18 de julio de 1.936

Artículo que publiqué en la Gaceta Escurialense el 18 de julio de 2.009.

 Este sábado 18 de julio, hará 73 años de aquel fatídico día de 1.936. Escribió mi padre en un cuaderno de memorias y recuerdos sobre su cautiverio durante la Guerra Civil, que el citado domingo día 18 de julio no hubo incidente alguno en San Lorenzo del Escorial e incluso se celebraron las misas en todas las iglesias del pueblo. Ávila se había sublevado y se hablaba de que una columna, procedente de Salamanca, pasaría por Guadarrama en la madrugada del domingo al lunes, camino de Madrid. Las comunicaciones ferroviarias con Ávila fueron cortadas y se organizó un único tren para que pudieran regresar a Madrid todos los turistas que habían llegado a El Escorial para pasar el día.

Se valoró la posibilidad de marchar a Madrid aquellos que tenían obligaciones pero por la tarde se cambió de opinión vistas las dificultades de transporte, cortadas las comunicaciones ferroviarias y sin saber si haría su viaje el autobús de línea. Y así terminó el domingo, víspera del comienzo de la guerra civil ya que fue el lunes el día que se rompió el fuego entre ambos bandos.

Las cosas estaban más o menos tranquilas en San Lorenzo del Escorial sin que surgieran incidentes importantes a excepción de las detenciones que se iban produciendo a derechistas del pueblo. Se iba llenando de milicias y en los primeros días del Movimiento se ocupó militarmente el pueblo y sus alrededores. La gente se recogía en sus casas esperando, según decían, un combate con una columna que venía por Robledo.

La vida seguía normal en San Lorenzo, dentro de la anormalidad que las circunstancias imponían, como algunos registros por policías de Madrid. El Alcalde procuraba que no se molestase a la Colonia veraniega, a pesar de haber requisado todos los automóviles y no ocurrió incidente alguno.

El 12 de agosto, tras un bombardeo sobre algunos puntos estratégicos y al que no se le dio gran importancia, los incidentes comenzaron a ser mucho más serios. A las seis de la mañana despiertan a mi padre unos milicianos y soldados para hacer un registro superficial, pero eso si, sin atropello alguno. Tras reunir a todos los de la casa de mis padres y abuelos les dijeron que tenían que llevarlos al Ayuntamiento con el pretexto de comprobar la personalidad de cada uno de los hombres, cosa que incumplieron a llevarlos en dirección contraria con lo que la preocupación y el temor recorrió a todos los que habían reunido para su traslado.

Mi padre, abuelos y cuatro tíos muy jóvenes fueron llevados con mucha mas gente, al Patio llamado de Palacio, en el Monasterio y allí se encontraron con muchos hombres, gentes de derechas del pueblo, del barrio de Abantos y los que se hospedaban en el Hotel Miranda, hotel por el que habían empezado las detenciones a la una de la madrugada y que continuaron durante toda la mañana.

Después de la primera noche el aspecto del patio era repugnante y desagradable. Los hombres allí detenidos, tumbados en el suelo, parecían cadáveres envueltos en mantas. Nadie sabía el porqué de su detención, aunque un jefe de milicias, delegado del Ministerio de la Guerra, dijo que deberían agradecer estar allí pues estaban más seguros que en el pueblo.

Continuaron los interrogatorios mientras algunos eran puestos en libertad. Los milicianos entraban y salían produciéndose episodios desagradables. Algunos buscaban a sus patronos para ajustarles las cuentas según decían. Otros quedaban en libertad mientras mi padre, abuelos y tíos seguían allí. Durante cuatro días encerrados, durmiendo al aire libre, con tormentas nocturnas y mal comidos hizo que muchos cayeran enfermos y puestos en libertad. Entre los liberados figuraban mis abuelos y tíos con la obligación de evacuar el pueblo en 24 horas. A mi padre y a otro tío les dejaron salir dos días después. Ese mismo día se publicó un pregón obligando a los veraneantes que no pertenecieran al Frente Popular a evacuar El Escorial en un tren que se formaría a la mañana siguiente a las diez. Con esa decisión comenzó un calvario para mi padre, tíos y abuelos.

Mi abuelo Luis decidió quedarse en San Lorenzo y sería el 14 de agosto, la última vez que mi padre le vio con vida pues fue detenido y asesinado en Madrid. ¿Se hubiera salvado de no haberse quedado? Nadie lo puede asegurar. Mi otro abuelo y tres de sus hijos fueron obligados a salir del Escorial y fueron detenidos y asesinados en Madrid al poco tiempo.

Allí empezó un largo peregrinar de mi padre por cárceles, checas y legaciones diplomáticas donde consiguió esconderse durante los años de guerra. Mientras mi madre con dos pequeños de la mano, tuvo que salir de Madrid. Tras un largo viaje a Valencia, embarcarse a Marsella y de allí a San Sebastián, se quedó en la capital donostiarra durante los tres años de guerra, muy lejos de su marido, mi padre.

Pero mis padres volvieron al Escorial, una vez finalizada la guerra, y no dejaron de ir hasta su muerte hace pocos años. Jamás le oí a mi padre una sola palabra de rencor o de odio por el calvario que pasó. Aquello no le movió a venganza ni resentimiento y ayudó al pueblo sin mirar su color político de quien se lo pedía; fue fundador del Semanario Escurialense; colaboró con todos los alcaldes; fue miembro de la Comisión de festejos del Ayuntamiento; fundador del club Filatélico Escurialense; Pregonero y Romero Mayor de la Hermandad de la Virgen de Gracia; ayudó a colegios y clubs deportivos con material deportivo, desde su cargo en la Delegación de Deportes etc. etc. Jamás le negó nada a nadie del pueblo que se lo pidiera. Esta es mi memoria histórica, la del Juez Garzón es otra

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