El Cafetín Croché 8 (continuación)

El Cafetín Croché.- 8 (continuación)

Por el Gijón pasaron todos los que de una forma o de otra han sido en la literatura, el arte, la pintura, la política, la tauromaquia, en el cine, el teatro, la poesía, espías y hasta algún gafe. Así le escribía Pérez Creus a Zunzunegui:

Juan Antonio, el “Zunzu” viene/ Circunspecto se mantiene

entre Madrid y Getafe./ Pero entre nosotros tiene

cumplida fama de gafe.

lGijón ha sido musa de inspiración para poetas, literatos, pintores y escritores de café. Unos, como Julián Marco, lo han comparado con un barco barado en el mar de Recoletos, en su orilla izquierda, que veía como se hundían otros mas pequeños o hasta grandes gabarras y trasbordadores mientras él se mantenía a flote. Alguién lo llamó barco de piratas lleno de poetas. Rubén Caba descubrió que no era un café sino un tren detenido en los andenes del paseo de Recoletos y que siempre estaba a punto de salir. Las butacas de las ventanillas estaban siempre ocupadas por los pasajeros mas famosos que contemplaban con tedio ilustre, los arbolitos al pasar. Hasta como morada de los dioses, lo interpretaba Caballero Bonald, y reducto ocupado por los elegidos de las musas. Unico café vivo lo definía Luis Antonio de Villena y Julio Llamazares, café varado como un barco en el centro de Madrid. Institución literaria y Casa de todos decía de él José Luis Castillo Puche y casa de citas (literarias por supuesto) utilizaba como comparación Matías Antolín. Todos y los miles que lo definieron y escribieron algo sobre él, tenían razón. El Café Gijón es eso y mucho más.

El café fue desapareciendo de nuestro Madrid tertuliano, para volver ahora en alguna medida a revitalizar, al menos en apariencia, lo que para Madrid fue un café de “la belle époque” del siglo XIX y principios del XX, esos cafés de pereza y holganza donde vivir y dejar languidecer las horas que no te dejan vivir en casa. Quedan, no sólo en la memoria de los que vivieron su atmósfera, hoy perdida, pero queda alguno, con mas de cien años en la mochila, en este decorado matritense, algo cambiados, eso sí, cansados ya de tanto aguante.

Y del Café Gijón paseando por el paseo del Prado, llego a la plaza de Colón y hago un remanso de paz junto a la cascada de agua que cuelga de la estatua del navegante, erigida en 1.881 y que fue costeada por los títulos de España entre otros. Trasladada en 1.970 con la reforma de Arias Navarro, desde el centro de la plaza, a una esquina de los Jardines del Descubrimiento, reforma que desafortunadamente dejó caer la Casa de la Moneda junto a la Biblioteca Nacional y que nuestras nuevas generaciones no han conocido por lo que les parece un perfecto espacio abierto a tanta polución.

Llegar a Embassy es recordar aquel 1.939, cuando todavía los coches mecánicos casi no existían, y la Castellana era un verdadero Paseo rodeado de palacetes que hacían antesala al majestuoso del Prado, pero que años mas tarde, recogiendo el soplo municipal de la especulación, se ha llenado de oficinas. Pocos quedan ya, y los pocos que son, se nos aparecen como árboles melancólicos que echaron sus raíces centenarias y que ya no florecen ni revientan en primavera. Se acostaron en otoño para levantarse en invierno y esperar que la piqueta los entierre o que un arranque de respeto, los mantenga en su sitio.

Embassy es un local de los llamados “salón de té” del barrio de Salamanca. Local con ambiente de pastas de té, pasteles de repostería fina y ahora, hace algún tiempo, restaurante de varios tenedores o comida rápida para exquisitos. Aquí no pidas alitas de pollo, hamburguesas o costillas de cerdo. Nace donde hoy está la tienda de delicatessen en la esquina de la calle Ayala con la Castellana, como un pequeño salón y una barrita al fondo y que fue ampliado, con camareros incluidos, con los locales de Zoska y el diminuto Zoskilla. Siempre estuvo en sana competencia con el Café del Roma situado un poco mas arriba, en la esquina de la misma calle con Serrano.

Los motivos del cierre de Embassy

Gente guapa en el aperitivo, merienda y cena, pero que se mezcla con señoras y también con señores -¿por qué no?-, con bastantes años en sus carcasas, mejorados por el lifftin o la silicona, pero al fin y al cabo otoñales con bastantes surcos escondidos gracias a las maniobras de un buen restaurador.

Embassy, a determinadas horas, es un geriátrico amoroso de jóvenes de 70, 80 y hasta 90 años que necesitan de un tratamiento diario contra la soledad, enfermedad maligna de estos tiempos y que acompañados de sus familiares y amigos, toman el té o  el café de la tarde con media tostada y algún pastel y pasan momentos agradables en su compañía o en la de los demás, para irse pronto a su uvi particular en la ambulancia de la hija o de las amigas. ¡Que felicidad!.

La hora del aperitivo es famosa por sus cócteles de champán o su copa de cava que es una buena y burbujeante disculpa para acompañar las tertulias de amigos, antes de ir a comer a casa. Por allí aparecen profesores taurinos de lances laborales, joyeros, príncipes rusos, condes, marqueses y artistas de teatro; faranduleros y plumillas de élite; gente de Palencia, personajes en ejercicio y parados famosos de toda la vida, ligones y ligonas, parejas y hasta de la guardia civil camuflados que hacen escolta a parlamentarias europeas, o políticos que lo son o que lo fueron. Diplomáticos y gente del P.P, del P.S.O.E o de I.U. que la buena mesa no está reñida con las ideas políticas, posan sus reales en este salón del barrio de Salamanca.

El café fue desapareciendo de nuestro Madrid tertuliano, para volver ahora en alguna medida a revitalizar, al menos en apariencia, lo que para Madrid fue un café de “la belle époque” del siglo XIX y principios del XX, esos cafés de pereza y holganza donde vivir y dejar languidecer las horas que no te dejan vivir en casa. Quedan, no sólo en la memoria de los que vivieron su atmósfera, hoy perdida, pero queda alguno, con mas de cien años en la mochila, en este decorado matritense, algo cambiados, eso sí, cansados ya de tanto aguante. Otros, por moda, nacen a la vida madrileña vestidos con ropa antigua, recién limpia de naftalina, para que Madrid no pierda nunca su identidad cafetera y tertuliana.

 ——–o0o——-

(continuará)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *