Tedio en la Villa

Tedio en la Villa

A pesar de los muchos buenos momentos que paso, reconozco que hay veces que el tedio y el aburrimiento me ganan. Leo a Alfonso Ussía y veo que le pasa lo mismo pero refiriéndose a temas muy diferentes. Tal como él escribe, reconozco que hay días en el pueblo más aburridos que asistir a un sorteo de lotería o escuchar el Bolero de Ravel. Y tiene razón. Me pongo en el lugar de una pareja, de la primera, segunda o tercera edad que le diga al otro: ¿qué hacemos esta tarde? ¿Cuál sería la respuesta del otro?

-Pues vamos a dar un paseo o a tomar algo.

Y se acabó. No hay más opciones. Ni cine, ni teatro, ni bingo, ni discotecas, ni conferencias (a excepción de las políticas). Por no haber no hay ni casino algo imprescindible en todos los pueblos para el ocio de sus vecinos. Creo y es de agradecer a las Amas de Casa sus viajes y la labor del Ayuntamiento por los mayores pero también hay más personas que necesitan de otro tipo de actividades de ocio. No me gustaría comparar pero podríamos mirarnos en otros pueblos cercanos.

Y ahora entra en juego la nostalgia y me veo en mi época bajando al Keeper donde nos encontrábamos casi todos incluyendo los que venían de Madrid  de estudiar para septiembre o los de los que se acercaban de los pueblos vecinos. Recuerdo las tardes en la “Cuadra del tío Agustín” o las noches en “El Mono” o “Flánigan” en Los Molinos o Cercedilla. Yo vivía encima del “Ojo Izquierdo” la disco de moda en San Lorenzo y lógicamente antes de llegar a casa tenía que pasar a saludar a los amigos y tomarme la última para que la música que hacía retumbar las tuberías, me dejase dormir. Otras veces nos aparcábamos en el  “Reuma Club” antes de bajar a las fiestas del Prado Tornero o de pasar por Tersícore o el Parador. Las tardes en el Parque a jugarnos unas cervezas a los bolos después de una partida de tute o de mus en el Casino de la calle del Rey. Las fiestas del Parque o del Felipe II en verano eran una diversión asegurada con baile de disfraces y teatro incluidos

Mañana quedamos y vamos al cine Variedades que ponen una de vaqueros y me quedé sólo porque en el Lope de Vega daban la última de Cantinflas que parece que a la peña les gustaba más.

Un día jugando al bingo en el Hotel Victoria, regentado por Ángel Lobo e hijos, me saqué unas pesetillas y con ellas invité a dos o tres de la pandilla a la “Oveja Negra” y fundimos lo que me había tocado en los cartones. Entre copa y copa preparamos el guateque del domingo en casa de Pedro y una subida en burro a la Silla. Y mañana a la Maestranza a bailar unas sevillanas.

Aunque el camino de vuelta no era agradable, muchas noches bajábamos a La Frontera de la buena Ernestina y Ängel a pasar un rato, un poco largo esos sí, hasta que nos echaban los guardias. Entonces cuesta arriba mirándonos los serenos, alcanzábamos la calle de las Pozas y a tomar en la panadería las primeras tortas de anís recién hechas.

Sé que muchos de estos locales no coinciden en el tiempo pero sólo quiero dejar negro sobre pantalla, que antes había cosas que hacer y lo pasábamos bien sin ordenador, Facebook, Twiter o WhatsApp y teníamos cosas que hacer y sitios donde ir y no sólo dar un paseo o ir a un bar a tomar algo.

 

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