El Veraneo y La Colonia.-XXIII.

El Veraneo y la Colonia XXIII.-El magnífico octubre

Con los autores del libro llegamos al fin de veraneo y tras el bullicio de los días escurialense, de los meses de agosto y septiembre, llega lo que califican como el “magnífico octubre” mes tranquilo, sereno y reposado. La gente del verano, los que disfrutaron del veraneo escurialense, comienzan su particular éxodo a los lugares de origen. Pero no todos vuelven a su trabajo o a los estudios. Cada vez son más los que alargan los días del verano y si pueden se quedan a disfrutar de lo que califican los autores como el mejor mes del Escorial. Las Romerías de Arriba y Abajo han terminado y mientras unos, los que han trabajado durante el verano, se van a disfrutar de su merecido descanso cerrando sus negocios “Por Vacaciones” otros las alargan para disfrutar del otoño escurialense donde los colores comienzan su cambio y el tiempo se hace más llevadero  pues las primeras lluvias de septiembre han refrescado el ambiente. Comienzan los largos paseos que en el libro describen. Paseos para recibir el sol por Floridablanca o retornar a los ventanales del Miranda para retomar las incidencias veraniegas. Quizás, como dicen, el rey es el Jardín de los Frailes y sus paseos a lo largo de la fachada entre sus macizos y bolas de boj. La Lonja acoge los primeros balonazos de los partidos en el recreo del Alfonso XII mientras los frailes vigilan y cuidan de sus jóvenes estudiantes. Las tardes son de cine donde el Variedades y el Lope de Vega rivalizan en sus carteles aunque ya no tienen las colas del verano. En las barras de los bares se hacen planes para la caza o la recogida de níscalos y setas para después hacer una merienda en Manjarín. ¡Cuántos recuerdos de aquel, para mí, triste aunque muy entrañable bar de Floridablanca!

Los rezagados se van y ¡Ya huele a invierno! “El último de todos echa el cierre del verano prometiéndose volver el domingo siguiente. En el Jardín de los Frailes, desde su esquina, acodados en el muro, contemplamos el paisaje que vamos siguiendo en los planos que allí hay colocados. Al fondo, Madrid. Que ya nos llama como a hijos pródigos. Y, sin embargo, nosotros, sordos a sus voces, permanecemos aún, como hechizados, sin decidirnos a marchar….”

Aquí acaba la Primera Parte del libro “El Escorial -Manual y Guía del perfecto veraneante gurriato” y tras la Bibliografía comienza la Segunda Parte, más reducida, que titulan “Los alrededores del Escorial” que espero comentar en entradas sucesivas.

 

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