Los tejados del Monasterio

Maqueta del Monasterio

Los tejados de pizarra

Si nos fijamos en los tejados de los edificios escurialenses vemos que casi la totalidad están terminados en piezas de pizarra, material rocoso que habilidosos pizarreros colocan sobre un armazón de madera, sobre la que se fijan unas láminas de plomo y a éstas se grapan pequeñas piezas de pizarra.

Parece que Felipe II gustaba de este material rocoso para cubrir los tejados ya que “eran buenos porque no pesan como el plomo, sirven para la nieve sin ser calurosos en verano, y son lúcidos, bellos y dan severidad a los edificios”. Conocidas las techumbres con pizarras en sus viajes por Flandes y Alemania las introdujo en España como seña de identidad de la arquitectura de su dinastía. Así lo cuenta Alfonso de Ceballos-Escalera, Cronista de Armas de Castilla y León, en un interesante documento que no recuerdo como ha llegado a mis manos, titulado “Las Reales Minas de Pizarra de Bernardos” mina segoviana de la que salieron las miles de piezas de pizarra que conformarían los tejados y chapiteles del Monasterio de San Lorenzo el Real.

Aunque el empizarrado era una técnica complicada por su dificultad constructiva y no existían pizarreros hábiles ni grandes minas, hubo que buscar las explotaciones lo más cercanas a las obras reales y traer a pizarreros flamencos algunos de los cuales trabajaron en las obras del Monasterio escurialense. Los tres pizarreros de las obras reales residieron primeramente en Segovia, aunque pasaron luego a tener habitación en el Real Sitio de San Lorenzo.

El interés del Rey por la pizarra para la cubrición de sus obras, le llevó a abrir hacia 1.560 una cantera en el lugar de Bernardos, aldea de Segovia, que proporcionara las grandes cantidades de pizarra necesarias para sus obras, para lo que trajo a varios minadores franceses. La mina se hundiría para tras los trabajos de reforma volver a abrirla. Más tarde se solicitaría licencia para una nueva mina y en otro lugar cercano, Carbonero el Mayor, una pequeña mina surtiría también de pizarra a las obras reales produciendo roces con los pizarreros de Bernardos.

La lista de las miles de piezas que se sacaron de estas minas para obras del siglo XVII sería interminable. “En 1.653, el Rey ordenaba acelerar la cubierta del Monasterio de San Lorenzo el Real, a cuyo efecto la Junta de Obras y Bosques ordenaba al veedor de Segovia que diese al administrador de las canteras de Bernardos las instrucciones precisas al efecto”. Años después, en 1.673, a causa de un grave incendio, hubo que enviar grandes cantidades de pizarra segoviana para la reconstrucción de los tejados y chapiteles desaparecidos en el incendio. Durante el siglo XVIII miles de piezas de pizarra salieron de estas minas de Bernardos para ejecutar obras de iglesias, palacios y conventos que iban aumentando con la terminación de las obras del nuevo palacio de San Ildefonso o el Palacio de Felipe V. También en 1.722 salían de las minas segovianas 10.000 piezas para las obras del palacio y casas de oficios de San Lorenzo el Real así como en 1.725 otras 10.000 para el Monasterio. De estas minas saldrían las piezas de pizarra que cubrió la Casa de la Villa del Ayuntamiento madrileño.

Conocer el número de ventanas que existen en el Monasterio no es difícil. Se pueden contar o leer en algún libro para decir que son 2.673. Lo que sería algo más complicado sería contar  las pizarras que se utilizaron y que cubren los tejados y las torres de la obra escurialense.

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