia del Embajador Alemán y de muchos generales del Ejército español, daban realce a estos Concursos en los que existió una caseta de apuestas que atraía a muchos aficionados.

Los autores del libro cuentan que en aquellos años, dada la afición existente en el pueblo y entre los veraneantes, hubo algunos proyectos para dotar a El Escorial de un hipódromo que canalizara y fomentara esta afición hípica de San Lorenzo. Como todos hemos comprobado, fue uno de los muchos proyectos que han quedado en la carpeta de los “proyectos olvidados”.

(continuará)

Marbella y El Escorial

Marbella y El Escorial

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo: tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para Navidad en Casa Mira; pasear por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café, o merendar en la Botillería de al lado;  degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; afeitarse en un barbero que te llene la cara de blanca nieve, aunque sea verano, mientras lees el “ABC” de ahora, el “Imparcial” o la “Gaceta” de antes; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés, espaguetis en Le Bistroquet de la calle de Segovia al salir de las discotecas a altas horas de la madrugada; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas;  ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos.

Otro de los placeres no muy caros es sacar un billete en preferente del AVE (si es con tarjeta de más de sesenta te sale tirado) y llegar a Málaga. Son sólo 2 horas cuarenta minutos y te han dado de comer, has visto una película y has leído la prensa. Coges el autobús y en una hora estás disfrutando de los placeres de Marbella. Allí he pasado unos días y puedo asegurar, frente a los que la tachan de lujo caro, que están muy equivocados. Tengo facturas que demuestran que es mas caro tomar un vino, una paella, un tinto de verano, una ración de boquerones o una de calamares en cualquier bar de tapas o similar de la Villa o de San Lorenzo que en uno similar de Marbella. Los chiringuitos de lujo son más caros pero son los menos pues existe de todo.

Allí nada más llegar me encuentro con un magnífico recuerdo escurialense: la calle de Nuestra Señora de Gracia calle muy cercana al centro de Marbella. Allí en esta calle ha existido una bodega maravillosa en tapas y jamón con el bonito nombre de “La Sacristía”. El jamón, los quesos, morcillas, lomos y buenos caldos era el secreto del éxito de este típico rincón marbellí.

Por la tarde vamos a un Centro Comercial y allí junto a la escalera mecánica, un señor me para y me pregunta –¿ Pero es que no me conoces?. Le contesté que sí claro, sin tener ni idea de quien era ese señor, aunque su cara me sonaba. Sin parar de hablar, hacía un recorrido por el Escorial y sus gentes a las que como es natural, muchas conocía. Al final llegué a la conclusión de que era un camarero de toda la vida del Escorial y que tenía un bar con su cuñado en Marbella. Después de 15 minutos conseguí zafarme de tan pesado contertulio escurialense, y salí de allí sin saber quien era el buen hombre. Sigo dándole vueltas.

Pero los recuerdos no acaban ahí. La Iglesia de la Encarnación, Parroquia de Marbella donde se casó Lolita Flores, está presidida por la estatua de San Bernabé que desde su pedestal rige los destinos de Marbella. Y digo bien: San Bernabé es no sólo patrón de Marbella como lo es de La Muy Leal Villa de El Escorial, sino que además es Alcalde perpetuo desde el 2.007 de la ciudad malagueña. Está bien esto de hacer alcalde a un santo y más en Marbella. Se acabaron los corruptos, las recalificaciones y los planes generales. No habrá más Rocas ni Giles, ni rubias trinconas. Me gusta.

El Veraneo y La Colonia.- XVII

El veraneo y La Colonia.-XVII

Festividades religiosas

Cuando releía este capítulo, trasladaba lo escrito en el libro de Sabáu y Polilla a la realidad actual y comparaba unas situaciones que se vivieron muchos años, con las que hoy se viven. Realmente todo o casi todo ha cambiado. Desde la pompa de los actos religiosos sobre los que trata el capítulo hasta las propias realidades religiosas personales.

La vida religiosa en los veranos de San Lorenzo tenían, según los autores, cuatro momentos destacados: el primero la festividad de San Lorenzo; después la novena a la Virgen de la Consolación; venía después, el segundo domingo de septiembre, la novena y procesión de la Virgen de Gracia para acabar, el 29 de septiembre, con la festividad de San Miguel Arcángel en la Sacristía del Monasterio para adorar la Sagrada Forma.

Las campanas del Monasterio repican alegres en la festividad de San Lorenzo mientras las de la Parroquia y otras iglesias y conventos las acompañan como coro de bronce en honor al Santo Patrono. El pueblo arde en fiesta mientras las dulzainas y los cohetes acompañan a la feria, recién inaugurada, en la calle de Florida. Este día el pueblo y la colonia se unen en la función religiosa que a las diez de la mañana se celebraba en el Monasterio. En el interior las autoridades esperan la entrada del Prior que revestido con la hermosa “casulla de las calaveras” bordada en seda y oro en los talleres del Monasterio en el siglo XVI, llega al altar mayor rodeado de sacerdotes, mientras el órgano y los cantos de los frailes acompañan la ceremonia. Luego por la tarde desde la Iglesia Parroquial la imagen del Santo sale en procesión para recorrer las calles del pueblo entre el fervor de la multitud.

El primer domingo después de la festividad de San Agustín – 28 de agosto- es la de Nuestra Señora de la Consolación que tan arraigo tiene en San Lorenzo y que se celebra con una solemne novena en El Monasterio. Yo recuerdo haber asistido a la solemne procesión que se celebraba el último día y que recorría La Lonja para tras entrar en El Monasterio el Padre Prior impartía la bendición.

Los primeros días de septiembre, la parroquia acogía la celebración de la Novena de Nª Sª la Virgen de Gracia, patrona del pueblo y que el segundo domingo celebra todos los años en su honor su famosa y multitudinaria Romería. Después se celebraba la procesión en andas de plata, que yo no sabía y lo cuentan los autores, desaparecieron.

Destruida en la Guerra la imagen anterior, un grupo de señoras con Rosario Muro al frente encargaron, nada menos, al escultor Mariano Benlluire la preciosa imagen actual. Se pretendía llevarla en procesión desde la finca de los Ermitaños, donde se dice que apareció la imagen destruida, hasta la Parroquia. Desconozco si se realizó así.

Y la última manifestación a la que se refieren los autores, corresponde a la festividad de San Miguel Arcángel el 29 de septiembre. En esta fecha el cuadro de Claudio Coello que en la sacristía del Monasterio oculta la Sagrada Forma, se desliza como un telón y deja a la vista la Sagrada Forma con las tres gotas de sangre que derramó, una por cada clavo de la bota que un hereje holandés pisó. Por allí a rezar y admirar la reliquia que se guarda en un templete neogótico del siglo XIX diseñado por el pintor Vicente López y situado bajo dos ángeles y el Cristo que es una de las joyas escultóricas del Monasterio, hemos pasado todos los que de una u otra forma amamos las cosas del Escorial y en especial las religiosas.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.-XVI

Los domingos del verano y la invasión de Madrid

Dedicábamos el Capítulo anterior a los “trenes de los maridos” trenes que traían al Escorial a los maridos, padres o novios que venían a ver a sus mujeres, hijos o a su enamorada que los esperaban para pasar algunas horas “veraneando” en nuestros pueblos. Pero, como también ocurre hoy día, los domingos y festivos, otros trenes llegaban con legiones de domingueros con el ánimo de pasar unas horas aprovisionándose del aire serrano, limpio y puro y algunos para visitar el Monasterio.

Ya me ha pasado dos veces. Subiendo la cuesta de la Estación una mañana me para un grupo de andarines que acababan de llegar en tren y me preguntan:

-Por favor, ¿dónde está el Escorial?

-Señora-contesto- Vd. está en El Escorial. Me figuro que por lo que pregunta es por El Monasterio. Pues siga para arriba y enseguida lo verá.

Con una forzada sonrisa que denotaba su incultura se despidió con un:

-Gracias señor.

Tras visitar, los más curiosos y culturetas, el Monasterio y escuchar las manidas y repetidas lecciones del guía, deciden ir a la Herrería a comer los bocadillos de tortilla y de carne empanada que, con la bota de vino con la que rocían la garganta, invaden las muchas fuentes donde se agolpan las familias o los grupos de madrileños “dejando al despedirse, la tarjeta grasienta del papel que envolvió la tortilla”.

(Fuente del Seminario)

Quizá nada de esto ha cambiado aunque hoy son menos los que llegan en tren y más los de las cuatro ruedas y de aquí los grandes atascos en la carretera los domingos. Tampoco debemos olvidar a los que con sus dos ruedas, bicicletas de montaña que cuestan casi como un coche por su calidad y sofisticación, invaden los montes, nuestros poco cuidados montes en los que todo se prohíbe menos montar en bicicleta.

Hablaremos a lo largo de estos capítulos dedicados al Veraneo y La Colonia, muchas de las costumbres domingueras, hoy desaparecidas, que conformaban la festivas mañanas del verano escurialense de aquellos años cuarenta que venimos comentando.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.-XV

Los trenes de los maridos

Yo recuerdo a mi padre llegando a casa en El Plantel cuando ya habíamos comido, en la tarde del sábado o la víspera de alguna fiesta, algo cansado del calor y de la subida andando desde los Soportales, parada de los autobuses de Herranz provenientes de la Estación, para pasar las pocas horas del veraneo que su trabajo le permitía, hasta que llegara el mes de agosto. Antes habría cogido el tren de las dos de la tarde que fue llamado “el tren de los maridos” por la cantidad de éstos que venían de Madrid. Otros “trenes de los maridos” eran los que llegaban por las tardes de las vísperas de fiesta y los que por las mañanas de los lunes les trasladaban de vuelta a sus trabajos o estudios de Madrid. Pero no eran los maridos los únicos entre los viajeros sudorosos y cansados que llegaban al Escorial para pasar el fin de semana o simplemente a pasar algunas horas antes de volver a sus quehaceres madrileños. En estos trenes así llamados, también llegaban jóvenes a ver a sus novias y estudiantes no muy buenos que quedaban en Madrid para intentar sacar en septiembre, aquellas asignaturas que quedaron atascadas y pasar algunas “píldoras” del veraneo en estos lares bastantes más frescos y entretenidos que la capital.

A mí que me gusta viajar en tren, especialmente en los actuales, leer las condiciones de cómo se viajaba en aquellos “trenes de los maridos” realmente no son las condiciones más apetecibles. Los coches de tercera de la Cía. de Ferrocarriles del Norte, donde los maridos pasaban gran parte del veraneo, no se parecen en lo que hoy son los trenes de Cercanías. ¡Eso si era amor de marido, padre o de novio! para aguantar estos viajecitos semana tras semana. Coches atestados, generalmente viajando de pie en pasillos y plataformas, aguantando malos olores o zapatos de otro sobre tus zapatos. Después, una vez que llegas a la Estación, o corres, o te quedas sin plaza en el Autobús que te lleva a los Soportales y te tocará subir andando. Te espera la cuesta de la Estación, mientras el sol te calienta hasta el tuétano de los huesos algo machacados por el viaje, que en el mejor de los casos duraba dos horas, con paradas en todas las estaciones menos en Pitis.

Los autores del libro, Sabau y “Polilla”, nos descubren un secreto para realizar el viaje de ida o de vuelta con garantías de llegar sin demasiado cansancio. Son una serie de reglas para viajar más cómodo como sacar los billetes de ida y vuelta; tiempo a estar en la Estación con anterioridad a la salida del tren, para garantizar un asiento; sentarse lo más cerca de las puertas con vistas a tomar el autobús de subida al pueblo y así hasta diez reglas si se viene de la capital al Escorial y otras cinco si se dirigen el lunes a Madrid.

Hoy las cosas han cambiado bastante aunque todavía se producen estos movimientos semanales “migratorios” por parte de los maridos. Así era y así nos lo han contado.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.- XIV

 Las becerradas

¡Qué tiempos aquellos! en los que los autores del libro que venimos comentando se atrevieron a escribir, allá por los años 40, que “todo gurriato, nativo o veraneante, lleva en espíritu un torero ¡y de los buenos! Pocos pueblos habrá que sientan el “gusanillo” de la afición como en San Lorenzo del Escorial”. Hoy día no creo que se hubieran atrevido a escribirlo así pues les habría “caído la del pulpo”. Y la verdad es que es cierto. Hasta hace muy pocos años, los años en que después los antitaurinos han tomado la delantera, la afición a los toros era en El Escorial algo casi consustancial. Hasta tres plazas de toros han existido en San Lorenzo y una en La Villa quedando actualmente sólo en pie la del Barrio del Rosario que más bien parece un pequeño Coliseo en ruina técnica donde la lidia de los toros, para la que fue creado, brilla por su ausencia. De la más antigua (s.XVIII) todavía quedan restos al final de la calle Juan Avelló; la portátil que construyó en 1.947 el Alcalde Salvador Almela junto a la puerta de la Herrería y en la que llegaron a torear los tres hermanos Dominguín: Domingo, Pepe y Luis Miguel; y la tercera, que por iniciativa de Fermín Mayoral y con el apoyo del Alcalde Almela se presenta un proyecto para erigir la actual plaza del Barrio del Rosario, propiedad, creo todavía, de Julio Aparicio. Y no digamos las fincas ganaderas que poblaron de reses bravas a La Villa y a San Lorenzo con nombres por todos conocidos.

Centrándonos en las becerradas, no existía Fiesta que no contara con ella en sus programas. Becerradas como la de las Fiestas de Mozos primero y la de la Colonia ya metidos en el verano después, ponían a prueba a los mozos deseosos de vestir el traje de corto y lucirse delante de su dama. Las cuadrillas de los “matadores” se elegían por sorteo entre los mozos aunque muchos cedían su sitio a los que parecían con más ganas, más valor o más arte y mejor preparados.

En mis tiempos todos recordamos aquella becerrada en la que Pepe Pimentel hijo, vestido de corto como era tradicional, intentó emular a Ordoñez, Dominguín al Litri o Bienvenida y tras varias carreras con el becerro detrás, se dispuso a matar. Inició posición, mirada al lomo del “morlaquito” y después de un perfecto volapié ¡zas! clavó el estoque en el albero. Hoy la película, que fue grabada con una Super 8 de aquellas, hubiera sido viral en las redes sociales. Pero eso sí, tuvo la valentía de ponerse delante de un becerro cosa que muchos éramos incapaces de hacerlo.

Sustos, carreras, revolcones y alguno que otro pase torero que unidos a las risas del respetable, conformaban las becerradas. Entrada la temporada veraniega se celebraba la becerrada de la Colonia que organizaba la Prensa local y en la que participaban pueblo y colonia perfectamente hermanados. Normalmente iba precedida de un día entero de grandes festejos y los toreros se disfrazaban según el carácter de la Fiesta: chinos, romanos, indios, trajes de luces…

Estas, según cuentan los autores del libro, eran las becerradas fijas aunque siempre había alguna más, como las que se organizaban en la placita del Jaral de la Mira”” o las del “Congosto”, “La Cepeda” o “Las Cañadillas”.

Aunque parece que las becerradas tienen los días contados esperemos ver si en las próximas Fiesta de Mozos que se anuncian en la Villa la incluirán en su programa.

(continuará)

El Verano y La Colonia.-XIII

El Veraneo y La Colonia.-XIII

¡Detente un punto, veraneante que en estos días agosteños te hayas en el Escorial! ¡Suspende un momento tus idas y venidas por montes y caminos! Detente deja tu vida de rutina. Mira la noche ¿no te dice nada?….¡¡ Es noche de luna!! El veraneante abandona su baile, su rutina y a su amada y decide entregarse a ella, a esta noche de luna llena que le llama, iniciando los autores un recorrido irreal nocturno con el poco convencido veraneante.

Dan las doce y se encuentran en el destartalado y abandonado Paseo de los Terreros que antaño fue el preferido por la Colonia para luego pasar a los terrenos de la Lonja donde el reloj del Monasterio, con ronca voz de campana, da la una. Y cuando la luna inunda todo con una potente luz, “en la torre de Felipe II hay una luz en su última ventana. Es el espíritu del Rey Fundador, que ha venido, como todos los años en la luna de agosto, a inspeccionar su obra.

Continúan su ruta y tras atravesar las viejas arcadas de la Universidad se encuentran acodados en la tapia del Estanque de los Frailes y en este maravilloso escenario entre el cielo y la tierra, la luna llena, al frente, lo ilumina todo dejado que las estrellas se miren en el agua.

Al veraneante, que ha dejado el baile y quizás a la mujer que ama, le va ganando el ambiente y hasta quizás ve en las aguas la cara de su amada.

Siguen caminando y pasan por la Ermita de San Antón para tras subir por el Monte Bajo recalan en la Casita Rústica meta de la ruta iniciada para acompañar a la luna de agosto. El veraneante queda con sus pensamientos y le dicen ¡Es tuya la noche más bonita del año ante el paisaje más bonito del mundo!

Todos recordamos cuando, haciendo una excursión nocturna en las últimas horas de la noche, llegábamos a la Casita y allí, unas veces con la guitarra y otras acompañados con la sola voz, cantábamos o hablábamos con la luna mientras se iniciaban, quizás, los primeros escarceos amorosos.

El Veraneo y La Colonia.-XII

El Veraneo y La Colonia.- XII

Voy pasando páginas del libro que comentamos y se van agolpando los recuerdos de aquello que hubo y hoy, por razones todas justificables, ha desaparecido; aquello con lo que jugábamos y que hoy ya no está o que se ha transformado en otro tipo de juego. Recordar ferias o fiestas desaparecidas del calendario veraniego o personas que por razones de pertenecer a otra generación ya no están con nosotros.

El Capítulo “La Ferias de San Lorenzo” es un maravilloso resumen de lo que ocurría alrededor del 10 de Agosto de aquellos años cuarenta y me gustaría copiarlo, pero sería “vilmente” criticado por ser un escritor vago que utiliza lo de otros para llenar páginas. Intentaré resumirlo no tan bien como los autores del libro, sino más bien como escribe este viejo nobel escritor.

El sol, que suele brillar en San Lorenzo, generalmente con mucha fuerza, se va de Fiesta mientras que Floridablanca, la calle que antaño era la arteria principal del cuerpo veraniego, se llena de tenderetes multicolores y “entre mares de serrín las baratijas guiñan al sol sus ojos falsos”. Mientras bailan, al ritmo de la dulzaina y el tamboril, esos grandes y cabezones muñecos, los Gigantes y Cabezudos que hacen las delicias de los niños. El humo del aceite en el aire mientras el aceite fríe los churros en el chiringuito de la Plaza del Ayuntamiento. Colocados con mimo en un verde junco son paseados mientras van cayendo uno a uno. Se baila y se comen peladillas blancas y las de tez morena de azúcar tostada. Los toreros, generalmente de tronío, saldrán del hotel camino de la Plaza donde les esperan los toros, generalmente de poco tronío. Al aire las peinetas mientras el color lo ponen los mantones de manila en la placita de la Villa vecina. Esta liturgia colorista y divertida parece que al menos en este pueblo como en otros muchos de España ha desaparecido o la quieren hacer desaparecer los que defienden a algunos animales pero les da igual otras muchas cosas que producen mucho dolor y no me refiero a los animales. Luego la verbena o a La Lonja a las carreras de burros, cintas y sacos y a los cohetes en Terreros. La Lonja se viste de cine, se buscan las estrellas en la noche clara mientras las estrellas escuchan el sonido roto de la película.

“Estas son la Fiestas de San Lorenzo, cielo azul y noches estrelladas, alegría en el día y nostalgia en la noche; vosotras proclamáis que el día se hizo para reír y la noche para amar. ¡¡Quien no las haya vivido no podrá comprender las huella tan profunda que en el alma dejáis!!

Quisiera escribir lo mismo de las Fiestas actuales pero no lo voy a hacer.

 

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A la Plaza de Toros

(continuará)

 

 

¡¡Imbéciles!!

¡¡Imbéciles!!

No podía más. Debía de dar rienda suelta a mis sentimientos más profundos de cabreo. Había visto las fotografías, no cabía en mi asombro y me preguntaba: ¿Pero qué tiempos estamos viviendo que los jóvenes, algunos jóvenes de hoy, no respetan nada? ¿Dónde está el respeto a los mayores, a los padres, a los profesores, a las cosas, a los demás y hasta a la propia vida? ¿Se ha perdido el respeto entre los dedos de las jóvenes manos que lo destruyen todo? ¿Qué esperamos de estos desalmados que no respetan nada incluso la Navidad? Nos quejamos de lo que está pasando y las razones de ello sólo tienen un padre y una madre: la falta de respeto y la falta de educación. Una cosa lleva a la otra y la segunda a la primera. No existe consideración para tratar a una persona o a una cosa y no causarle ofensa, daño o perjuicio, ni existe consideración de que algo es digno y debe ser tolerado y respetado (RAE). Estas cosas no existen para las mentes infantiles y retrógradas que les llevan a la destrucción de aquello apreciado por los demás aunque no lo sea para ellos. ¡Monstruos trogloditas!

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15780899_1328705030484504_8261802065759430433_nVer las fotografías del Belén de San Lorenzo “decapitadas”, tiradas por los suelos o ahogadas en la fuente de los Jardincillos me ha causado una impresión difícil de asumir. ¡¡Imbéciles!! No sabéis el esfuerzo que ha supuesto que decenas de voluntarios, hombres y mujeres, comprometidos con la Navidad de su pueblo, realicen cada año y creo que ya son veinte, el montaje del Belén en las calles del pueblo, ejemplo para otros muchos y visitado por miles de turistas durante las Navidades. Quizás algunos de estos destructores de lo ajeno sean familia de algún voluntario que ha trabajado duro y sin remuneración para que llevar a cabo esta obra considerada como de interés para toda la comarca. ¿Qué pensarán de este monstruo que disfruta rompiendo lo que han construido?

Para todos estos desalmados sin formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas les tendrían que castigar y publicar sus fotos en el pueblo para que toda la gente de bien les conozca. Cantamañanas, maulas, mamacallos, soplagaitas, sacamuertos, badulaques tenéis mi mayor desprecio.

¿Qué ha pasado con las cámaras de vigilancia que otros años fueron instaladas con motivo del Belén? Me figuro los comentarios del Ayuntamiento. Presupuesto bajo,ahorro, derechos, intimidad…

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El Veraneo y La Colonia.- XI

El Veraneo y La Colonia.-XI

El libro que estamos comentando reserva un capítulo a la vida deportiva del pueblo, destacando, como no, al futbol que apasionaba y figuraba como deporte rey en todas las fiestas. No había, ni hoy existen unas fiestas sin dar cabida al deporte y en especial al futbol que en nuestro caso, tenía un especial escenario en el campo de Los Pinos. Allí todos los veranos se celebraba el “derby” entre los dos pueblos de Arriba y de Abajo con alguna superioridad por parte de San Lorenzo.

La natación y los campeonatos típicos del verano, se celebraban en Las Piscinas de la Herrería que los autores las describen en el libro como  “hermosa piscina rodeada de pérgola y provista de trampolines, dotada de servicios anexos de bar, casetas, “solariums”, duchas etc.”

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Foto: Campeonato en la Piscina del Prado Tornero. Antonio Marcos y Juan G.Cos

Al no existir las Piscinas, comidas por el Campo de Golf, en nuestros veraneos, más tardíos, celebrábamos los campeonatos y nuestros baños pandilleros en la magnífica piscina del Hotel Monasterio, en la no mejor que la del Prado Tornero y en la del Batán, piscina más pequeña pero de aguas frías y siempre corrientes provenientes del arroyo del mismo nombre.

El tenis era un deporte que se cuidaba mucho en El Escorial con Campeonatos de la Sierra en los primeros días de septiembre a los que asistían las mejores raquetas de Villalba, Cercedilla, La Granja, San Rafael, Ávila y de nuestros dos pueblos. Se celebraban en las pistas públicas del recinto de las Piscinas. El hockey del que el Colegio Alfonso XIII sería un referente años más tarde, la equitación, a cuyos concursos hípicos dedican un capítulo en el libro, el tiro al plato y el excursionismo eran deportes muy cuidados en nuestros pueblos.

Muchos son los capítulos que quedan por descubrir del libro, donde los recuerdos se agolpan y se mezclan con los que años más tarde serán las vivencias más nostálgicas de los veraneos que viviríamos después.