El Guateque

El guateque

Baile

“El recuerdo es el invernadero de las alegrías pasadas”. Esta frase del poeta Lucian Blaga no sólo es una de mis favoritas por lo que significa. Si además la modificamos como “El recuerdo es el invernadero de las tristezas y de las alegrías pasadas” recogería el conjunto de toda una vida  porque no sólo de alegrías vive el hombre. De todas maneras voy a utilizar la primera que es la que realmente uso cuando escribo sobre las alegrías pasadas en nuestros pueblos y que por desgracia, en muchos casos, han desaparecido.

Muchas veces me he preguntado el por qué ha desaparecido el guatequede la lista de quehaceres de ocio de los jóvenes españoles de hoy día y en concreto en la de nuestros dos pueblos. Creo que muchas son las razones que seguro cada uno podremos encontrar pero ninguna será de tanto peso para que  compense la desaparición de esas reuniones que se celebraban en una casa particular donde se bebía (cup o sangría algo adulterada) y se bailaba la música de aquellos discos de vinilo que giraban como locos en unos aparatos llamados tocadiscos. Generalmente eran canciones de amor que seguro que si las volvemos a escuchar nos traerían más de un recuerdo de algún momento de nuestra historia personal.

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Quien no bailó la música del canadiense Paul Anka, como Diana o las lentas como You are my destiny  o Lonely boy. Escucharlas otra vez por internet los que tenéis mi edad y los recuerdos y alegrías pasadas empezaran a caer sobre vosotros como el polen cae de los arboles estos días. La música italiana y sus cantantes románticos y de voz melosa y rota eran un referente en todos los guateques. Nicola di Bari con Los días del Arco baleno o la prima cosa vella, Pepino di Capri, Massimo Ranieri y para mí el mejor italiano de esa época, Boby Solo y su canción Una lácrima sul viso. Boby Solo, el Elvis italiano, no podía faltar en ningún guateque y fue uno de mis cantantes favoritos. Recuerdo ir al barrio de Corea en la Castellana donde vivían los americanos de la base de Torrejón. Allí en una cafetería y echando monedas en una máquina tocadiscos, oíamos una y otra vez al ganador por dos veces del Festival de San Remo con Si piangi se ridi en 1.965 y con Zingara en 1.969.

Clif Richard, el que luego cantaría Congratulations  en 1.968 en Eurovisión,  era con Paul Anka dos de los cantantes favoritos en las fiestas caseras. Otros de la época Neil Sedaka, Franki Avalon o Bobby Darín eran  de los más bailados en estas reniones caseras.

Entre los españoles José Luis y su Guitarra y su Mariquilla o El Dúo Dinámico que ya despuntaba por los 60 nos hacían bailar aquellas canciones de “Quince años tiene mi amor, Quisiera ser, Perdóname, Somos jóvenes, Lolita o El Madison que fue con el twist los bailes de moda además del “agarrado”. Los Brincos con su Borracho, Mejor, Un sorbito de champán o Tú me dijiste adiós era uno de los grupos punteros con los Bravos, los Mustang, los Sirex, los Estudiantes, los Shakers y tantos otros que iban apareciendo en aquellos años 60 y 70. Los Beatles no faltaban en ningún guateque que se preciara y sin querer comparar también Los Surf  con su Tú serás mi baby o los Hermanos Rigual con Cuando calienta el sol intentaban también estar presentes. Adamo y Sus manos en tu cintura o Gilbert Becaud y su et maintenan eran por la lentitud las preferidas de aquellas parejas que iniciaban su andadura y Sacha Distel que con sus canciones se hacía querer por todas las jovencitas. (Que nadie me lo eche en cara porque sé que me dejo muchos en el tintero pero mi disco duro ya no funciona también como antes)

Desde muy jóvenes al guateque los padres no les ponían pegas. Era una forma de mantener a las hijas, especialmente, vigiladas en el nido familiar.

Había guateques cutres con patatas fritas y aceitunas; otros mejoraban algo en la comida y en la bebida y luego estaban los cinco estrellas con jamón, queso, sándwich y hasta con bizcotelas de postre, pero realmente eran muy escasos.

Guateques en El Escorial eran, en verano, casi uno a la semana. Creo que casi todos los de mi pandilla llegaron a dar uno en su casa. También al final del verano era una tradición no escrita que las Regidoras y sus Damas Asesoras dieran una fiesta o guateque en su casa como colofón de las fiestas veraniegas y esos eran ya de primera división. Recuerdo con cariño algunos guateques del invierno escurialense en casa de una de la pandilla en la que se debía existir un problema eléctrico porque se apagaba la luz muy a menudo.

En mi invernadero particular guardo imágenes de los muchos a los que asistí en mi larga vida guatequera y puedo aseguraros que en uno de ellos, con muy pocos años, me enamoré de la que luego sería mi mujer, cosa que pasó a mucha gente en los veranos y los inviernos de San Lorenzo.

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