Boni Cuena nos ha dejado

 

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Conocí a Bonifacio Cuena, nombre que parece salido de una novela de García Márquez, en el Bar Barataria y fui presentado por Juan Manuel Santos, con el que venía a tomarse su ración de vino nocturna. Hablaban de rojos y fachas y yo puse el oído hasta que Juan Manuel, dándose cuenta, me lo presentó de la siguiente manera:

– Bonifacio Cuena, socialista y del Real Madrid

– Jesús Sainz de los Terreros, de derechas y del Atlético de Madrid.

Rápidamente le debió sonar el apellido y me preguntó si conocía a una mujer (obviaré su nombre), pues un día me había visto saludándola. Yo, ni idea. Me dijo que era la mujer de un amigo mío y que se había muerto. Yo, ni idea. También me dijo que a mí me reconocía como uno de los que desde el Hotel Miranda, al paso de una manifestación el día Primero de Mayo, Fiesta del Trabajo, y junto a Chito Ramírez, salimos a reventar la manifestación, hace ya casi 30 años. Ahí acertaba y comentamos varios temas con relación a esa manifestación, como el episodio que me ocurrió con Manuel Viola y que recordamos. Comentábamos los tres, este episodio, y Boni me daba la razón, no se si por la cortesía del que debe aceptar lo que le dice una recién estrenada presentación o si realmente así lo sentía. Por aquellos días, Bonifacio me confesó que ya no cumplía los ochenta, pero que seguía como un niño en los temas amorosos. Yo obnubilaba y aplaudía por un lado sus ganas de vivir- había muerto su mujer ciega y con cáncer y a la que cuidó durante sus ocho peores años de su vida- y por otro lo que me parecía no ser cierto pero que lo contaba con una gracia tremenda. Me equivoqué. Era verdad.Estamos en febrero de 2.001 en un día precioso de los que hacen querer más a este pueblo maravilloso que es San Lorenzo de El Escorial. Los árboles quieren rebrotar como anunciando la primavera y las tertulias, que se mueven siguiendo a los rayos del sol, se multiplican en la Plaza de San Lorenzo por encima de la de Jacinto Benavente y bajo la mirada bronceada del Marqués de Borja. Hablamos de aniversarios y salió a relucir el Tejerazo que hoy cumple veinte años de no vida. A Boni le cogió el 23-F en el Ayuntamiento siendo Teniente de Alcalde con Maganto. Le avisa un buen amigo falangista, que su cuñado va a ir a por él. Asustado le dice a su hijo que lo mejor sería que se fueran con una tía que vivía en Segovia. Pero como el árbol a sus raíces, Bonifacio fue fiel y se quedó en su pueblo. Algunos años después, la vida tiene estos requiebros, su hija se casaría con el hoy día, Capitán de la Guardia Civil, Cuerpo al que Bonifacio respeta y alaba.

Desde aquel día en Barataria, yo buscaba las historias vividas por Bonifacio y le tiraba de la lengua para que fuera desgranando su vida, su preciada vida, en pequeñas dosis de cultura intrascendente para algunos, pero que para mí eran dosis de una cultura enjaretada a través de una vida intensa, curtida por avatares políticos y familiares; una vida trabajada con cincel y maceta de cantero, como cuando realizaba sus obras en piedra berroqueña o mármol de las canteras portuguesas.

Durante varios días fue desgranando su vida amorosa de los últimos dos años y de su amor por esa mujer, hasta que me di cuenta de quien hablaba. Le saqué del error de que el amigo de su marido, era mi hermano y no yo.

Boni es socialista y ama a su partido con pasión, con la pasión del amor de juventud como el amor que profesó a su mujer, a su trabajo de marmolista y cantero, a su pueblo y por qué no, a las mujeres que le ayudan a pasar los años que Dios quiera darle.

Aquellos días del mes de julio de 2.000, fueron importantes en mi vida, no sólo por conocer a Boni, sino por la situación en la que me encontraba y fue él el que me hizo poder sobrellevarla gracias a sus historias del pueblo y de la guerra Civil y los problemas amorosos que le tenían sumido en un sinvivir.

Allí empezó una gran amistad, la amistad de los que no tienen rencor por la guerra pasada- yo no la viví pero seguro que ambos tendríamos motivos para el rencor- y la amistad de dos personas sanas de juicio, coherentes con sus ideas pero dialogantes, respetuosos con la historia y sin prejuicios trasnochados.

Su buen corazón, su amor por los demás, le llevó a tallar y regalar el Crucero que existe en el camino de la Ermita y se la regaló, sí ¿por qué no? a la Virgen de Gracia, su Virgen querida y cuya fotografía, junto a la de sus hijos y nietos, lleva en la cartera. La piedra de granito era de una cantera que tenía arrendada en la propia Herrería, entre los dos pueblos.

Gran amigo de sus amigos. Era muy amigo de Álvaro Suárez Valdés (Polilla) con el que según cuenta, y acompañados de Mariano el Castañero, decidieron ir en un taxi a Zarzalejo. Tenían algunas copas de más y Polilla lanzaba a los cuatro vientos su grito de guerra en momentos etílicos: ¡¡VIVA El REY!!. Boni comenzó, harto de tanto Rey, a gritar VIVA LA REPUBLICA y así los tres fueron al cuartelillo a pasar la noche. El taxista, llamado Conceso, no sabía qué hacer, si esperar o volverse a San Lorenzo. Soltaron a los otros dos pero a Boni lo mantuvieron más tiempos pues decían que era más peligroso que los otros.

Según me contaba fue testigo de la noche, en la que antes de casarse en el Monasterio a las siete de mañana, Lola Flores bailaba en Pimentel encima de una mesa del bar, como él decía, enseñando las bragas.

Nariz vasca, grandes orejas. Gorra inglesa. Mili en Ferrol. Vendía chuscos de pan. Le trasladan al almacén y vende camisas. Le deportan a Tetuán y vende la gasolina. Le dicen que si quiere ser asistente y no quiere.

Me decía : “He tenido grandes amigos de derechas. Barreiros, Ponce de León, Liniers, Selgas…. Casi prefiero a los derechas porque se cómo son y lo que quieren, y a los socialistas de mi pueblo, ni sé cómo son ni lo que quieren.”

Así era Boni Cuena.

Esto que escribí allá por el 2.001 lo tenía guardado y he querido darlo a conocer hoy que he conocido que Boni se ha ido y como otros que nos han dejado estos días dejando un gran vacío en nuestros dos pueblos.

 

 

 

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