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Estoy en mi periodo de descanso de escribiente escurialense en este blog. Dentro de unos días volveré a darle a las teclas de mi ordenador y seguiré contando historias del Veraneo y la Colonia que nos dejaron Carlos Sabau y Polilla en su libro El Escorial. Voy a comentar tambien el concurso para dotar de un permiso a los músicos callejeros tal como hizo Ana Botella y se la criticó de forma airada y malintencionada y ahora lo hacen otros. ¿Se les criticará igual? o como son de izquierdas se pasará como el rayo de  luz por el cristal? Es decir sin hacer ruido. También quiero escribir, si no se me adelanta nadie, de lo que fue el Campamento de Santa María del Buen Aire en la Herrería; del Mercado de San Lorenzo; de la desaparición del Gigante, primer supermercado que hubo en El Escorial y de la idea de la actual Corporación de convertir los bares de Floridablanca, que tantos años han convivido con nosotros, en librerías al aire libre copiando a la Cuesta de Moyano de Madrid. Hay otros muchos temas en la gatera pero iré desgranándolos en próximas apariciones.

El cambio del Escudo Municipal

Cambio del Escudo Municipal

Estamos en un momento complicado donde todo cambia. Los últimos movimientos políticos han hecho que la palabra cambio esté en boca de todos y para todo. No estoy en contra del cambio porque todo en la vida, desde nuestra propia existencia, es un puro cambio. Pero no hay duda que deben ser cambios ordenados donde las modificaciones respondan a las leyes, normas o a la propia naturaleza. Los cambios deben hacerse para mejorar y no pueden hacerse por revanchismo, animosidad, rencor, hostilidad o resentimiento que en realidad son todos sinónimos de odio. Lo que ocurre actualmente es un delirio sin fin.

Como un solo ejemplo, hay muchos y quizás más graves, es noticia el cambio de nombres de las calles de Madrid que tienen alguna relación franquista y de la Guerra Civil y pasan a llamarse con nombres de los otros. ¿A que responden estos cambios y por qué sólo los que se refieren a un lado? ¿Eran necesarios?

Existen otros cambios que se producen por capricho o por otras razones desconocidas como es el caso del nuevo logotipo y la modificación del Escudo de Armas Municipal, aprobado nada menos que en 1.968 por decreto del Ministerio de la Gobernación, que fue solicitado por la Corporación que presidía el Alcalde Ricardo Fernández Ruiz Capillas y que fue elaborado por el ilustre periodista Luis M. Auberson de acuerdo con las normas heráldicas y las leyes vigentes. Desde aquel año ha guiado y representado al pueblo del Real Sitio allí donde era necesaria su presencia.

No estoy en contra de que se cree un logotipo que represente al pueblo de San Lorenzo, guste o no el que ganó el concurso convocado. Pero si estoy en contra cuando lleve acompañado que se modifique el escudo oficial como se justifica en el propio Manual de Identidad Corporativa. No se puede modificar nada y menos el Escudo de un Municipio de Madrid, sin cumplir los requisitos y normas legales de la Comunidad. La ley regional señala que ninguna entidad local puede utilizar símbolos que no hayan sido aprobados previamente por la Comunidad de Madrid.

 

                                   

El Escudo de Armas oficial                                 El escudo modificado

El nuevo logo y el escudo que lo acompaña fue elegido entre seis diseños tras un exitoso proceso de participación ciudadana.51 votos recibió el ganador de los 161 votantes de un censo de 19.000 habitantes. ¡Amplísimo consenso! Según el Manual el logotipo requiere una modificación del escudo Municipal porque “como tendrá que convivir con el escudo de la localidad, también hemos retocado mínimamente este último para que gráficamente se compenetren uno con el otro” La modificación mínima a la que se refiere comprende, nada más y nada menos que la modificación de la Corona y su separación, el formato de la parrilla, las líneas blancas de separación de los cuarteles y el Escudo de la Casa de Austria. Estamos viendo como poco a poco se va sustituyendo el Escudo de Armas oficial por el modificado que junto al logotipo va apareciendo en carteles, actos públicos, salon de actos etc. Lo hemos visto en la presentación en Fitur de los actos del III Centenario del nacimiento de Carlos III. Se quita el repostero del salón de actos de la Casa de la Cultura, confeccionado por las Amas de Casa y se sustituye por el nuevo logotipo. Ante las protestas en el Pleno se sustituye por el nuevo escudo no oficial sobre un cartón pluma de los que utilizan los publicistas. Las Medallas de Honores y Distinciones que se conceden este año llevan el nuevo escudo como puede verse en la foto adjunta. Los últimos carteles como el de El EscoLibro, llevan el logotipo nuevo y no el Escudo oficial del Ayuntamiento, patrocinador del evento.

Como se ve, poco a poco se va sustituyendo el Escudo por el logotipo o por el nuevo escudo que modifica el oficial ofreciendo así una nueva imagen corporativa. Con ello el escudo oficial va perdiendo protagonismo y quedando relegado a un segundo plano. Pronto desaparecerá el escudo que tanto costó y que tantos años presidió todos los actos, distinciones y patrocinios del Real Sitio.

       

Medalla con el Escudo Municipal                  Nueva medalla

¿Qué extrañas razones existen en contra del Escudo Municipal oficial del pueblo de San Lorenzo? Un escudo, guste más o menos, no es algo que se pueda improvisar modificándolo en función de la coyuntura o los caprichos de una Corporación. Debe ser algo reposado, consensuado, necesario y ordenado según las leyes vigentes. Respetemos lo que ya tenemos. No nos hagamos líos y confundamos lo antiguo con lo moderno.

Me gustaría que, como yo, defendamos el uso del Escudo original y hasta ahora el oficial en la Comunidad de Madrid, escudo que muy pronto cumplirá 50 años y que ha marcado toda una vida del pueblo de San Lorenzo.

El Veraneo y La Colonia.-XIX

El Veraneo y La colonia.- XIX

Lo que el veraneante debe conocer del Monasterio

El libro que venimos desgranando capítulo a capítulo y al que vamos añadiendo nuestras propias vivencias “El Escorial: Manual y Guía del Perfecto veraneante” escrito por Carlos Sabau y Álvaro Suarez Valdés puede parecer muy anticuado y a veces ñoño  pero es lo que había allá por 1.944 fecha en la que se escribió.

El capítulo que vamos a comentar hace referencia a que, normalmente, el veraneante regresa a Madrid, tras su temporada estival, sin haber conocido el Monasterio. Cuando dicen los autores “conocer el Monasterio” se refieren a que vuelven sin habérseles ocurrido visitarlo en los muchos días de ocio pasados en el pueblo. “Han tenido la miel en los labios y no la han saboreado”.

Dicen conocer el Monasterio pero sólo conocen la Basílica, por asistir a la Misa, el Patio de Reyes, el Jardín de los Frailes el estanque y la Galería de Convalecientes. No han visitado las dependencias ni la Casita del Príncipe; no han pasado a los Panteones Reales, las Salas Capitulares, las habitaciones Reales, el Coro, la Sacristía o la Biblioteca.

Hacen luego los autores, un pequeño recorrido, intentando salvar algunas omisiones que no contemplan las guías turísticas, descubriendo al veraneante algunas bellezas que ignoran, lugares que no se enseñan y aspectos interesantes que pasan inadvertidos.

Son lugares que no se enseñan y para visitar algunos hacen falta permisos especiales del Patrimonio Nacional aunque para otros “y no se olvide que estamos en un Monasterio de frailes, son frecuentemente lugares de clausura, donde está vedada la entrada a mujeres. Por lo demás sólo puede llegarse a visitar estas dependencias valiéndose de medios particulares que ni podemos ni queremos señalar aquí”. Terminan dejando que cada uno desenrede la madeja que han creado con el párrafo anterior, encontrando el cabo, que es fácil pensando en quienes son los habitantes de la casa….y “¡basta Ya!” que a buen entendedor…...

Este enigmático párrafo me dejó algo inquieto y confuso pues no llego a captar a qué procedimientos se refieren o si se refieren al mismo que utilicé yo.

Describen después algunos de esos lugares: la subida al Cimborrio; las habitaciones llamadas de las maderas finas; la tumba de la Reina Mercedes y la Galería Nueva donde se han agrupado muchos de los cuadros que han estado diseminados por todo el Monasterio y que aquí se podrán visitar en toda su belleza, lugares que comentaremos más adelante. Para mí existen otros muchos y quizás más interesantes y curiosos pero me figuro que el pequeño  libro no daba para más.

 

El Veraneo y la Colonia.- XVIII

El Veraneo y La Colonia.- XVIII

Concurso Hípico

Leer este capítulo del libro comentado, es conocer algo desconocido por muchos vecinos y veraneantes de nuestros pueblos. En verano, en el mes de septiembre concretamente, se celebraba el Concurso Hípico en el campo de la carretera de Robledo, en los terrenos que ocuparon Las Piscinas, hoy parte del Campo de la Herrería. Los mejores jinetes españoles participaban en estos concursos hípicos que además de las importantes pruebas y premios aportaban grandes beneficios al pueblo

He conocido que con la República desapareció el campo y quedaron suprimidos. En 1.940 un grupo de aficionados y amantes de este deporte reorganizaron la Sociedad Hípica de San Lorenzo y revitalizaron estos Concursos Hípicos con la celebración de un nuevo concurso donde se corrieron pruebas importantes como la Copa del Generalísimo; la del Embajador de Alemania, la del Ayuntamiento y la de la Caballería Española cuyo primer premio era un caballo, pura sangre inglés-“Escorial I”- valorado en 10.000 pesetas y que ganó el comandante Nogueras. Siempre los jinetes del Ejército han sido de los mejores en España y reconocidos en las principales Concursos europeos y como participantes en los Juegos Olímpicos. Es curioso que una prueba importante de este concurso fuera la Copa de Excmo. Sr. Embajador de Alemania que ya desde aquellos años 40 tenían una gran relación con El Escorial. Prueba de ello es que otro embajador, Guido Brunner, hijo de alemán y española,  nacido y fallecido en Madrid en 1.997, está enterrado, si no me equivoco, en el Cementerio Parroquial de San Lorenzo y consiguió que Edmund Khol se instalara en el Hotel Botánico durante la Conferencia de Paz de Madrid.

Los concursos hípicos cobraron gran importancia y a su desarrollo colaboraron autoridades, particulares veraneantes y comercio local que ayudaron a que estos concursos volvieran, a partir de los años 40, a ser lo que fueron antes de la República.

La presencia del Embajador Alemán y de muchos generales del Ejército español, daban realce a estos Concursos en los que existió una caseta de apuestas que atraía a muchos aficionados.

Los autores del libro cuentan que en aquellos años, dada la afición existente en el pueblo y entre los veraneantes, hubo algunos proyectos para dotar a El Escorial de un hipódromo que canalizara y fomentara esta afición hípica de San Lorenzo. Como todos hemos comprobado, fue uno de los muchos proyectos que han quedado en la carpeta de los “proyectos olvidados”.

(continuará)

Marbella y El Escorial

Marbella y El Escorial

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo: tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para Navidad en Casa Mira; pasear por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café, o merendar en la Botillería de al lado;  degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; afeitarse en un barbero que te llene la cara de blanca nieve, aunque sea verano, mientras lees el “ABC” de ahora, el “Imparcial” o la “Gaceta” de antes; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés, espaguetis en Le Bistroquet de la calle de Segovia al salir de las discotecas a altas horas de la madrugada; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas;  ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos.

Otro de los placeres no muy caros es sacar un billete en preferente del AVE (si es con tarjeta de más de sesenta te sale tirado) y llegar a Málaga. Son sólo 2 horas cuarenta minutos y te han dado de comer, has visto una película y has leído la prensa. Coges el autobús y en una hora estás disfrutando de los placeres de Marbella. Allí he pasado unos días y puedo asegurar, frente a los que la tachan de lujo caro, que están muy equivocados. Tengo facturas que demuestran que es mas caro tomar un vino, una paella, un tinto de verano, una ración de boquerones o una de calamares en cualquier bar de tapas o similar de la Villa o de San Lorenzo que en uno similar de Marbella. Los chiringuitos de lujo son más caros pero son los menos pues existe de todo.

Allí nada más llegar me encuentro con un magnífico recuerdo escurialense: la calle de Nuestra Señora de Gracia calle muy cercana al centro de Marbella. Allí en esta calle ha existido una bodega maravillosa en tapas y jamón con el bonito nombre de “La Sacristía”. El jamón, los quesos, morcillas, lomos y buenos caldos era el secreto del éxito de este típico rincón marbellí.

Por la tarde vamos a un Centro Comercial y allí junto a la escalera mecánica, un señor me para y me pregunta –¿ Pero es que no me conoces?. Le contesté que sí claro, sin tener ni idea de quien era ese señor, aunque su cara me sonaba. Sin parar de hablar, hacía un recorrido por el Escorial y sus gentes a las que como es natural, muchas conocía. Al final llegué a la conclusión de que era un camarero de toda la vida del Escorial y que tenía un bar con su cuñado en Marbella. Después de 15 minutos conseguí zafarme de tan pesado contertulio escurialense, y salí de allí sin saber quien era el buen hombre. Sigo dándole vueltas.

Pero los recuerdos no acaban ahí. La Iglesia de la Encarnación, Parroquia de Marbella donde se casó Lolita Flores, está presidida por la estatua de San Bernabé que desde su pedestal rige los destinos de Marbella. Y digo bien: San Bernabé es no sólo patrón de Marbella como lo es de La Muy Leal Villa de El Escorial, sino que además es Alcalde perpetuo desde el 2.007 de la ciudad malagueña. Está bien esto de hacer alcalde a un santo y más en Marbella. Se acabaron los corruptos, las recalificaciones y los planes generales. No habrá más Rocas ni Giles, ni rubias trinconas. Me gusta.

El Veraneo y La Colonia.- XVII

El veraneo y La Colonia.-XVII

Festividades religiosas

Cuando releía este capítulo, trasladaba lo escrito en el libro de Sabáu y Polilla a la realidad actual y comparaba unas situaciones que se vivieron muchos años, con las que hoy se viven. Realmente todo o casi todo ha cambiado. Desde la pompa de los actos religiosos sobre los que trata el capítulo hasta las propias realidades religiosas personales.

La vida religiosa en los veranos de San Lorenzo tenían, según los autores, cuatro momentos destacados: el primero la festividad de San Lorenzo; después la novena a la Virgen de la Consolación; venía después, el segundo domingo de septiembre, la novena y procesión de la Virgen de Gracia para acabar, el 29 de septiembre, con la festividad de San Miguel Arcángel en la Sacristía del Monasterio para adorar la Sagrada Forma.

Las campanas del Monasterio repican alegres en la festividad de San Lorenzo mientras las de la Parroquia y otras iglesias y conventos las acompañan como coro de bronce en honor al Santo Patrono. El pueblo arde en fiesta mientras las dulzainas y los cohetes acompañan a la feria, recién inaugurada, en la calle de Florida. Este día el pueblo y la colonia se unen en la función religiosa que a las diez de la mañana se celebraba en el Monasterio. En el interior las autoridades esperan la entrada del Prior que revestido con la hermosa “casulla de las calaveras” bordada en seda y oro en los talleres del Monasterio en el siglo XVI, llega al altar mayor rodeado de sacerdotes, mientras el órgano y los cantos de los frailes acompañan la ceremonia. Luego por la tarde desde la Iglesia Parroquial la imagen del Santo sale en procesión para recorrer las calles del pueblo entre el fervor de la multitud.

El primer domingo después de la festividad de San Agustín – 28 de agosto- es la de Nuestra Señora de la Consolación que tan arraigo tiene en San Lorenzo y que se celebra con una solemne novena en El Monasterio. Yo recuerdo haber asistido a la solemne procesión que se celebraba el último día y que recorría La Lonja para tras entrar en El Monasterio el Padre Prior impartía la bendición.

Los primeros días de septiembre, la parroquia acogía la celebración de la Novena de Nª Sª la Virgen de Gracia, patrona del pueblo y que el segundo domingo celebra todos los años en su honor su famosa y multitudinaria Romería. Después se celebraba la procesión en andas de plata, que yo no sabía y lo cuentan los autores, desaparecieron.

Destruida en la Guerra la imagen anterior, un grupo de señoras con Rosario Muro al frente encargaron, nada menos, al escultor Mariano Benlluire la preciosa imagen actual. Se pretendía llevarla en procesión desde la finca de los Ermitaños, donde se dice que apareció la imagen destruida, hasta la Parroquia. Desconozco si se realizó así.

Y la última manifestación a la que se refieren los autores, corresponde a la festividad de San Miguel Arcángel el 29 de septiembre. En esta fecha el cuadro de Claudio Coello que en la sacristía del Monasterio oculta la Sagrada Forma, se desliza como un telón y deja a la vista la Sagrada Forma con las tres gotas de sangre que derramó, una por cada clavo de la bota que un hereje holandés pisó. Por allí a rezar y admirar la reliquia que se guarda en un templete neogótico del siglo XIX diseñado por el pintor Vicente López y situado bajo dos ángeles y el Cristo que es una de las joyas escultóricas del Monasterio, hemos pasado todos los que de una u otra forma amamos las cosas del Escorial y en especial las religiosas.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.-XVI

Los domingos del verano y la invasión de Madrid

Dedicábamos el Capítulo anterior a los “trenes de los maridos” trenes que traían al Escorial a los maridos, padres o novios que venían a ver a sus mujeres, hijos o a su enamorada que los esperaban para pasar algunas horas “veraneando” en nuestros pueblos. Pero, como también ocurre hoy día, los domingos y festivos, otros trenes llegaban con legiones de domingueros con el ánimo de pasar unas horas aprovisionándose del aire serrano, limpio y puro y algunos para visitar el Monasterio.

Ya me ha pasado dos veces. Subiendo la cuesta de la Estación una mañana me para un grupo de andarines que acababan de llegar en tren y me preguntan:

-Por favor, ¿dónde está el Escorial?

-Señora-contesto- Vd. está en El Escorial. Me figuro que por lo que pregunta es por El Monasterio. Pues siga para arriba y enseguida lo verá.

Con una forzada sonrisa que denotaba su incultura se despidió con un:

-Gracias señor.

Tras visitar, los más curiosos y culturetas, el Monasterio y escuchar las manidas y repetidas lecciones del guía, deciden ir a la Herrería a comer los bocadillos de tortilla y de carne empanada que, con la bota de vino con la que rocían la garganta, invaden las muchas fuentes donde se agolpan las familias o los grupos de madrileños “dejando al despedirse, la tarjeta grasienta del papel que envolvió la tortilla”.

(Fuente del Seminario)

Quizá nada de esto ha cambiado aunque hoy son menos los que llegan en tren y más los de las cuatro ruedas y de aquí los grandes atascos en la carretera los domingos. Tampoco debemos olvidar a los que con sus dos ruedas, bicicletas de montaña que cuestan casi como un coche por su calidad y sofisticación, invaden los montes, nuestros poco cuidados montes en los que todo se prohíbe menos montar en bicicleta.

Hablaremos a lo largo de estos capítulos dedicados al Veraneo y La Colonia, muchas de las costumbres domingueras, hoy desaparecidas, que conformaban la festivas mañanas del verano escurialense de aquellos años cuarenta que venimos comentando.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.-XV

Los trenes de los maridos

Yo recuerdo a mi padre llegando a casa en El Plantel cuando ya habíamos comido, en la tarde del sábado o la víspera de alguna fiesta, algo cansado del calor y de la subida andando desde los Soportales, parada de los autobuses de Herranz provenientes de la Estación, para pasar las pocas horas del veraneo que su trabajo le permitía, hasta que llegara el mes de agosto. Antes habría cogido el tren de las dos de la tarde que fue llamado “el tren de los maridos” por la cantidad de éstos que venían de Madrid. Otros “trenes de los maridos” eran los que llegaban por las tardes de las vísperas de fiesta y los que por las mañanas de los lunes les trasladaban de vuelta a sus trabajos o estudios de Madrid. Pero no eran los maridos los únicos entre los viajeros sudorosos y cansados que llegaban al Escorial para pasar el fin de semana o simplemente a pasar algunas horas antes de volver a sus quehaceres madrileños. En estos trenes así llamados, también llegaban jóvenes a ver a sus novias y estudiantes no muy buenos que quedaban en Madrid para intentar sacar en septiembre, aquellas asignaturas que quedaron atascadas y pasar algunas “píldoras” del veraneo en estos lares bastantes más frescos y entretenidos que la capital.

A mí que me gusta viajar en tren, especialmente en los actuales, leer las condiciones de cómo se viajaba en aquellos “trenes de los maridos” realmente no son las condiciones más apetecibles. Los coches de tercera de la Cía. de Ferrocarriles del Norte, donde los maridos pasaban gran parte del veraneo, no se parecen en lo que hoy son los trenes de Cercanías. ¡Eso si era amor de marido, padre o de novio! para aguantar estos viajecitos semana tras semana. Coches atestados, generalmente viajando de pie en pasillos y plataformas, aguantando malos olores o zapatos de otro sobre tus zapatos. Después, una vez que llegas a la Estación, o corres, o te quedas sin plaza en el Autobús que te lleva a los Soportales y te tocará subir andando. Te espera la cuesta de la Estación, mientras el sol te calienta hasta el tuétano de los huesos algo machacados por el viaje, que en el mejor de los casos duraba dos horas, con paradas en todas las estaciones menos en Pitis.

Los autores del libro, Sabau y “Polilla”, nos descubren un secreto para realizar el viaje de ida o de vuelta con garantías de llegar sin demasiado cansancio. Son una serie de reglas para viajar más cómodo como sacar los billetes de ida y vuelta; tiempo a estar en la Estación con anterioridad a la salida del tren, para garantizar un asiento; sentarse lo más cerca de las puertas con vistas a tomar el autobús de subida al pueblo y así hasta diez reglas si se viene de la capital al Escorial y otras cinco si se dirigen el lunes a Madrid.

Hoy las cosas han cambiado bastante aunque todavía se producen estos movimientos semanales “migratorios” por parte de los maridos. Así era y así nos lo han contado.

(continuará)

El Veraneo y La Colonia.- XIV

 Las becerradas

¡Qué tiempos aquellos! en los que los autores del libro que venimos comentando se atrevieron a escribir, allá por los años 40, que “todo gurriato, nativo o veraneante, lleva en espíritu un torero ¡y de los buenos! Pocos pueblos habrá que sientan el “gusanillo” de la afición como en San Lorenzo del Escorial”. Hoy día no creo que se hubieran atrevido a escribirlo así pues les habría “caído la del pulpo”. Y la verdad es que es cierto. Hasta hace muy pocos años, los años en que después los antitaurinos han tomado la delantera, la afición a los toros era en El Escorial algo casi consustancial. Hasta tres plazas de toros han existido en San Lorenzo y una en La Villa quedando actualmente sólo en pie la del Barrio del Rosario que más bien parece un pequeño Coliseo en ruina técnica donde la lidia de los toros, para la que fue creado, brilla por su ausencia. De la más antigua (s.XVIII) todavía quedan restos al final de la calle Juan Avelló; la portátil que construyó en 1.947 el Alcalde Salvador Almela junto a la puerta de la Herrería y en la que llegaron a torear los tres hermanos Dominguín: Domingo, Pepe y Luis Miguel; y la tercera, que por iniciativa de Fermín Mayoral y con el apoyo del Alcalde Almela se presenta un proyecto para erigir la actual plaza del Barrio del Rosario, propiedad, creo todavía, de Julio Aparicio. Y no digamos las fincas ganaderas que poblaron de reses bravas a La Villa y a San Lorenzo con nombres por todos conocidos.

Centrándonos en las becerradas, no existía Fiesta que no contara con ella en sus programas. Becerradas como la de las Fiestas de Mozos primero y la de la Colonia ya metidos en el verano después, ponían a prueba a los mozos deseosos de vestir el traje de corto y lucirse delante de su dama. Las cuadrillas de los “matadores” se elegían por sorteo entre los mozos aunque muchos cedían su sitio a los que parecían con más ganas, más valor o más arte y mejor preparados.

En mis tiempos todos recordamos aquella becerrada en la que Pepe Pimentel hijo, vestido de corto como era tradicional, intentó emular a Ordoñez, Dominguín al Litri o Bienvenida y tras varias carreras con el becerro detrás, se dispuso a matar. Inició posición, mirada al lomo del “morlaquito” y después de un perfecto volapié ¡zas! clavó el estoque en el albero. Hoy la película, que fue grabada con una Super 8 de aquellas, hubiera sido viral en las redes sociales. Pero eso sí, tuvo la valentía de ponerse delante de un becerro cosa que muchos éramos incapaces de hacerlo.

Sustos, carreras, revolcones y alguno que otro pase torero que unidos a las risas del respetable, conformaban las becerradas. Entrada la temporada veraniega se celebraba la becerrada de la Colonia que organizaba la Prensa local y en la que participaban pueblo y colonia perfectamente hermanados. Normalmente iba precedida de un día entero de grandes festejos y los toreros se disfrazaban según el carácter de la Fiesta: chinos, romanos, indios, trajes de luces…

Estas, según cuentan los autores del libro, eran las becerradas fijas aunque siempre había alguna más, como las que se organizaban en la placita del Jaral de la Mira”” o las del “Congosto”, “La Cepeda” o “Las Cañadillas”.

Aunque parece que las becerradas tienen los días contados esperemos ver si en las próximas Fiesta de Mozos que se anuncian en la Villa la incluirán en su programa.

(continuará)

El Verano y La Colonia.-XIII

El Veraneo y La Colonia.-XIII

¡Detente un punto, veraneante que en estos días agosteños te hayas en el Escorial! ¡Suspende un momento tus idas y venidas por montes y caminos! Detente deja tu vida de rutina. Mira la noche ¿no te dice nada?….¡¡ Es noche de luna!! El veraneante abandona su baile, su rutina y a su amada y decide entregarse a ella, a esta noche de luna llena que le llama, iniciando los autores un recorrido irreal nocturno con el poco convencido veraneante.

Dan las doce y se encuentran en el destartalado y abandonado Paseo de los Terreros que antaño fue el preferido por la Colonia para luego pasar a los terrenos de la Lonja donde el reloj del Monasterio, con ronca voz de campana, da la una. Y cuando la luna inunda todo con una potente luz, “en la torre de Felipe II hay una luz en su última ventana. Es el espíritu del Rey Fundador, que ha venido, como todos los años en la luna de agosto, a inspeccionar su obra.

Continúan su ruta y tras atravesar las viejas arcadas de la Universidad se encuentran acodados en la tapia del Estanque de los Frailes y en este maravilloso escenario entre el cielo y la tierra, la luna llena, al frente, lo ilumina todo dejado que las estrellas se miren en el agua.

Al veraneante, que ha dejado el baile y quizás a la mujer que ama, le va ganando el ambiente y hasta quizás ve en las aguas la cara de su amada.

Siguen caminando y pasan por la Ermita de San Antón para tras subir por el Monte Bajo recalan en la Casita Rústica meta de la ruta iniciada para acompañar a la luna de agosto. El veraneante queda con sus pensamientos y le dicen ¡Es tuya la noche más bonita del año ante el paisaje más bonito del mundo!

Todos recordamos cuando, haciendo una excursión nocturna en las últimas horas de la noche, llegábamos a la Casita y allí, unas veces con la guitarra y otras acompañados con la sola voz, cantábamos o hablábamos con la luna mientras se iniciaban, quizás, los primeros escarceos amorosos.