Iñaki Oyarbide nos ha dejado

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Iñaki Oyarbide nos ha dejado

Me comunican la muerte de Iñaki Oyarbide y aunque conocía su enfermedad no lo podía creer. Se marchaba un amigo, un gran cocinero y un hombre bueno de sonrisa perpetua a los fogones del cielo para seguir haciendo sus platos preferidos que le enseñó su madre doña Chelo Apalategui, platos de la cocina navarra que era con los que realmente disfrutaba en la cocina. D. Jesús, su mujer Charo y sus hijos Iñaki y Javier son parte de la historia gastronómica madrileña. Llegados de Navarra abren junto a la Castellana, en 1.993, el restaurante Príncipe de Viana, que antes lo fue en el puerto de Echegárate, avanzadilla de Zalacaín que sería el primer restaurante madrileño con tres estrellas Michelín. Cuentan que las cocinas de Zalacaín estuvieron en prueba seis meses que mantuvieron abiertas exclusivamente para amigos y familiares que probaban la cocina, el servicio y todo lo necesario para que aquello funcionara a la perfección ofreciendo una cocina desconocida hasta entonces.

Tras el fallecimiento de su padre, Iñaki y Javier se hacen cargo del Príncipe de Viana ya que Zalacaín tuvo que ser vendido. La crisis echó el cierre al Príncipe de Viana y una dura enfermedad mantiene a Iñaki fuera de juego una temporada. Abre en el mismo local después del cierre su IO un local distinto con varias zonas y una enorme terraza que tuvo que cerrar por problemas ajenos a la gastronomía de la que nunca renunció.

Y no hace mucho tiempo abre frente al Retiro la que llamó casa de comidas La Chelo nombre de su madre y maestra de la que nunca renunció a aprender su cocina. Como dice Carlos Mirabona “de sus manos salían lo mismo una menestra fantástica que unas pochas frescas guisadas con sus sacramentos que estaban para hacerles un monumento. No habían en Madrid un bacalao ajoarriero como el suyo, ni lengua de ternera con aceitunas, ni manitas deshuesadas, ni leche frita… por no hablar de esos canutillos de crema»

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Pero Iñaki no sólo quería a su navarra natal. El Escorial siempre fue una segunda casa que visitaba muy a menudo. Pasaba los veranos con sus padres en la Urbanización Los Escoriales, hasta que su padre, enfermo, pasó a vivir en la Ballestería junto a su madre Doña Chelo. Muchos fines de semana a Iñaki se le veía visitando a los muchos amigos que deja en San Lorenzo recorriendo con ellos sus bares y restaurantes siempre acompañado de su pegadiza sonrisa. Tanto quería al Escorial que en 1.994 abrió el “Regalero Real” en las Cocheras del Rey que tuvo poca vida pero que dejó huella en San Lorenzo.

Se ha ido un amigo, un gran cocinero y un amante del Escorial a los fogones del cielo.

 

 

 

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