Viernes Santo

Viernes Santo

Es por la tarde del Viernes Santo de este año de Gracia del 2.019. Miro por la terraza y veo el invierno de esta primavera otoñal. Cielo gris, casi negro. Veo una, dos chimeneas humeantes frente a mi edificio. Agua intermitente que cae del cielo. La televisión encendida esperando ver alguna procesión como la de Jesús de Medinaceli o la del Cristo de los Alabarderos que quieren salir pero la lluvia no las deja.

Hoy para mí ha sido un día distinto por varias razones. Es mi primer día del futuro y quiero aprovecharlo al máximo aunque no sé si podré. El tiempo climático que nos está tocando vivir estos días no ayudará mucho. Como todos los años hago alguna de las siete Estaciones que la tradición pide realizar en siete Iglesias diferentes  para rezar ante la exposición del Santísimo. Son siete visitas que simbolizan las distintas etapas de la Pasión de Jesús desde la noche que fue apresado hasta su crucifixión. Todos los años empiezo por la Iglesia de los Sagrados Corazones y bajo a San Bernabé. Hoy, por eso digo que ha sido un día distinto. Me encuentro la Iglesia y las verjas cerradas. No se las razones de su cierre porque siempre han estado abiertas a los que íbamos a rezar las mañanas del Viernes Santo y luego a las 12 se celebraba el Vía Crucis por dentro de la Iglesia. Deben ser razones poderosas y no entiendo que una iglesia un día como hoy, permanezca cerrada.

En San Bernabé, preciosa Iglesia de la Villa, se iniciaba por el párroco D. Florentino, el Vía Crucis de las Siete Estaciones, de las Siete palabras para recordar el sufrimiento de Jesús en su camino a la Cruz. La Iglesia llena de gente que saldrá por las calles del pueblo a llevar la palabra a todos los vecinos que la quieran escuchar. Me quedé en el Monumento del Santísimo  pues para eso había bajado.

Mi nieta fue bautizada en la calle Víctor Navalpotro en el local que se transformó en Parroquia mientras se llevaban a cabo las importantes obras de mejora y reforma de la Iglesia de San Bernabé que permanecía sin dar culto. Y siempre tuve interés en conocer quien fue D. Víctor que por unas u otras razones no llegué a saber. Sólo sabía su relación como párroco del Escorial. Gracias al documento impreso titulado “Breve reseña de los siervos de Dios que ejercieron su ministerio sacerdotal en la Parroquia de San Bernabé” “Martirizados el 11 de agosto de 1.936” escrito por Don Florentino, me entero que fue párroco del Escorial tras su paso por la Parroquia de Colmenar del Arroyo y de su final asesinado con dos sacerdotes más. “En 1.931 es trasladado como párroco a la Parroquia de San Bernabé Apóstol de El Escorial, de su paso por esta parroquia no podemos ofrecer ninguna clase de documentación, excepto la de su martirio, porque todos los libros de actas y sacramentos fueron destruidos durante la guerra. Al llegar Don Víctor a esta parroquia comparte el ministerio sacerdotal con D. Arecio Mendoza García, coadjutor de la misma, hasta el 20 de junio de1.936, que es trasladado como coadjutor a la Parroquia de Nuestra Señora de la asunción de Torrelodones y es nombrado como coadjutor de San Bernabé el recién ordenado sacerdote D. Antolín Rodríguez de Palacio. Ambos acompañarán a Don Víctor en el martirio”. Los tres fueron asesinados en la Peña del mochuelo donde hoy existe un monumento en su recuerdo. Tres sacerdotes de San Bernabé para los que se ha pedido el reconocimiento de mártires por su fe y que pronto veremos en los altares.

Hay pasajes en el documento que abren las carnes y llegan hasta el alma. Con una referencia a aquello que ocurrió en los primeros días de julio de 1.936 en el pueblo, comenta el martirio que sufrieron los sacerdotes en la Peña del Mochuelo descubriendo  los  nombres de milicianos, vecinos del Escorial, que asesinaron a los tres sacerdotes delante del entonces Alcalde de la Villa, horas después de asesinar al Padre Teófilo que allí yacía muerto. Según el testimonio de uno de los milicianos asesinos, los sacerdotes murieron perdonando a sus ejecutores.

¿Por qué este odio a la religión católica y sólo a ella?  ¿Por qué se respetan las demás religiones? Por miedo seguro. Este odio es algo consustancial con una parte importante de la izquierda española y alentado actualmente por sus dirigentes. Los católicos mueren perdonando a sus asesinos. Los que matan disfrutan con su deplorable acción.

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