El Veraneo y La Colonia.-XX

El Veraneo y La Colonia.- XX

Lo que el veraneante debe conocer del Monasterio.-II

Nos quedamos en el artículo anterior en lo que “el veraneante debe conocer del Monasterio”. Los autores nos dejaban algo confusos con “aquellos medios particulares” para conocer aquello que no se enseña regularmente. Pero sigamos adelante para descubrir la subida a lo alto del Cimborrio, majestuoso elemento arquitectónico que se erige sobre la basílica iluminando el interior y magnificando el exterior que lleva a los autores a preguntar si “¿habéis subido alguna vez al Cimborrio?

Yo puedo contestar que ni he subido ni me lo he planteado ya que el vértigo, que va conmigo a todas partes, no me lo permitiría. Describen como se asciende y mientras lo hacen me entran escalofríos. Parece como si fuera yo el que asciende contemplando los frescos que dibujó Jordán; la Basílica desde una perspectiva aérea no posible para muchos mortales; los Reyes monumentales del  Patio; se rodea la Iglesia por el coro alto y tras subir otra escalera de caracol de piedra se desemboca en la gran rotonda de la cúpula en la que hay un guarda vigilando los campos permanentemente para dar la señal de alarma en caso de incendio. La última escalera sube  a lo alto del Cimborrio y rodeando lentamente la cúpula se divisa la “inmensa bola que la remata”. Desde allí las gozamos de las vistas de la Lonja, del Monasterio, Jardín de los Frailes, los 16 patios y las ocho torres, al fondo el pueblo de San Lorenzo y en el horizonte los pueblos de Madrid. Luego el descenso. Paso.

Comentan después las cuatro habitaciones llamadas de “maderas finas”, así llamadas por los artísticos trabajos en maderas preciosas que encierran. En suelos, artesonados y mobiliarios. Los autores nos remiten a las guías del Monasterio donde dicen venir reseñadas con todo detalle al no ser pública su visita en aquellos años. Creo recordar que en una de mis visitas al Monasterio las conocí pues las tengo grabadas en mi memoria fotográfica.

A continuación nos guían hacia la nave izquierda de la Basílica y al último altar, el más cercano al retablo principal, donde se halla enterrada la Reina Mercedes, primera bellísima esposa de Alfonso XII que nos dejó en plena juventud como recordó la película “Donde vas Alfonso XII” y que el pueblo cantaba aquello de

¿Dónde vas Alfonso XII?// ¿Dónde vas triste de ti?//Voy en busca de Mercedes// que ayer tarde no la vi.

Este tema lo traen a colación ya que la tumba es difícil de contemplar “al estar habitualmente cerrada la negra reja del altar”.

A continuación, sin entrar en detalles, describen una lista de otros lugares y dependencias dignos de ser visitadas si es que tenemos opción de llegar a ellos mediante lo que llaman “medios particulares”: las Torres del Reloj y del Vigía; la Galería de Convalecientes, para mí uno de los elementos arquitectónicos más bonitos y ligeros de la gran Fábrica del Monasterio; la parte reservada del Jardín de los frailes y su huerta; los sótanos , los Camaranchones o desvanes y las celdas de los frailes; las cocinas, comedores etc.; la imprenta; el Colegio con su Paraninfo y su Capilla; la Universidad amparándose después en el etc. etc. para no hacer larguísima la lista de lugares dignos de ser visitados. Yo hubiera añadido la Sacristía, el Coro, el edificio de la Cachicanía en la huerta….

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