Un cuento real de Navidad

Un cuento real de Navidad

Mi hijo acababa de cumplir 8 años y había dormido con muchos sueños en su mochila navideña.  Estaba muy cerca la Navidad y eso se notaba en su estado. A veces despertaba nervioso y se le veía pensativo. Se notaba que muchos acontecimientos jugaban en su rubia cabecita.

Este año la Navidad miraba al cielo porque se anunciaba lluvia y nieve para la Nochebuena, aunque a mucha gente parecía no importarle estos fenómenos atmosféricos.

Parece que aquella mañana los sueños de la noche rompieron y mi hijo me comentó:

-Mamá he soñado que me subía a un inmenso elefante y que tras un precioso viaje entre pastores y blancas ovejitas, llegaba al portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Me creía importante y como un Mago de Oriente conseguí ver al Niño, a su madre María y a su padre José. Allí me encontré con los Magos de Oriente que habían llegado, tras un largo camino, a adorar y entregar regalos al hijo de Dios.

Aquella madre escuchaba y escuchaba tranquila el sueño de su pequeño.

-Mamá, ¿Por qué en Navidades sólo se habla de un señor viejo y gordo, Papá Noel, de regalos y de viajes y no de la verdadera Navidad que tú me has enseñado?

Ahí me desarmó y le di unas explicaciones que a ninguno de los dos nos dejó convencidos.

Había que hacer algo y decidí comprar cincuenta kilómetros de esos que venden y nos vinimos a San Lorenzo donde yo había pasado los mejores veraneos de mi vida. Había leído que todos los años por estas fechas montaban un Belén a tamaño real nada menos que ocupando 5.000 metros cuadrados entre las calles del pueblo. No creo que exista mejor decorado para un Belén que reviva el nacimiento del Niño Dios para los habitantes del pueblo y de los miles de turistas llegados de todas partes a disfrutar de este impresionante montaje navideño.

Mi hijo flipaba. Jugaba con las blancas ovejitas como si fuera un pastor de hace 2.000 años; hablaba con el alfarero y echaba palitos al río montado en la Plaza. Con todo quería  jugar y continuamente preguntaba sobre las figuras que veía.

Entrando en los Soportales, la cara de mi hijo cambió del color rojizo del frío de la tarde escurialense a un tono más suave quizás por una mezcla con el blanco, tono de cómo se quedó al ver al elefante de tamaño natural  con el que había soñado y que trasladaba en su silla al Rey Baltasar al portal de Belén. Me pedía montar en él y vi como alguna lágrima patinaba por su mejilla al negarme hacerlo por imposible. Después de muchas vueltas y ya entrada la noche nos volvimos a casa y el beso que me dio de agradecimiento, creo que será el beso más bonito que me pueda dar en su vida.

 

 

San Lorenzo es historia, herreriano, cultura, música, palacio y Basílica, Colegio y Universidad; es Abantos, Herrería y Semana Santa. San Lorenzo es Navidad, una magnífica Navidad gracias a Mariano “Pardito” a Carlos Contreras y a más de 40 voluntarios que desde todos los oficios, de manera desinteresada, colaboran y dan forma a este maravilloso proyecto.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *