Del Escorial al Escorial

Del Escorial al Escorial

Como muchos vecinos de Arriba y de Abajo que van a diario a Madrid a trabajar o resolver algún problema administrativo, hoy, día lluvioso y gris, me ha tocado a mí embarcarme en esta aventura. Salgo temprano y enfilo la carretera de Galapagar. Me gusta más ir por esta carretera que por la autopista, ya que está jalonada de fincas donde, al menos, se puede ver,a veces, ganado pastando. Al llegar a la Iglesia de San Bernabé un buen hombre, enseñando una señal de stop, me detiene para que pasen los vehículos de sentido contrario. Unas obras de mejora de las aceras han estrechado la calzada y si vienen camiones no cabemos los dos. El buen señor de la señal, me enseña el revés con una flecha que indica que podemos pasar. Moderno sistema de control de la circulación en estos momentos de informatización y controles electrónicos.

Paso la rotonda de la Granjilla y llegando a la depuradora, una cigüeña que vino por San Blas, pasa delante de mí en vuelo rasante y adivino unas ramas en su pico. Sus alas parecen abanicos aireando su majestuoso vuelo mientras se acerca a su morada ¡Me encanta el vuelo de las cigüeñas! Es una cigüeña cuya casa está reformando, mientras su pareja espera ansiosa en lo alto del nido junto a la Ermita de la Señora de la Herrería. Saben que la Virgen las protege.

Continúa mi viaje a Madrid y llego, tras una cola de vehículos provocada por uno que pasea, al Embalse de Valmayor. Cruzo el puente mientras me pregunto el porqué de su poca agua embalsada cuando la lluvia ha sido generosa últimamente, se ha producido deshielo y los riachuelos y afluentes llevan agua en cantidad. No me lo explico.

El camino se va llenando de coches a medida que se incorporan los vehículos de las distintas urbanizaciones que como grandes afluentes van a parar al río de asfalto de la M-505.

Galapagar se hace visible y la rotonda que reparte la circulación está colapsada. ¡Que poco me gustan las rotondas! Permítanme que las odie. La serpiente de vehículos llega al puerto de Galapagar donde la lentitud de paso más por prevención y seguridad ante la lluvia que cae que por otras razones, llegamos a la zona de la autovía donde se inicia una carrera a toda pastilla ya que en ella se permite el adelantamiento al ser de doble carril. Y poco a poco llego a la autopista de la Coruña donde el parón comienza y durará hasta la desviación de la M-40 en la que muchos vehículos se desvían. Todavía hasta que me adentre en Madrid deben pasar veinte minutos. La Plaza de Cristo Rey es un desastre con coches parados en todas direcciones y colapsando los carriles. La razón es fácil. Está ordenada por agentes de Movilidad.

Dejo el coche cerca del Bernabéu y tras hacer unas gestiones bancarias tomo un taxi para asistir a una comida programada con un amigo mío de Málaga. Le digo la dirección: calle de la Madera y allí nos dirigimos. La zona está cerca de la Gran Vía junto a la calle de La Luna con viviendas del XIX y principios del XX. Junto a los muchos bares y restaurantes tres teatros el Victoria, Alfil y Lara hermanan la cultura con el ocio y el buen comer.

Esta pequeña historia termina en el local al que iba a comer en la calle de la Madera que hace semiesquina ¡qué casualidad! con la calle Escorial. Todo me compensó.

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