Ya están aquí

Cumpliendo con su calendario, han llegado unos días antes de Semana Santa para endulzarnos los días hasta que se celebre la Romería de la Virgen de Gracia. Después marcharán a su tierra y volverán por Navidad para traernos sus delicias de almendra en forma de turrón.

 

La profesora le pregunta a Juanito:

-A ver Juanito que son los valencianos.

-Señorita: los valencianos son los helados que venden en El Escorial.

 

Las risas y carcajadas de los compañeros se pudieron oir hasta en el patio de recreo y la profesora castigó a Juanito por no saberse la lección de geografía. Pero Juanito tenía razón; él sólo conocía a Los Valencianos, esos heladeros a los que compraba helados durante los veranos en San Lorenzo del Escorial.

Hay cosas agradables que recordar y todavía más si esos dulces recuerdos de niño, como los helados, los sigues saboreando hoy día después de más de sesenta años y fabricados por los hijos y familia de los que fueran sus fundadores.

Unos días antes de Semana Santa, llegan puntualmente a San Lorenzo las familias que desde hace muchos años nos endulzan y engordan los días, fabricando esos deliciosos helados, la refrescante horchata de chufas y el sano y granizado zumo de limón. Según mis datos, que creo ciertos, Lázaro y Fernando, dos hermanos alicantinos, recalaron en San Lorenzo del Escorial allá por 1.942. Lázaro, casado con Teresa, venía de trabajar en la fábrica del whisky DYC en Segovia, la fábrica de Nicomedes García, donde también se hacía el Anís Castellana. Desconozco porqué se instalaron aquí los dos hermanos pero se lo agradezco de corazón por los buenos ratos que nos han hecho pasar y aunque desde la distancia de su tierra, seguimos pasando.

En aquellos primeros años recorrían las calles de San Lorenzo con sus heladeras al hombro llenas de ilusiones y helado de vainilla, chocolate y polos de chufa; primero andando con la heladera al hombro y después en bicicleta y con carrito de madera que empujaban desde La Lonja del Monasterio o desde la Plaza de Cruz, hasta su cuartel general en la calle Medinaceli. Más tarde se motorizan y sustituyen sus largos paseos andando con su heladera al hombre por los mismos paseos pero con carritos de motos. Desaparecían a finales de septiembre para ir a hacer turrón a Alicante y regresar por Semana Santa. Hoy traen el turrón, magnífico por cierto, a la tienda que tienen en la calle Juan de Leyva, que en verano es heladería y en invierno, los días de Navidades, se convierte en turronería.

Yo vivía en verano en el Plantel, en la calle de Coronel de Diego y aunque la guerra diaria de mis padres era que durmiéramos la siesta después de comer, la verdad es que no nos acostábamos hasta que se oía la voz de Lázaro o de Fernando, pregonando los helados de vainilla, la horchata o el limón granizado. Comprábamos un helado y ya podíamos ir tranquilos a dormir la siesta. Los helados de galleta, llamados de corte, se servían con un instrumento sencillo y original. Colocaban una galleta de vainilla y bajaban una palanca hasta que el grosor coincidiera con el precio que habías solicitado. Después lo rellenaban de helado con una paleta y terminaban la operación con otra galleta, quedando un helado de corte o tipo sándwich. Se apretaba la palanca del aparato hacia arriba y salía el helado listo para degustar.

Recuerdo a los chicos que vendían los helados en la Lonja o en la Herrería. Llevaban chaquetilla blanca y un gorrillo, blanco también, tipo marinero que recordaban a las películas americanas de Fred Astaire y la Rogers.

¿Quién no ha visto un carro de Los Valencianos en la plaza de la Cruz o en la Lonja frente a la puerta del Monasterio? En ellos se anunciaban los helados del día: limón, mantecado, polo de chufa, coyotes, horchatas y limón granizado. ¿Se acuerdan de la moto tirando del carro, que desde la Lonja subía por la calle del Rey para ir a encerrar en la calle Medinaceli?

Desde mi peculiar perspectiva, no se concibe, o al menos yo no concibo, la vida del Escorial en primavera, verano y ahora también en Navidades, sin los helados, horchatas, granizados o turrones de Los Valencianos.

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