Marbella y El Escorial

Marbella y El Escorial

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo: tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para Navidad en Casa Mira; pasear por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café, o merendar en la Botillería de al lado;  degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; afeitarse en un barbero que te llene la cara de blanca nieve, aunque sea verano, mientras lees el “ABC” de ahora, el “Imparcial” o la “Gaceta” de antes; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés, espaguetis en Le Bistroquet de la calle de Segovia al salir de las discotecas a altas horas de la madrugada; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas;  ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos.

Otro de los placeres no muy caros es sacar un billete en preferente del AVE (si es con tarjeta de más de sesenta te sale tirado) y llegar a Málaga. Son sólo 2 horas cuarenta minutos y te han dado de comer, has visto una película y has leído la prensa. Coges el autobús y en una hora estás disfrutando de los placeres de Marbella. Allí he pasado unos días y puedo asegurar, frente a los que la tachan de lujo caro, que están muy equivocados. Tengo facturas que demuestran que es mas caro tomar un vino, una paella, un tinto de verano, una ración de boquerones o una de calamares en cualquier bar de tapas o similar de la Villa o de San Lorenzo que en uno similar de Marbella. Los chiringuitos de lujo son más caros pero son los menos pues existe de todo.

Allí nada más llegar me encuentro con un magnífico recuerdo escurialense: la calle de Nuestra Señora de Gracia calle muy cercana al centro de Marbella. Allí en esta calle ha existido una bodega maravillosa en tapas y jamón con el bonito nombre de “La Sacristía”. El jamón, los quesos, morcillas, lomos y buenos caldos era el secreto del éxito de este típico rincón marbellí.

Por la tarde vamos a un Centro Comercial y allí junto a la escalera mecánica, un señor me para y me pregunta –¿ Pero es que no me conoces?. Le contesté que sí claro, sin tener ni idea de quien era ese señor, aunque su cara me sonaba. Sin parar de hablar, hacía un recorrido por el Escorial y sus gentes a las que como es natural, muchas conocía. Al final llegué a la conclusión de que era un camarero de toda la vida del Escorial y que tenía un bar con su cuñado en Marbella. Después de 15 minutos conseguí zafarme de tan pesado contertulio escurialense, y salí de allí sin saber quien era el buen hombre. Sigo dándole vueltas.

Pero los recuerdos no acaban ahí. La Iglesia de la Encarnación, Parroquia de Marbella donde se casó Lolita Flores, está presidida por la estatua de San Bernabé que desde su pedestal rige los destinos de Marbella. Y digo bien: San Bernabé es no sólo patrón de Marbella como lo es de La Muy Leal Villa de El Escorial, sino que además es Alcalde perpetuo desde el 2.007 de la ciudad malagueña. Está bien esto de hacer alcalde a un santo y más en Marbella. Se acabaron los corruptos, las recalificaciones y los planes generales. No habrá más Rocas ni Giles, ni rubias trinconas. Me gusta.

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