Hospital

Hospital

Mi hija estaba en París. Trabajaba en el despacho del Director General de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, un personaje para mí controvertido e indefinido políticamente pero un hombre de educación exquisita y de una cultura que sale por los poros de la piel de este catalán, farmacéutico, profesor, poeta y político. Fuimos mi mujer y yo a verla a la Unesco y el inmenso hall parecía un congreso mundial de cualquier especialidad médica con personalidades de todo el mundo. El ascensor que nos llevada al piso del despacho del Director General, era lo más parecido a una pequeña O.N.U. Dos mujeres hindúes con sari de preciosos y expresivos colores; un chino pequeño como casi todos; dos negros, muy negros, quizás alguien más y nosotros dos.

Leo, aunque yo he sido testigo, que en un pueblo vecino y a pocos kilómetros del Escorial, con 1.700 habitantes, conviven 30 nacionalidades en perfecta armonía cultural. “El pueblo de las 1.000 culturas y las 30 nacionalidades” titulaba El Mundo un artículo sobre este crisol de culturas que es Fresnedillas de la Oliva. El  municipio de la Comunidad de Madrid que hace 15 años llegó a tener un 40% de extranjeros en un pueblo que entonces tendría 1.600 habitantes  y que hoy llega al 25% por la salida de muchos inmigrantes durante los años de la crisis. Allí conviven españoles, marroquíes, rumanos, filipinos, armenios, hindúes, venezolanos…y  todos bajo el paraguas del Estado español.

Tenía revisión en el Hospital del Escorial y como siempre llegué con tiempo suficiente para practicar mi deporte favorito: el análisis de las situaciones normales de la vida. El pasillo que lleva a la cafetería se convierte en la sala de espera para que te den cita. Sentados muchos y algunos de paseantes para hacer algo de ejercicio mientras esperan su turno. Mezclados en la fila de esperantes, personas de muy variadas nacionalidades esperan mudos, sin hablarse, a que la pantalla cuelgue su número. Tomo café y paseo por los alrededores. Un marroquí con una niña de la mano y con una sillita con un bebé recién nacido en la otra. La mujer medio tapada, algunos metros por detrás, sola y con andares de recién parida. La niña mira al bebé y ríe. Esperando el autobús cuento cinco personas: dos sudamericanas, una mujer morena y una pareja magrebí.

El ascensor que me lleva a la planta se llena de gente y un argentino comenta algo de Fernando Alonso con alguien mayor que parece su padre.  La sala de espera, bastante cargada de gente, me lleva a recordar el episodio de la Unesco y al pueblo de Fresnedillas. Termino mi revisión y bajo en el ascensor sólo. Me espera un paseo hasta casa y mi análisis de la situación empieza a funcionar. Preguntas muchas. Respuestas pocas.

 

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