Tendría que haber estado allí

El pasado sábado se celebró en varias ciudades españolas y en algunas europeas, manifestaciones y concentraciones en favor del juez Garzón y en contra del Tribunal Supremo que lo va a juzgar. De paso protestaron contra la impunidad del franquismo, reivindicando la memoria de los muertos de uno sólo de los dos bandos, queriendo cambiar la historia y removiendo con el ventilador sectario de la crispación y el enfrentamiento, todo lo que se había conseguido durante muchos años de olvido.

Tendría que haber estado allí porque he visto en las fotos de los periódicos a familiares de las víctimas franquistas pero ninguna de los asesinados por los republicanos. En una de ellas se ven banderas republicanas y a un señor de edad avanzada con una foto en la que se lee “mi bisabuelo”. Por eso yo debería haber estado allí, portando las fotos de mi abuelo Luis, asesinado en el Monte del Pardo y las de mi abuelo Juan y las de sus tres hijos, Carlos, Paco y Eduardo que con muy pocos años fueron asesinados en las tapias del Cementerio de Vallecas y en Paracuellos.

Y tendría que haber estado allí para defender al juez, sí, al juez con minúsculas, al que estudia, lucha y trabaja por la Justicia y no para defender al juez estrella, el que prevaricó porque hizo cosas a sabiendas de que no eran legales y se forró a costa de sus patrocinadores en las conferencias que dio en Nueva York y a los que luego, supuestamente, pagó no admitiendo a trámite querellas contra ellos.

Y debería haber estado allí para decirle a los actores de la Zeja, actores que viven de las subvenciones del Ministerio de Cultura, que no saben de que va esto de la Ley de Amnistía del 77, que lo fue para todos sin exclusión del bando en el que estuvieran y que olvidan la Transición en las que todos cedieron para enterrar el pasado. Ahora sin saber porqué aprovechan el apoyo a Garzón para pedir la derogación de la Ley de la Amnistía, para atacar a Esperanza Aguirre, a las instituciones judiciales y a todo lo que se les ponga por delante que no sean ellos y sus desnochadas ideas comunistas. Pertenecen a una izquierda sectaria que no sabe vivir en democracia porque nunca la han practicado ni la practicarían si hubieran llegado al poder. Jamás se adaptarán a los valores constitucionales; a que existen leyes que todos, incluido el juez, tenemos que respetar; a que existe la división de poderes que no pudo cargarse Alfonso Guerra y que existen los Tribunales para respetarlos.

Ya está bien señores del cine y del teatro. Déjense de vainas y dedíquense a trabajar y hacer cine y teatro del bueno, que parece que se les ha olvidado.

(No pienso ir a ver una película de Almodóvar, ni de San José, de la Bardén que se está forrando, al cobrar la sociedad de autores que preside, por el uso de las televisiones de los hospitales, ni de Charo López, ni de Juan Diego Botto).

Y tendría que haber estado allí para decirle a Zapatero que deje de una vez de hablar de su abuelo que fue asesinado por los nacionales y que se está haciendo más famoso que el abuelo Porretas. Cada vez que él lo haga yo lo haré también pues como he dicho antes, perdí a mis dos abuelos en el 36 asesinados por los rojos, sí, por los rojos Sr. Presidente.

Y tendría que haber estado allí para decirles a los que asistieron, que dejen la guerra en paz y a los muertos en sus tumbas o en las fosas donde los enterraron. Decirles que tomen alguna pastilla para curar el rencor y la bilis que les sale por la boca. Recordarles que la guerra y los asesinatos terminaron hace 74 años. Que dejen de recordar que hubo unos buenos y otros malos y que dejen de decir que tenemos que condenar el franquismo. Que no olviden, por ejemplo, que la II República fue traicionada por la izquierda en el golpe del Frente Popular del 34 y que Calvo Sotelo fue asesinado por un escolta del Presidente del Gobierno socialista Indalecio Prieto como le ha recordado Esperanza Aguirre al portavoz comunista en la Asamblea de Madrid cuando este la pidió que condenara el franquismo. Y decirles que no olviden que no se juzga a Garzón por sus actuaciones frente al franquismo, sino que se le juzga porque a sabiendas de que no era de su jurisdicción y que existía la Ley de Amnistía, siguió adelante.

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