Me amiga la cigüeña

Mi amiga la cigüeña

_CSC0256retocadaHace unos días la he visto. No sé si es la misma del año pasado, seguro que sí, pero he visto a una cigüeña. Cuando esto escribo todavía quedan días para San Blas y ya está instalada junto a la Ermita de la Virgen de la Herrería. Era temprano y me dirigía a Madrid, cuando allí en lo alto de su casa aparecía la cigüeña. Estaba sola porque su pareja no ha llegado todavía. Se ha adelantado a arreglar el nido y tenerlo todo preparado para cuando llegue su pareja, de su apareamiento invernal de no se sabe dónde. Lo he escrito varias veces: ¡me gustan las cigüeñas! No hay duda que embellecen los pueblos ya que en las ciudades han decidido no vivir. No aguantan la ciudad. Sus coches, la polución, las prisas, las tonterías que ven todos los días y todos los peligros a los que se exponen. Prefieren la tranquilidad y la comida del campo y de los pueblos donde han decidido vivir y procrear. Me gustan las cigüeñas y me gusta verlas en El Escorial volando sobre las fincas que rodean la Ermita de la Virgen de la Herrería.

A las cigüeñas les gusta hacer los nidos muy altos para desde allí lanzarse al campo en busca de comida y de los elementos necesarios para construir o arreglar su nido.

Escribía esto hace algún tiempo y quiero recordarlo aquí:

Me gusta ver su vuelo pausado, disfrutando del aire y como recreándose en el cielo. Es como el vuelo sin motor que va buscando las capas de aire para definir su vuelo, sin más ayuda que los movimientos de las masas de aire en la atmósfera. Me gusta verlas al caer el día, como algunas quedan como detenidas en el aire buscando la mirada de sus cigüeñitos, mientras otras planean en el cielo ya plomizo. Luego, sin necesidad de controladores aéreos, calculan la aproximación al nido, pliegan sus alas y descienden con precisión sobre los precisos montones de ramas y deshechos.

Es curioso pero nunca he visto un nido ni una cigüeña, seguro que alguien me corrige, volar entre las torres y los tejados del Monasterio ni de su entorno. Seguro que al Patrimonio no le gustan y las ha prohibido, como hace con tantas cosas, organizar su vivienda, cual okupa, entre las centenarias piedras del Monasterio.

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Vuelvo de Madrid y me da la impresión que mi amiga la cigüeña parece que reza a la Virgen de la Herrería cuya Ermita divisa desde su nido. Lo comento con un amigo y me dice que eso es mentira, que no puede ser porque una cigüeña no reza. Le contesté que ni yo puedo demostrar que estaba rezando ni él que no lo hacía. Quedamos tan amigos.

 

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