La Puerta del Sol

Nunca me ha gustado la Puerta del Sol. Reconozco sus valores históricos,  como reconozco que allí se desarrollaron importantes acontecimientos y que ha tenido una vida intensa como centro neurálgico, político y turístico de la capital del Reino de las Españas, como decía refiriéndose a Madrid el ex alcalde Álvarez del Manzano, pero no me gusta.

Ha habido una Puerta del Sol que sí me gustaba y de la que me hartado de leer. Era aquella de finales del siglo XIX y principios del XX donde los cafés se apiñaban en sus aledaños y muchos formando parte de ella. Quise ir a buscarlos pero se fueron de esta vida para dejar paso a la modernidad que ellos ya no lo eran. No fueron complacientes con ellos y los dejaron morir sin guardarlos en almonedas para que otros, quizás, un día los compraran para ponerlos en la vitrina de la Historia.

En esa Puerta del Sol entre aguadores, afiladores, manolas, rabaneras, horchateros -todos de Valencia como los afiladores de Orense o los serenos de Asturias-, entre vendedores de cangrejos, cántaros, canastillas y barreños; entre gritos de silleros, alpisteros o sarteneros, en esa Puerta del Sol me hubiera gustado vivir.

Puerta del Sol, con Castillo o sin él, con puerta o portillo, o con “ná de ná” dicho de forma castiza, mirando al oriente, o con el sol grabado en el nonato frontispicio del que algunos autores hablan que existió coronando el castillo. Puerta del Sol, antes de tierra polvorienta, empedrada después y rajada más tarde por los raíles de tranvías de caballos o eléctricos, para dejar paso ahora a una colcha de betún negro que tapa las sábanas de piedra de antaño. Puerta del Sol de buñoleros, aguadores de cebá, vendedores vociferantes, rameras, puretas, mendigos, desafiantes bohemios. Esa es la Puerta del Sol que me gustaba.

Puerta sin puerta, abierta a los de aquí y a los foráneos, iluminada por lamparillas petrolíferas, que parecían lunas mohínas en cuarto menguante, para ser después alfonsinas gaseosas, pirulís de fluor y ahora, también alfonsinas de iluminación de Endesa, Iberdrola o Hidroeléctrica, que no lo sé. Donde se podía comer por cuatro reales en sus numerosas tabernas. Esa es la Puerta del Sol que me gustaba.

En esta Puerta del Sol nacen los principales adelantos de la humanidad como los tranvías de caballos y mecánicos, el telégrafo, el teléfono, la iluminación o el metropolitano y también los cafés más famosos que, utilizando su goma de borrar, el tiempo ha hecho desaparecer del papel histórico que representaron  y no dejar ni la muestra. En muchos casos, en estos cafés, las tardes eran amenizadas por música de profesores, orquesta generalmente de dos: un pianista y un violinista algo caducos pero al fin y al cabo músicos excelentes. Esa es la Puerta del Sol que me gustaba.

Igual que los franceses y mamelucos tomaron la Puerta del Sol en aquellos días aciagos de 1.808, ahora “los indignados” la han tomado para protestar por esa generación perdida y sin futuro que el Gobierno con Zapatero al frente ha tenido a bien ofrecerles. Indignados pero una semana antes de las elecciones y no durante los tres años de agonía. Si muchos estábamos de acuerdo con las primeras protestas, a medida que pasaba el tiempo fueron apareciendo los aprovechados para vender sus propuestas o su falso izquierdismo. Declaraciones de Penélope Cruz que causan risa, actuaciones del actor Willi Toledo, IU queriendo sacar partido, los del PSOE pidiendo el voto a sus propias víctimas, Zapatero apoyándoles y Rubalcaba, sabiendo que era la Jornada de reflexión,  manteniendo, si no la creó él, la concentración y acampada incumpliendo la ley electoral. Habrá pensando, seguro, que si la disolvía se volvería contra ellos en las elecciones. La historia se repite.

Okupas, ecologistas plantado sus verduras junto a Carlos III, grupos ácratas, anarquistas, inconformistas, parados, y también estudiantes y jóvenes que acabaron la carrera hace años. Democracia asamblearia sin partidos; pancartas en favor de la III República, del ahorcamiento del Rey Juan Carlos y el reparto de las habitaciones de la Zarzuela. Más Estado, menos impuestos y los bancos y banqueros a la hoguera; expropiación de las viviendas vacías y por supuesto dárselas a estos “indignados” sin pagar un euro. Son algunos puntos de su programa reivindicativo.

¿Por qué en Sol y no en Ferraz o en La Moncloa sede del culpable de esta situación?

Ver la Puerta del Sol con toldos azules, pancartas, sofás, tiendas de campaña con señores y señoras medio desnudos, gente sucia con sucias melenas de peinados afro o de indio mohicano…es una imagen que no va conmigo ni con mucha gente como yo. ¿Qué opinará el turismo que a diario llena la Puerta del Sol? Me ha recordado a las del 0,7 y a la de Sintel,  junto al  Bernabéu, que tampoco desalojaron por miedo a las consecuencias.

Según los indignados ha llegado el momento de la “higiene democrática” y yo creo que lo que ha llegado es la hora de la higiene de agua y jabón y el desalojo para la limpieza de la plaza. La situación para vecinos y comerciantes es insostenible.

“La policía no está para crear problemas, sino para resolverlos”, Rubalcaba “dixit” para justificar su no intervención en la acampada. Mentira. La policía está para hacer cumplir las leyes a quien las incumpla se creen o no problemas. No se ande con circunloquios de los que, Sr. Rubalcaba, es usted un maestro.

Igual podíamos decir de su Gobierno. El Gobierno no está para crear problemas sino para resolverlos.  Eso es lo no que han hecho durante estos siete años de sufrimiento compartido. Han creado problemas entre los españoles, han abierto heridas que se consideraban cerradas, han creado cinco millones de parados, han realizado el mayor recorte social de la historia democrática. Han creado problemas con la Iglesia y con la U.E y lo más grave es que han decidido que los etarras hayan vuelto a las instituciones con el nombre de Bildu. La lista de problemas creados sería interminable  pero este último, según hemos visto en los resultados de las elecciones es el más preocupante y el que traerá graves consecuencias.

La “soberanía nacional” que se había instalado en la Puerta del Sol, a la vista de los resultados de las elecciones, ha iniciado el proceso del azucarillo en un vaso de agua. Se disuelve no sin antes aprobar nuevas propuestas como la de “obligar por ley a los padres de alumnos a reunirse en los colegios una vez a la semana” A la vista de todo esto, ¿se explican ahora por qué los socialistas y estos movimientos del 15-M han perdido las elecciones, aunque estos últimos no crean en ellas?

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