Breverías del Escorial

El Monasterio es piedra sobre piedra, como la Iglesia que le hizo Jesús a Pedro.

San Lorenzo es dulce de leche de vaca, de frutas agustinianas y de morcilla del Canguro, que no sólo Australia vive de este animal saltarín y con su “Cochecito Jané” en la tripa.

No es racista. Conviven bizcotelas blancas y negras sin problemas.

Es andaluz de los Quintero, militar de los Carrero y taurino de los Pérez Tabernero.

Al pueblo del Escorial le falta San Lorenzo para ser hermanos del mismo padre.

 Los dos Escoriales, el de Arriba y el de Abajo, suben y bajan por la misma escalera de la Estación.

Los dos Escoriales son como dos hermanos permanentemente cabreados.

Cuando el Monasterio despierta al alba, da los buenos días aunque sea mudo.

Cuando le hicieron la acupuntura se dejaron las agujas olvidadas y hoy se utilizan de pararrayos.

El Monasterio siempre viste igual. Sólo se viste de gala, algunos días especiales y en las noches de Agosto, cuando encienden la luz de los mecheros y es como si encendieran miles de cigarrillos a la vez.

El Monasterio sólo tiene un traje de cuarzo, feldespato y mica.

No me tapéis los raíles del tranvía. ! Pobres salmones gurriatos! Cómo van a remontar las aguas, por sus pequeños canales y a contracorriente, para subir la cuesta de Floridablanca y desovar en el bar Abantos.

La calle de Los Soportales, es la única del pueblo con paraguas de granito.

Felipe II quiso hacer un Monasterio y le salió un rascacielos tumbado sobre la playa granítica de la Lonja.

Las fachadas del Monasterio son como planos quesos de Gruyere, con agujeros cerrados y pintados de verde.

Cuando la torre del Cimborrio del Monasterio abre la boca, se le ve un diente de oro.

El Patio de la Basílica del Monasterio es una baraja de Heraclio Fournier, pero con seis Reyes.

Felipe II cerraba mal los grifos del Palacio y por eso siempre tenía gota.

Siempre que voy a San Lorenzo me llevo una bombona de aire viciado, para no ahogarme con el aire puro.

Muchas veces me he figurado el Monasterio, coronado con la Cruz de los Caídos.

En San Lorenzo existe una calle peatonal, por la que no peatona nadie.

La Plaza del Ayuntamiento en lugar de visceras, tiene coches en su interior.

La Lonja no tiene árboles porque darían flores de granito.

El Panteón del Monasterio es el Tanatorio perenne de la Realeza.

El Crucero de la Ermita, por el que todos los segundos domingos de septiembre pasa la Virgen de Gracia, lo regaló Bonifacio Cuena un día que se quedó de piedra.

Una vocal no es nada. A San Lorenzo del Escorial le falta la U y lleva mas de 200 años asentado junto al Monasterio.

Los dos pueblos hablan mal uno del otro porque sólo les separa media lengua.

Un día en el Rastro, un gitano me vendió 50 kilómetros de carretera. Aparecí en San Lorenzo y me quedé.

Me subí a una torre del Monasterio y me puse a jugar a Las Damas.

De las cuatro torres del Monasterio la que mas me gusta es la de las Damas.

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