La dedicatoria
Escribir produce muchos sinsabores y quebradores de cabeza por las críticas, malamente expresadas, con lenguaje típico de “verduleras” (no sé por qué ponemos a las pobres verduleras como ejemplo de mal habladas) críticas a las que nunca sabes si contestar o aceptarlas sin más. Al final te callas por educación y profesionalidad y procuras demostrar con la palabra escrita, la razón misma de tus testimonios. Pero el mero hecho de escribir sobre nuestro pueblo me ha reportado algunas satisfacciones que cuando llegan te llenan de orgullo y te endulzan el día haciéndote olvidar las otras.
Y esto es lo que me ha pasado en estos últimos días. He recibido un libro y una dedicatoria que me ha hecho despertar el espíritu que lo tenía algo dormido. Nunca he entendido las colas en las ferias de libros o en los grandes almacenes para que un escritor de renombre o ganador de algún premio literario, te dedique su último libro. ¿Qué consigues con ello? Tener en casa un libro de Vargas Llosa, de Camilo José Cela o de Ildefonso Falcones con la frase “a mi amigo… con todo afecto y cariño de …” Todo mentira. Ni es su amigo ni se lo dedica con afecto o con cariño pues no le conoce de nada.
Me figuro al escritor al que le llega un señor y le dice:
-Por favor querría que le dedicara el libro a mi suegra Rosalinda que es una fan suyo y ha leído todos sus libros. Qué pensará por dentro el escritor. Reirá mientras escribe o sonríe al caballero con cara de incredulidad. Pues no lo se. Nunca he firmado libros. Creo que por esto y algunas cosas más, que reconozco que a lo mejor es una manía mía, sólo tengo cuatro libros dedicados: Uno, “Los silencios del Rey”, escrito por mi gran amigo, y esto si es verdad, Joaquín Bardavío. Otro de un señor en toda la extensión de la palabra, amigo, catalán, asegurador y un perfecto “bon vivan” que escribió un ensayo sobre lo que espera de la vida y lo que ha sido la suya, muy bien llevada por cierto. El tercero es un libro muy buscado por los estudiosos de estos temas “Notas Genealógicas de un linaje del Valle de Soba” un estudio pormenorizado de toda la familia Sáinz de los Terreros y de sus antepasados, escrito por un primo de mi abuelo y que nuestro padre regaló uno a cada hermano. Y el cuarto es el que acabo de recibir escrito por Antonio Guisado con una sentida y bonita dedicatoria, según él, por los buenos ratos que pasa leyendo mis escritos sobre el Escorial. ¿A alguien no le llenaría de orgullo y satisfacción y se sentiría como un rey por algo así? Pues a mí eso me ha pasado.
El libro que me ha regalado Antonio es “un texto dramático que nos muestra las maravillas de la ciudad del Escorial de una manera futurista ingeniosa y creativa”. Es una obra corta en clave de comedia, que engancha gracias a la variedad de personajes y a los acontecimientos que se suceden.
En 1.989 la desaparecida Asociación “Amigos del Real Coliseo Carlos III” convocó el Premio Eloy Fernández de la Peña. La obra premiada, según las bases del concurso, sería puesta en escena. Efectivamente. Tal como se recoge en el Prólogo del libro de Antonio, el jurado concedió el premio, compartido con la obra “La basura” de Pedro Catalán, a “El Escorial 2.089” de Antonio Guisado y un año después la obra fue incluida en los llamados Festivales de Verano y representada, nada menos, que en el Patio de coches del Monasterio.Una máquina, el Ordenador Supremo, cedida en 2.089 al Alcalde del Escorial, pueblo que lo conforman la Villa y San Lorenzo ya unidos reencarna a cuatro personajes muy relacionados con el pueblo y que estarán cuarenta y ocho horas otra vez en esta vida. El Rey Felipe II, una serranilla gurriata del s. XVII, el Padre Antonio Soler, músico y compositor y Doña Ramona una señora del XIX también nacida en El Escorial. El encuentro con el Alcalde, su secretaria y el Secretario del Ayuntamiento produce situaciones y diálogos entorno al Escorial que realmente es el protagonista de la obra.
Una obra para leer, entretenida y bien escrita; una dedicatoria que toca el corazón y un amigo al que dar las gracias.
