Chiqui

Cuando este artículo aparezca en la Gaceta, quizás antes en el blog, la Navidad, que el Presidente en funciones llama Fiestas, habrá pasado y 2.020 habrá comenzado a andar. Estaba disfrutando con la nostalgia y los recuerdos iban apareciendo a medida que mi memoria los iba llamando. Quería escribir sobre ellos pero preferí dar una vuelta por los acontecimientos recientes y quedarme con los recuerdos para mí sólo.

Se me ocurrió escribir cosas bonitas sobre la relación de un cisne joven del estanque del Jardín de los Frailes con su cuidador, jardinero del Monasterio. Una relación muy especial cuya historia ha trascendido en los medios de comunicación y en las redes sociales. La noticia que he conocido de la aparición de un nuevo Museo en San Lorenzo recién inaugurado y ubicado en lo que fue Residencia de Cómicos en el Real Coliseo con entrada desde la Plaza de Jacinto Benavente, llamó mi atención pero decido no escribir de él hasta que pueda verlo y hablar con propiedad de lo que va a suponer en San Lorenzo.

Como todos los años debería haber escrito sobre el Belén Monumental que recorre las calles del pueblo y dedicar un recuerdo a todos los voluntarios, hombres y mujeres, que regalan muchas horas de su tiempo de descanso a que los vecinos y los turistas que vienen a visitarlo disfruten con los cientos de figuras y animales que se han ido construyendo a lo largo de los muchos años de su existencia.

Otros temas iban apareciendo ante mi pero todo se volvió de otro color cuando una noticia hizo cambiar los textos que ya tenía medio escritos y que me llenó de tristeza. Chiqui nos ha dejado en unas Navidades que para sus hijos y nietos no serán como otras que han vivido. Serán unas Navidades tristes en las que ninguno de los dos, su padre y su madre, podrán tomar el pavo o el cordero con sus hijos y nietos en este nuestro pueblo, pero que seguro que desde allí arriba, sentados en un trocito de cielo podrán hacerlo y disfrutar con todos los suyos.

Conocí a Chiqui hablándome con cariño de lo mucho que mi padre, hace muchos años, ayudó a su equipo, creo, de baloncesto, así como lo mucho que siempre hizo por los deportes en estos dos pueblos.

Chiqui y yo éramos de equipos diferentes. Él madridista cuyo color blanco inculcaba a su nieto y yo atlético que hago lo mismo al mío con los colores rojiblancos. Esto hacía que siempre que le veía habláramos y nos reíamos de nuestras diferencias futboleras. Esta “rivalidad” nos llevaba a hablar de todo y disfrutaba cada vez que le veía en la tienda rodeado de sus tres hijas y siempre con la batuta de director de orquesta en la mano. Leía sus cosas en Facebook con las que siempre yo estaba de acuerdo y nos veíamos y comentábamos  cuando él iba a comer al Centro de Mayores y yo realizaba mi paseo “obligatorio” por la calle de la Piña. Allí dejé de verle con la última operación y ahora me entero de su viaje a buscar a su mujer que nos dejó hace poco tiempo. Nos estéis tristes porque ellos no dejarán de estar aquí con vosotros, hijos y nietos, día tras día. Os lo aseguro

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