El Veraneo y La Colonia.- XIV

 Las becerradas

¡Qué tiempos aquellos! en los que los autores del libro que venimos comentando se atrevieron a escribir, allá por los años 40, que “todo gurriato, nativo o veraneante, lleva en espíritu un torero ¡y de los buenos! Pocos pueblos habrá que sientan el “gusanillo” de la afición como en San Lorenzo del Escorial”. Hoy día no creo que se hubieran atrevido a escribirlo así pues les habría “caído la del pulpo”. Y la verdad es que es cierto. Hasta hace muy pocos años, los años en que después los antitaurinos han tomado la delantera, la afición a los toros era en El Escorial algo casi consustancial. Hasta tres plazas de toros han existido en San Lorenzo y una en La Villa quedando actualmente sólo en pie la del Barrio del Rosario que más bien parece un pequeño Coliseo en ruina técnica donde la lidia de los toros, para la que fue creado, brilla por su ausencia. De la más antigua (s.XVIII) todavía quedan restos al final de la calle Juan Avelló; la portátil que construyó en 1.947 el Alcalde Salvador Almela junto a la puerta de la Herrería y en la que llegaron a torear los tres hermanos Dominguín: Domingo, Pepe y Luis Miguel; y la tercera, que por iniciativa de Fermín Mayoral y con el apoyo del Alcalde Almela se presenta un proyecto para erigir la actual plaza del Barrio del Rosario, propiedad, creo todavía, de Julio Aparicio. Y no digamos las fincas ganaderas que poblaron de reses bravas a La Villa y a San Lorenzo con nombres por todos conocidos.

Centrándonos en las becerradas, no existía Fiesta que no contara con ella en sus programas. Becerradas como la de las Fiestas de Mozos primero y la de la Colonia ya metidos en el verano después, ponían a prueba a los mozos deseosos de vestir el traje de corto y lucirse delante de su dama. Las cuadrillas de los “matadores” se elegían por sorteo entre los mozos aunque muchos cedían su sitio a los que parecían con más ganas, más valor o más arte y mejor preparados.

En mis tiempos todos recordamos aquella becerrada en la que Pepe Pimentel hijo, vestido de corto como era tradicional, intentó emular a Ordoñez, Dominguín al Litri o Bienvenida y tras varias carreras con el becerro detrás, se dispuso a matar. Inició posición, mirada al lomo del “morlaquito” y después de un perfecto volapié ¡zas! clavó el estoque en el albero. Hoy la película, que fue grabada con una Super 8 de aquellas, hubiera sido viral en las redes sociales. Pero eso sí, tuvo la valentía de ponerse delante de un becerro cosa que muchos éramos incapaces de hacerlo.

Sustos, carreras, revolcones y alguno que otro pase torero que unidos a las risas del respetable, conformaban las becerradas. Entrada la temporada veraniega se celebraba la becerrada de la Colonia que organizaba la Prensa local y en la que participaban pueblo y colonia perfectamente hermanados. Normalmente iba precedida de un día entero de grandes festejos y los toreros se disfrazaban según el carácter de la Fiesta: chinos, romanos, indios, trajes de luces…

Estas, según cuentan los autores del libro, eran las becerradas fijas aunque siempre había alguna más, como las que se organizaban en la placita del Jaral de la Mira”” o las del “Congosto”, “La Cepeda” o “Las Cañadillas”.

Aunque parece que las becerradas tienen los días contados esperemos ver si en las próximas Fiesta de Mozos que se anuncian en la Villa la incluirán en su programa.

(continuará)

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