Vacío y silencio

Vacío y silencio

 

Foto de Carlos Eloy

San Lorenzo. 12,00h de la mañana del día 15. La hora del Angelus para los cristianos. Se ve el aire y casi se oye el silencio roto por algún vehículo que pasa y no lo respeta. Es lógico, los vehículos nunca lo hacen. Siempre he tenido miedo al vacío. Un vacío que nos rodea y nos acecha. El vacío es silencio y el silencio también me asusta. Son las 12,15h. Entro a tomar café en el Miranda. Una mesa y yo. Un camarero, una mesa y yo. Miento hay un señor leyendo el periódico en otra mesa escoltado por ese silencio que suele acompañar al que lee. Vacío y silencio unidos. Bajo al Hospital a recoger los resultados de una ecografía. Imposible aparcar. La zona del Tanatorio está a tope y los que no caben llenan todos los espacios libres de los alrededores. Sanatorio y Tanatorio no dan cabida a tanto vehículo. ¿Qué pasa? Es una pregunta a la que no la puedo dar respuesta pues desconozco los motivos y no los pregunto.

Las 4,00h y en casa consulto en mi ordenador,  como todos los días, las noticias de los periódicos y las que me trae el Facebook en “Eres del San Lorenzo o el Escorial si…”. que es mi periódico diario de lo que acontece por el pueblo de arriba. Carlos Eloy publica una bonita foto de Vicentón Cea y un comentario que me hace pensar en lo peor. Sigo leyendo los comentarios y confirmo que Vicente ha emprendido un largo viaje. En ese momento recuerdo que unos días antes había escrito en este blog “Belén y Poesía”. Cuando hablo de voluntarios que realizan la obra del Belén, estaba refiriéndome, entre muchos otros, a Vicente, cuyo nombre oculté y que tantas veces le vi trabajar en estas labores así como el de su hijo que es al que me refería cuando escribí “Uno de ellos es hijo de un conocido voluntario que ha dado muchas horas al Belén y eso me hace pensar que no va a existir vacío generacional pues los hijos van sucediendo a los padres en esta preciosa tarea”.

Esto lo escribía unos días antes de conocer su marcha a otro Belén mucho más real del que tantas veces hizo en San Lorenzo. El pueblo había quedado vacío y en silencio. El vacío siempre queda al perder lo que se tiene y lo que se quiere. Ahora lo comprendo. Ahora comprendo la multitud de vehículos que llenaban todos los espacios que rodean el Tanatorio. Nadie me lo ha dicho pero estoy seguro de que allí estaba Vicentón como cariñosamente le llamaban. Allí estaría con él el pueblo entero al que Vicente dedicó toda su vida. Su gran tamaño en lo físico era pequeño comparado con su grandeza de humanidad.

Se ha ido Vicente a terminar el Belén al lugar donde seguro que cada año ayudará desde allí a terminar el que tantas veces realizó en su pueblo. D.E.P

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