Archivo por meses: mayo 2018

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Gracias a números antiguos del desaparecido periódico Veleta y a Vicente Rosado que me los ha facilitado, he pasado una tarde entretenida leyendo lo que era El Escorial por aquellos años 50 y de paso disfruté con los anuncios que el Semanario recogía en sus páginas. He hecho un recorrido casi virtual por lo que fue el Escorial desde el punto de vista de sus locales de negocio y anuncios en la prensa local. Con algunos esbozaba una pequeña sonrisa, con otros volvían los recuerdos del invernadero y por qué no en algunos, un gesto de tristeza. Dicen que poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces. Y eso es lo que pretendo hacer. Muchos de estos anuncios formaron parte del periódico durante los años que estuvo en circulación en sus dos épocas de existencia y muchos son y han sido parte importante de nuestro pueblo.

El anuncio es un soporte de breve duración que trasmite un mensaje para promocionar algo, un local, un producto o a alguien en particular que quiere publicitar sus servicios. Su técnica expresiva visual o su mensaje han variado a lo largo del tiempo y de los medios. Y así vemos como lo hacían los anunciantes del Veleta en aquellos años.

La Pastelería La Violeta Imperial se anunciaba desde Floridablanca 18, primer local que después cambiaría por la Plaza de la Ánimas y la calle Juan Leyva. El Hotel Felipe II, cuando lo era, anunciaba los Te-Bailes de las tardes del domingo donde el maestro Ramalli deleitaba con su violín y acompañaba con su pequeña orquesta las tardes veraniegas sanlorentinas. El Parque en el que vivimos las fiestas y verbenas más divertidas de los veraneos escurialenses, publicaba a toda página la Gran Verbena del Carmen de 1.955 en la que se despedía a la Regidora del verano anterior, la simpática Sisa Escriña. La Fiesta sería amenizada por grandes artistas. El Parque anunciaba a bombo y platillo el 17 de Agosto de 1.952 la actuación de Juanito Valderrama “después de su triunfal jira por el Sur de Francia” escrito gira a toda página con “j”. Y también en este precioso local del Parque se anunciaba la Rosa del Azafrán en la que “distinguidas señoritas de la Colonia Veraniega interpretarán el Coro de las Espigadoras”.

Bares y restaurantes como el Pasaje “Pimentel”; Alaska “la terraza más fresca del Escorial”; Manjarín “para comer barato”; el Bar del Seminario, Zarco, hoy levantado y funcionando otra vez; el Columba que “se acredita por sí mismo”; El Batán con “Piscina de agua corriente”; Bar Madrileño antigua Casa Arturo con “mariscos fresquísimos”. La Piscina El Club Prado Tornero en la Villa se anunciaba “con un servicio de autobuses directo desde los Soportales; con Bar Americano, tenis, bolera, ping pong y Sala de Fiestas”.

¿Os acordáis de los Almacenes Prada? Se anunciaban como almacenes con “tejidos selectos, mercería y géneros de punto. Muebles, camas y somiers”. Todo un gran almacén en la calle Joaquín Costa, 8 y teléfono 285. En el mismo anunciaba Tejidos El Siglo en General Sanjurjo, 16. “Señora: sus medias y lanas para labores únicamente en El Globo y Nuevos Almacenes” y otro: Romito: loza, cristal y artículos de limpieza ¡Hay botijos finos de mesa! Grandioso y directo anuncio para comprar botijos.

Algo hoy desaparecido pero muy útil en aquellos años y así lo anunciaba Herranz: “Facture sus mercancías y equipajes por este servicio de interés para todos los usuarios del ferrocarril”.

En Veleta se anunciaban: José EstevezCantero”; La JoyaPerfumería y Bisutería”; Papelería Los Soportales (todavía en mi memoria las dos creo hermanas que la gestionaban). Pastelería Claudio González; el Hotel Jardín; La Viuda de Clemente Jorge-Carpintería y Ebanistería; Martín ArroyoEl Palacio de la Radio y la Electricidad” que además anunciaba “Camas de todas clases” en General Sanjurjo, 33; La Oficina hoy dando comidas. El Chalet de Mariquita Pérez objetos para regalos en Floridablanca.

“Vivirá como tal si se hospeda en la Residencia Príncipe. Recomendado para las personas de buen gusto”. Asiduos los estudiantes, con posibles, de la María Cristina. La gran Escuela de equitación de Avelino que junto a la puerta de la Herrería alquilaba y daba clase de monta y de doma.

Seguiré recordando porque puedes cerrar los ojos a la realidad pero no a los recuerdos.

 

Tertulias

Tertulias

Alguna vez he escrito de las tertulias de los antiguos cafés, ya desaparecidos, cosa que siempre me apasionó. Lo digo en pretérito porque muchos cafés y con ellos sus tertulias han ido desapareciendo, al menos, en su concepción. A finales del XIX y principios del XX no existía café sin tertulia ni tertulia sin escritor o artista que la formara. La tertulia era consustancial con la vida cafetera. El frío en las casas de muchos artistas y bohemios ayudaba a vivir estas tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la madrugada madrileña celebrándose en estos locales que estaban mejor preparados para las frías noches capitalinas. Aquellas tertulias del café de Venecia; Café de la Montaña (Puerta del Sol), Lisboa, Suizo, Cervecería Alemana (plaza Santa Ana) taurina con Luis Miguel, Antiguo Café del Pombo (Gómez de la Serna), Colonial, Comercial, La Fontana de Oro, Fonda de San Sebastián…y tantas hoy desaparecidas.

Tertulia del Café Pombo con Gómez de la Serna

Las tertulias mías en Madrid siempre han sido de cuerpo presente ante la barra de un bar. Son tertulias diferentes que no cumplen los cánones de lo que se define como tertulia pero que tienen su encanto. Muchas han sido pero recuerdo una en el desaparecido Embassy de la calle Ayala a la hora del aperitivo que en Madrid se define como entre 13,30 y las 15,30h. La gente se iba adhiriendo a medida que sus trabajos iban cumpliendo, hasta ocupar prácticamente la barra entera. Recuerdo que a ella se iban agregando un conde ruso, elegante y culto personaje; un antiguo fundador de muchos populares diarios y revistas; un editor de una revista de mucho fondo político; un amigo que jugó conmigo al hockey sobre hierba en el Club de Campo y un variopinto grupo de tertulianos del cóctel de champán.

Recuerdo una en el Café Gijón que reunía a actores de cine (Álvaro de Luna el Algarrobo y Manuel Alexandre entre otros) y algún que otro adherido, a la hora del café y del puro. Reunidos en la primera mesa junto a la entrada y al cerillero Alfonso que les escuchaba sin entrar en sus cosas a pesar de ser amigo y a veces “prestamista” de alguno de ellos. Cerillero y anarquista como reza la placa que escribió Arturo Pérez Reverte y que está colocada donde vio pasar la vida. Yo también veía la vida pasar pero en mi caso tomando café y copa en la barra desde donde escuchaba, a veces, los fuertes contrastes de pareceres de los tertulianos.

Aquí en el Escorial existieron y alguna existe, muchas tertulias que se conocían por el nombre del local donde se celebraban: la del Miranda generalmente con partida de mus o dominó incluida; la mañanera al aperitivo del Hotel Victoria con abogados, periodistas, escritores, médicos y algún taurino; las tertulia con el pretencioso nombre de los Jardines de Bolonia, con comilona incluida en casa de Polilla; las del Casino, creo que hoy cerrado, con partida incluida; la del Plantel, creo que los miércoles por la noche, de un grupo de pintores capitaneados por José Alcázar y el doctor Robles que cambió la bata blanca de médico por la bata blanca de pintor algo más sucia por restos del color; las actuales del Croché, el Ateneo escurialense….

Yo he participado en algunas de ellas pero para mí las mejores eran delante de la barra como a las que asistía en Madrid. Recuerdo las Pimentel, las del Cano, las del Miranda, las del Plantel o Subiendo al Cielo, en el Keeper actual, en la Villa y tantas otras en las que he pasado grandes y divertidos momentos hasta que un pequeño problema me ha apartado de ellas, al menos por ahora. He querido recordar aquí una muy especial para mí por la gente que a ella asistía. Llegaba yo antes que los demás a la pequeña barra del Charolés, hoy creo que inexistente, con lo que aplicando la ley de la taberna, que aquí como en muchos sitios se practica, casi siempre me tocaba empezar invitando uno a uno a los que iban apareciendo. Como mi economía no era boyante tuve que retrasar un poco mi llegada para poder llegar a fin de mes. Era una tertulia matinal a la hora del aperitivo y por allí pasaron grandes amigos del pueblo y veraneantes. Todo se comentaba y de allí salíamos con las pilas cargadas para seguir en nuestras ocupaciones. No quisiera dar nombres por las seguro ausencias que mi memoria produciría pero fueron momentos muy agradables que se han quedado guardados en mi invernadero de las alegrías pasadas. ¿Será verdad que tiempos pasados fueron mejores?

 

 

El kiosco de Prensa

El kiosco de Prensa                                                            

La prensa escrita empieza a masificarse y popularizarse y pasa de la venta ambulante con el vendedor voceando la cabecera y los titulares de las principales noticias, al nacimiento de los kioscos que con el paso de los tiempos se han ido modificando hasta su actual concepción que se presentan como pequeños “súper” donde se vende casi de todo.

Fui a comprar el periódico como la hago todas las mañanas. Era la fiesta de San Bernabé en la Villa y todo, excepto los “chinos”, los bares y la farmacia de guardia, permanecían cerrados festejando a su patrón. Esa pura acción casi mecánica que realizo todos los días, me hizo pensar. Allí el kiosco estaba abierto en un día de fiesta y allí permanece como una farmacia de guardia más, muchas horas abierto en beneficio de los lectores de prensa y revistas, “farmacia” que utiliza medicinas en letra impresa para los que se acercan a encontrar alivio a su necesidad de conocimiento de la actualidad. Sólo tres días al año no se publica prensa: el Sábado Santo, el día de Navidad y el día 1 de enero. Esos son los tres días de fiesta de un kiosco profesional y comprometido con sus clientes. No sé si seguirá pero en la calle Maldonado de Madrid ha existido un kiosco 24h como muchas de las actuales farmacias.

En mis recuerdos quedó aquel día que no podía dormir. Tras horas intentándolo llegaron las siete de la mañana y, decidí, aunque chispeaba, arreglarme y lanzarme a la calle. Tras dar una vuelta en coche analizando lo que ocurre en el pueblo a estas horas de la mañana, decido tomar un café en la estación y comprar el periódico si el kiosco de Carlos estuviera abierto. Y allí estaba ordenando los fardos de papel de prensa y revistas que acababa de llegar y pude entretenerme un buen rato hasta que mi estado por  no dormir comenzó a estabilizarse.

Leo en Facebook, noticia y fotos publicadas por Jesús Ayuso, que el kiosco de la plaza de los Jardincillos ha cerrado el 30 de abril después de 74 años de venta de revistas y prensa y pasar por él nada menos que tres generaciones. Iniciada su actividad en 1.944 por Manuel Gómez es continuada por Manuela García “Manolita” que jubilada se lo deja a su hija Silvia que lo ha gestionado hasta su cierre. La bonita plaza de San Lorenzo pierde a uno de sus referentes más importantes y seguro que a mucha gente le embargará la tristeza cuando lo vea cerrado aunque seguro que alguien vendrá para no dejar huérfanos de letra impresa y fotos del corazón a los muchos que se acercaban por este kiosco. Su vecino Crispín, personaje arlequinesco de “Los intereses creados” obra teatral de Don Jacinto Benavente, sentirá su marcha después de tantos años juntos viendo pasar la vida en letra impresa.

Manuela García y Silva de Castro en el kiosco de la plaza

Como escribió José Guirado con este motivo “ir a por el periódico no suponía una mera transacción comercial sino un acto social de amistad” .

El kiosco de prensa resulta accesible a todas las personas con independencia del estrato social al que pertenezca y cumple una cierta “relación interpersonal”. Las personas que acuden al kiosco saludan al propietario o a otros vecinos que hacen la misma actividad que nosotros e intercambian noticias, el resultado de su equipo o la meteorología reinante, dando soporte a la vida pública de la zona, del pueblo o la ciudad de residencia. El kiosco está cubierto de historia urbana y es canal de comunicación de muchos que van conformando la vida a diario.

Muchas cosas se pueden contar de los kioscos de prensa pero para mí la más importante es que nos hacen más amable y entretenida esta nuestra complicada vida que nos hemos dado para vivir.