El Veraneo y la Colonia.- VIII
Carlos y Álvaro – Luis de Santurce y Polilla – o lo que es lo mismo Carlos Sabau y Álvaro Suarez Valdés continúan en el libro que estamos desgranando con el capítulo de “EL PARQUE” del que ya he escrito varias veces al haber sido el centro de reunión de la colonia que diariamente confluían a última hora de la tarde aunque desde primeras horas las partidas de canasta, tute o mus eran clásicas de un conjunto de señoras en la terraza del bar.
Realmente el Parque que se cuenta en el libro, no tiene nada que ver con lo que es hoy, un espacio desaliñado, sin la frondosidad que tuvo, sin el bar y las terrazas, sin la bolera, sin la pista de baile o sin el escenario del teatro. Su utilización es muy escasa y desgraciadamente tampoco su nombre se parece en lo más mínimo a lo que se ha convertido este espacio, casi cuadrado, situado frente al Monasterio y que linda con la Casa de Oficios, la plaza de la Virgen de Gracia, Floridablanca y el Paseo Juan de Borbón frente a los Canapés.
Los autores definen el Parque de los años 40 como “un gran local descubierto, rodeado de frondosos árboles en tres de sus costados y ocupada su parte central por una amplia pista de baile a cuyo alrededor, en bancos y sillas, se coloca el público para presenciar las evoluciones de los danzantes y más alrededor de la cual tiene lugar el paseo. Está provista de un bar y adosado a él se encuentra el cine del mismo nombre”.
El nombre fue evolucionando desde su creación: “Jardín de las monjas” “La Parada” “El Parque” “La Bolera” y hoy que ya no existe el juego de bolos americanos lo llaman “El Parque de la Bolera”.
La temporada del Parque se inauguraba el 16 de julio día de la Virgen del Carmen, generalmente con una fiesta de bienvenida y luego ya no pararán los festejos, verbenas y bailes benéficos todos los fines de semana durante todo el verano. (De sus fastos y fiestas iremos informando a medida que sigamos comentando el libro.)
Más tarde a este espacio se le dotó de una embocadura de escenario teatral donde se representaban desde obras teatrales a zarzuelas. En mi época se representó por gente de mi pandilla, escenas de “La Verbena de la Paloma” y por un primo mío, alumno de Juan Tamariz, una sesión de magia en la que participé como ayudante.
Cualquier pueblo de la Comunidad de Madrid daría dinero por tener un espacio en el centro del pueblo, frente a una de las maravillas de mundo y con árboles centenarios, enormes castaños, pinos y pinsapos que miran y crecen frente a los Canapés, para darle categoría y porte a este espacio hoy dejado de la mano de Dios y del Patrimonio.
(Continuará)
