Quinito Pacheco

Quinito Pacheco

La muerte de un amigo o de una persona cercana siempre deja huellas difíciles de hacer que desaparezcan. Todos hemos vivido la pérdida de un ser querido y en ese momento, a unos más que a otros, algo se ha removido en su interior. Me entero del fallecimiento de Quinito Pacheco y en ese momento me vi sentado en la terraza del quiosco de Floridablanca y sentí que algo se movía en mis adentros. Le veía ayudando a su padre Antonio como lo hacía Julio su hermano cuando los estudios o sus clases lo permitían. Allí sentados en esa arteria del pueblo que es Floridablanca , Juan Cos, Santi de Pablo, Cesar Calderón, Coque Castillo, Tucho F. Quejo y otros amigos del veraneo escurialense robábamos horas a la noche para antes del toque de retirada tomar la última copa olvidando lo calores del verano. Mientras Quinito servía a su peña, algo mayores que nosotros, que repasaban el día y hacían planes para mañana, nosotros dábamos carpetazo a la noche hablando y hablando de lo que el día había dado de sí o de las últimas “adquisiciones” femeninas del verano.

Quinito era veterinario y más gurriato que las piedras del Monasterio.Ssiempre ha defendido a su pueblo allí donde estaba o allí donde escribía. Y así lo conocí. Él escribiendo su columna “Desde el Alero” y yo intentándolo con mi “Papelín Oficial de Noticias” colaborando en el Semanario Escurialense.

Su conocimiento del Escorial y su cultura le hacía ser muchas veces el oráculo de aquellos que nos acercábamos a él en busca de algo para nosotros desconocido y que amablemente nos daba la información precisa. Yo no hace mucho le consulté sobre la piedra de La Lonja que preside la esquina del Colegio y tras comentarle las distintas teorías de su existencia me dio la suya que creo la auténtica y me descubrió otros lugares del pueblo y del Monasterio donde existen piedras similares. Era un “guardacantón” necesario para que los bueyes de las carretas de materiales de la obra no dañaran las esquinas de las fachadas. Esa fue su docta opinión y con ella me quedé para contarlo a todo el que lo desconozca.

Siempre estaba a disposición de los acontecimientos de su pueblo pero eso sí de forma comedida aunque siempre participativa. He visto fotos de Quinito con el entonces Príncipe Juan Carlos; con amigos en “La Gira” de San Sebastián en Puerta Verde; en la Romería; con su íntimo amigo Abascal; en la Cena conmemorativa del número 200 del Semanario Escurialense. Le he leído, en el Semanario Escurialense del que posee una de las pocas colecciones completas; en la revista Aulencia de la que perteneció al Equipo de Redacción. Coleccionista de postales antiguas del Escorial y visitador del Rastro todos los domingos con su amigo Manolo Míguez…. Aunque embarullada es una mínima relación de lo que fue Quinito y de algunas pequeñas cosas por las que le recordaremos y yo en especial siempre que pase por el quiosco que su familia tenía en Floridablanca.

 

 

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