Tertulias

Tertulias

Alguna vez he escrito de las tertulias de los antiguos cafés, ya desaparecidos, cosa que siempre me apasionó. Lo digo en pretérito porque muchos cafés y con ellos sus tertulias han ido desapareciendo, al menos, en su concepción. A finales del XIX y principios del XX no existía café sin tertulia ni tertulia sin escritor o artista que la formara. La tertulia era consustancial con la vida cafetera. El frío en las casas de muchos artistas y bohemios ayudaba a vivir estas tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la madrugada madrileña celebrándose en estos locales que estaban mejor preparados para las frías noches capitalinas. Aquellas tertulias del café de Venecia; Café de la Montaña (Puerta del Sol), Lisboa, Suizo, Cervecería Alemana (plaza Santa Ana) taurina con Luis Miguel, Antiguo Café del Pombo (Gómez de la Serna), Colonial, Comercial, La Fontana de Oro, Fonda de San Sebastián…y tantas hoy desaparecidas.

Tertulia del Café Pombo con Gómez de la Serna

Las tertulias mías en Madrid siempre han sido de cuerpo presente ante la barra de un bar. Son tertulias diferentes que no cumplen los cánones de lo que se define como tertulia pero que tienen su encanto. Muchas han sido pero recuerdo una en el desaparecido Embassy de la calle Ayala a la hora del aperitivo que en Madrid se define como entre 13,30 y las 15,30h. La gente se iba adhiriendo a medida que sus trabajos iban cumpliendo, hasta ocupar prácticamente la barra entera. Recuerdo que a ella se iban agregando un conde ruso, elegante y culto personaje; un antiguo fundador de muchos populares diarios y revistas; un editor de una revista de mucho fondo político; un amigo que jugó conmigo al hockey sobre hierba en el Club de Campo y un variopinto grupo de tertulianos del cóctel de champán.

Recuerdo una en el Café Gijón que reunía a actores de cine (Álvaro de Luna el Algarrobo y Manuel Alexandre entre otros) y algún que otro adherido, a la hora del café y del puro. Reunidos en la primera mesa junto a la entrada y al cerillero Alfonso que les escuchaba sin entrar en sus cosas a pesar de ser amigo y a veces “prestamista” de alguno de ellos. Cerillero y anarquista como reza la placa que escribió Arturo Pérez Reverte y que está colocada donde vio pasar la vida. Yo también veía la vida pasar pero en mi caso tomando café y copa en la barra desde donde escuchaba, a veces, los fuertes contrastes de pareceres de los tertulianos.

Aquí en el Escorial existieron y alguna existe, muchas tertulias que se conocían por el nombre del local donde se celebraban: la del Miranda generalmente con partida de mus o dominó incluida; la mañanera al aperitivo del Hotel Victoria con abogados, periodistas, escritores, médicos y algún taurino; las tertulia con el pretencioso nombre de los Jardines de Bolonia, con comilona incluida en casa de Polilla; las del Casino, creo que hoy cerrado, con partida incluida; la del Plantel, creo que los miércoles por la noche, de un grupo de pintores capitaneados por José Alcázar y el doctor Robles que cambió la bata blanca de médico por la bata blanca de pintor algo más sucia por restos del color; las actuales del Croché, el Ateneo escurialense….

Yo he participado en algunas de ellas pero para mí las mejores eran delante de la barra como a las que asistía en Madrid. Recuerdo las Pimentel, las del Cano, las del Miranda, las del Plantel o Subiendo al Cielo, en el Keeper actual, en la Villa y tantas otras en las que he pasado grandes y divertidos momentos hasta que un pequeño problema me ha apartado de ellas, al menos por ahora. He querido recordar aquí una muy especial para mí por la gente que a ella asistía. Llegaba yo antes que los demás a la pequeña barra del Charolés, hoy creo que inexistente, con lo que aplicando la ley de la taberna, que aquí como en muchos sitios se practica, casi siempre me tocaba empezar invitando uno a uno a los que iban apareciendo. Como mi economía no era boyante tuve que retrasar un poco mi llegada para poder llegar a fin de mes. Era una tertulia matinal a la hora del aperitivo y por allí pasaron grandes amigos del pueblo y veraneantes. Todo se comentaba y de allí salíamos con las pilas cargadas para seguir en nuestras ocupaciones. No quisiera dar nombres por las seguro ausencias que mi memoria produciría pero fueron momentos muy agradables que se han quedado guardados en mi invernadero de las alegrías pasadas. ¿Será verdad que tiempos pasados fueron mejores?

 

 

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