El Veraneo y La Colonia XXVIII.- Alquiler de burros y caballos

El Veraneo y la Colonia XXVIII.- Alquiler de burros y caballos para excursiones.

Estamos finalizando de desmenuzar el libro “El Escorial” “Manual y Guía del perfecto veraneante gurriato” con el que Carlos Sabau y Álvaro Suarez-Valdés, bajo los pseudónimos de “Luis de Santurce” y “Polilla”, nos han ido documentando sobre los veraneos de la Colonia escurialense, allá por los años 40. Hoy toca el “Alquiler de burros y caballos para excursiones” ya que eran numerosos los vecinos de El Escorial que poseían burros y caballos que alquilaban para excursiones en los días de verano.

Generalmente estos animales se situaban fuera del centro del pueblo y muchos de ellos en Las Casillas, lo que se llamó el barrio de las Casas Baratas. Esto podía suponer una molestia para los excursionistas que tenían que ir puerta a puerta buscando, en esos lugares apartados, quien alquilara algún animal. No existía internet ni páginas en las que buscar burros o caballerías para las excursiones veraniegas. Pero como buena Guía para los veraneantes, los autores nos dan en el libro un pequeño truco para evitar este problema. Consistía en contactar la víspera de la excursión con alguno de los chavales que esperan la llegada de los autobuses de línea a los Soportales para llevar las maletas a los viajeros. Ellos se encararan de contactar con la cuadra, colocar los animales a la hora y en el sitio prefijado y devolverlo en el sitio indicado. También podían acompañar a los excursionistas y cuidar de los animales evitando problemas e incomodidades.

En aquellos años el alquiler de un burro durante un día costaba 15 pts. y medio día 8 pts. El caballo 25 pts. el día completo y 15 el medio día.

Entre mis recuerdos guardo con todo cariño la anécdota que me ocurrió con el Sr. Claro, Juan para los amigos, grandioso personaje de nuestro pueblo, que nos veíamos a diario en la pequeña barra que tenía el Charolés entrando a la izquierda. En razón a no sé que tema, nos jugamos a que Juan bajaba, el día de San Lorenzo, con una burra de su propiedad, creo que blanca, para dar una vuelta a la plaza del Ayuntamiento. Era miércoles y yo trabajaba en Madrid, donde no era fiesta y olvidé por completo la apuesta. Al llegar por la noche, me lo encontré en Pimentel, donde él y varios testigos me confirmaron que había bajado con la burra y había dado una vuelta por la plaza. Le pagué lo que nos habíamos jugado y aquí paz y después gloria. Eran otros tiempos había buen rollo y había burros. Con mi cariñoso recuerdo al Sr. Claro.

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