Romance de la niña que quería un vestido

 

Jose Federico de Carvajal

La niña que quería un vestido

La muerte, el día de hoy, de José Federico de Carvajal, primer presidente del Senado de la democracia me ha recordado un precioso romance que escribió en el Semanario Veleta en julio de 1.952, semanario que nacióen 1.945 de la mano de Carlos Sabau con la intención de revitalizar la Romería. ¡Cuántas firmas importantes pasaron por el periódico de San Lorenzo! Desconozco se relación con El Escorial pero me figuro que sería un veraneante más en aquellos años. Postrado en una silla de ruedas desde hace años, el político y abogado  tuvo en la poesía una de sus pasiones de juventud que compaginaba con su afición a los trenes en miniatura.

Después de buscar el romance entre mis archivos escurialenses, he tenido a bien publicarlo para conocimiento de los lectores del blog.

Quiero madre que me compres / para la fiesta un vestido / que tenga sayas azules /con ajustado corpiño.

Quiero que tenga las medias / hechas con hilo del fino, / un pañolón de colores, / y los bonitos zarcillos / que un día trajo padre / cuando de la feria vino.

Tu me peinarás el pelo / y me harás bucles y rizos / para que todos los mozos / vengan al baile conmigo.

Pero yo bailaré sólo / con aquél mozo cetrino / que me requirió de amores / cuando la siega del trigo.

Duerme tranquila, hija mía, / que te compraré el vestido.

La niña baila en la fiesta / entre risas y entre gritos, / las mejillas coloradas / llenos los ojos de brillo.

La madre sonríe sentada / entre vecinos cobrizos / aunque  a veces la sonrisa / se le torna en un suspiro, / porque el último recuerdo / de su difunto marido, / reloj y leontina de oro, / tuvo que haberlo vendido.

Pero ahora la niña baila / con aquel mozo cetrino / luciendo sayas azules / con ajustado corpiño.

Quién sabe si serán novios / antes que pase el domingo, / y hasta puede que ambos casen / para la siega del trigo.

Las estrellas se contemplan / en los espejos del río.

Su luz recorta en la sombra / los contornos imprecisos / de la torre de la iglesia / y las aspas del molino.

De la fiesta ya no quedan/ más que los cascos vacíos/esparcidos por el suelo / de las botellas de vino

Una niña en la ventana/mira los luceros vivos.

Una madre teje y cose/blancas sábanas de lino.

Un mozo va calculando/por la vereda de olivos/en volver para casarse/cuando esquile los merinos.

¡Ha quedado mucho más/de la fiesta del domingo!

Por José Federico de Carvajal

 

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