El Veraneo y la Colonia II

El Veraneo y la Colonia.- II

Sigo utilizando como guía el libro “El Escorial” de Sabau y Suarez Valdés (Polilla) verdadero estudio pormenorizado del veraneo de los años 40 y 50 a los que iré incorporando mis pensamientos y sensaciones del que me tocó vivir algunos años más tarde.

monasterio de prestado

Dicen los autores y no les falta razón, que el veraneo escurialense lo inventó el propio Rey Felipe II con sus visitas a su gran obra. Su estancia en El Escorial fue la casa del primer Párroco que tuvo el pueblo, el bachiller Pedro Montero, hasta que Felipe II remodeló el antiguo Monasterio Viejo o Monasterio de Prestado y construyó la Casa del Rey donde pasaba las temporadas de sus visitas a las obras de la gran Fabrica.  Aunque me figuro que con la sola presencia real, el párroco Montero estaría bien pagado, no sabemos si el Rey pagaría el alquiler al bachiller ya que en ese caso sería la primera casa que se alquilaba en la localidad con fines veraniegos. Acompañando al Rey en estas visitas veraniegas al Monasterio, secretarios y altos servidores que con sus familias conformaron la primera Colonia veraniega de la localidad. Y aquí aparece la primera referencia a la Colonia del Escorial que iría en aumento con la presencia de los monarcas sucesores de Felipe II ya que se rodeaban de una corte muy superior a la del Rey Prudente.

Las Casas de Infantes, de la Reina o la de Oficios se construyeron aunque en momentos diferentes, para alojar a la multitud de secretarios, ayudantes, servidores y oficios para servicio de sus Majestades.

Carlos III iría construyendo y ensanchando el plan urbanístico de la mano de su arquitecto favorito Juan de Villanueva, del que tenemos muchos ejemplos de bonitos edificios en el pueblo. Muchos años más tarde, hacia 1.910, nacen nuevos barrios y un número de hoteles van surgiendo y conformando estos barrios. El pueblo crece por el barrio del Plantel, los Alamillos, la carretera de Guadarrama o frente a la Herrería así como la llamada cuesta de la Estación entre los dos pueblos.

Para pasear, los veraneantes tenían el magnífico espacio de la Lonja donde en mi veraneo juagábamos a todos aquellos juegos de niños de los años 50 que unos y otros hemos practicado en la Lonja.

Según cuentan Sabáu y Polilla, hubo un año en que se dejó pasear por la galería de Convalecientes, para mí una de las zonas más delicadas y bonitas del Monasterio. Mujeres con sus grandes pamelas y caballeros de cuello duro y corbata sustituían a los monjes al menos por algunas horas. Mejor que hoy día no nos permitan pasear por ella pues, ¡pobrecita!, la cantidad de grafitis que tendría que soportar. El claustro del Patio de los Evangelistas era, después de misa del domingo, el paseo de las manillas del reloj, así apodado al dar vueltas en el mismo sentido sin que unos y otros se pudieran encontrar. Aunque el paseo dominical preferido era el de Terreros, que ya decían los autores que estaba casi desierto y hablamos de los años 40 y escuchar la música de la banda de Carabineros en el quiosco de música hoy desaparecido. Siempre me he preguntado como un espacio como el del Paseo de Terreros puede estar tan triste y lóbrego, sólo con gente los días de mercadillo. Quizás por eso la estatua de Felipe II sentado por la gota, mira a la lejanía y piensa en cómo arreglarlo. Los de mi quinta recordamos aquellos días de Agosto, durante las Fiestas patronales, cómo Terreros  bullía con los bailes verbeneros y se llenaba de gente durante la Feria que allí se celebraba.

Patio de los Evangelistas (2)

 

 

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