Los presos construyeron el Canal

Escribía, en un artículo anterior, sobre el Valle de los Caídos y contaba alguna anécdota referida a la tan manida historia de su construcción por los presos políticos. Me refería a que tal como se cuenta por sus detractores, no era toda la verdad ya que algunos presos pedían ir a las obras de construcción del monumento porque allí tenían más días de redención de las penas, cobraban un mayor salario o creían tener más facilidad para escapar.

Cuando se habla de este tema siempre en plan ofensivo hacia el anterior Jefe del Estado nos olvidamos que en España el uso de los presos para construcción de grandes obras, ha sido una práctica, si no habitual, si necesaria en algunos momentos de nuestra historia. Y nunca se ha criticado ni escrito nada sobre ello.

En 1.851 y por una Orden de 9 de Agosto (según cuenta la revista Madrid Histórico en su nº 24) se establece una prisión en las cercanías del Pontón de la Oliva con el fin de realizar las obras de la conducción de las aguas del río Lozoya hasta Madrid, inicio de lo que sería el Canal de Isabel II. Allí llegan los primeros 400 presidiarios de la prisión de las Cabrillas (Valencia). Existían muchos detractores pero también se esgrimían muchas razones. Entre ellas la de dar trabajo a los presidiarios evitando mantenerlos en mazmorras o ser ajusticiados, o la de que muchos de ellos, al pasar varios años en las obras, se convertían en maestros especialistas en algunos oficios necesarios para la construcción de la canalización de aguas a la capital. Con ellos se mantenía el esfuerzo de muchos brazos necesarios y mano de obra barata en comparación con otras obras civiles.

Hasta finales de 1.852 el número de presos se va ampliando y llegan de otras provincias españolas hasta alcanzar la cifra tope de 2.000 confinados. A estos presos se les encarga la realización de la presa y de las conducciones hasta Madrid.

Se consideró necesaria para el buen fin de la obra, la construcción de una presa de contención en la zona de Pontón de la Oliva con el fin de levantar las aguas para que así llegara a los edificios de la parte mas alta de Madrid y al barrio de Chamberí que se estaba construyendo en esos años. El rey consorte, Francisco de Asís, en nombre de la reina Isabel II que guardaba reposo por uno de sus embarazos, colocó la primera piedra de la gran obra.

La historia, contada en esta revista está llena de detalles de cómo se construyó el campamento, como vivían y los más de 800 muertos fallecidos durante las obras por causa de la disentería, la gastroenteritis, cólera, paludismo, ahogados, por peleas entre ellos, o por desprendimientos y aplastamientos. Aquí se inicia la historia del Canal de Isabel II que la Reina inaugura el 24 de junio de 1.858 llegando el agua del río Lozoya a Madrid.

Pero también se cuenta que en 1.852 se concede la libertad de cien confinados y cada seis meses se producían nuevas puestas en libertad además de que al finalizar las obras, se concedió una rebaja general de las penas a la cuarta parte de la condena.

También relata el artículo que fueron presidiarios los que construyeron el Canal de Castilla, las carreteras de las Portillas de Vigo, de Málaga a Motril o de Jaén a Bailén, las obras del Camino de Francia y la carretera de las Cabrillas en Valencia.

Pero hablar de estas obras sería políticamente incorrecto y por eso de todas ellas no se habla sino sólo de la construcción del Valle de los Caídos por presos políticos.

Se podrá argumentar que no eran presos políticos los que construyeron esas obras sino presos comunes. Es cierto, pero siempre me he preguntado que hubiera pasado si Carrillo, el de Paracuellos; la Pasionaria, alias la “zarina” y todos los demás republicanos hubieran ganado la guerra. Está claro que no se habría construido el Valle de los Caídos, no por ser ateos sino porque lo mas seguro que no quedarían presos políticos para hacerlo. Que cada cual saque sus conclusiones.

 

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