El Veraneo y La Colonia.-XV

Los trenes de los maridos

Yo recuerdo a mi padre llegando a casa en El Plantel cuando ya habíamos comido, en la tarde del sábado o la víspera de alguna fiesta, algo cansado del calor y de la subida andando desde los Soportales, parada de los autobuses de Herranz provenientes de la Estación, para pasar las pocas horas del veraneo que su trabajo le permitía, hasta que llegara el mes de agosto. Antes habría cogido el tren de las dos de la tarde que fue llamado “el tren de los maridos” por la cantidad de éstos que venían de Madrid. Otros “trenes de los maridos” eran los que llegaban por las tardes de las vísperas de fiesta y los que por las mañanas de los lunes les trasladaban de vuelta a sus trabajos o estudios de Madrid. Pero no eran los maridos los únicos entre los viajeros sudorosos y cansados que llegaban al Escorial para pasar el fin de semana o simplemente a pasar algunas horas antes de volver a sus quehaceres madrileños. En estos trenes así llamados, también llegaban jóvenes a ver a sus novias y estudiantes no muy buenos que quedaban en Madrid para intentar sacar en septiembre, aquellas asignaturas que quedaron atascadas y pasar algunas “píldoras” del veraneo en estos lares bastantes más frescos y entretenidos que la capital.

A mí que me gusta viajar en tren, especialmente en los actuales, leer las condiciones de cómo se viajaba en aquellos “trenes de los maridos” realmente no son las condiciones más apetecibles. Los coches de tercera de la Cía. de Ferrocarriles del Norte, donde los maridos pasaban gran parte del veraneo, no se parecen en lo que hoy son los trenes de Cercanías. ¡Eso si era amor de marido, padre o de novio! para aguantar estos viajecitos semana tras semana. Coches atestados, generalmente viajando de pie en pasillos y plataformas, aguantando malos olores o zapatos de otro sobre tus zapatos. Después, una vez que llegas a la Estación, o corres, o te quedas sin plaza en el Autobús que te lleva a los Soportales y te tocará subir andando. Te espera la cuesta de la Estación, mientras el sol te calienta hasta el tuétano de los huesos algo machacados por el viaje, que en el mejor de los casos duraba dos horas, con paradas en todas las estaciones menos en Pitis.

Los autores del libro, Sabau y “Polilla”, nos descubren un secreto para realizar el viaje de ida o de vuelta con garantías de llegar sin demasiado cansancio. Son una serie de reglas para viajar más cómodo como sacar los billetes de ida y vuelta; tiempo a estar en la Estación con anterioridad a la salida del tren, para garantizar un asiento; sentarse lo más cerca de las puertas con vistas a tomar el autobús de subida al pueblo y así hasta diez reglas si se viene de la capital al Escorial y otras cinco si se dirigen el lunes a Madrid.

Hoy las cosas han cambiado bastante aunque todavía se producen estos movimientos semanales “migratorios” por parte de los maridos. Así era y así nos lo han contado.

(continuará)

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