El Cafetín Croché

Había nacido el 21 de julio de 1.981 y al cumplir sus veinte años decidí escribir no sólo mis vivencias sino lo que ha representado para mí y para los vecinos de San Lorenzo. La apertura del  Cafetín Croché cumple ahora 39 años y camina hacia las bodas de oro de su feliz existencia. Sólo sé que lo escribí con cariño y que ahora al cabo del tiempo, recordar las 154 páginas de que consta me servirá para saber que por los caminos del alma existen recuerdos que jamás se borrarán.

 

                                                 El Cafetín Croché

                                                  X X   Aniversario

                                                             (21.07.1.981 – 21.07.2.001)

 

Agradecimiento

Con mi agradecimiento a los que les pedí ayuda y no me la dieron. A los que no se la pedí y me la dieron gustosos. A todos los que escribieron antes que yo sobre los temas tratados, y al pueblo de San Lorenzo, mi pueblo, por ser como es.

Dedicatoria

                   A mi mujer y a mis hijos por haberme  

                   dejado tiempo para escribir y a mi

                   madre que será la única a la que le guste.

 

                                                    Índice

Introducción

Capitulo I:       Aquellos viejos cafés

Capítulo II:     Aquellos que lo fueron y todavía hoy lo son

Capítulo III:    El Cafetín Croché: Su entorno

Capítulo IV:    La horas en el Cafetín

Capitulo V:     El Croché por dentro

Capítulo VI:    Las Tertulias, los Premios y la Magia

Capítulo VII:   Mis Greguerías del Croché

Capítulo VIII:   El último cuento

Capitulo IX:     La última poesía

Capítulo X:     Epigramas

Anexos

 

                                  Introducción

Hubiera querido que alguien conocido me escribiera el Prólogo, pero ya se sabe que prologar un libro es complicado y que alguien importante lo escriba a un incipiente escritor, tarea ardua y casi imposible. Lo mejor es que lo escriba el propio autor y una vez terminado el libro pues “así puedes hacer mejor el discurso al cuerpo de la obra y dar noticia al lector del fin que se pretende con la misma”. Pero eso sería lo que académicamente se define como Prólogo por lo que al no tener a personalidad amiga que lo escriba y no ser académico de nada, he decidido llamarlo simplemente Introducción.

He conocido algunos cafés históricos como el Central, el Comercial, el Gijón, Lhardy, la Cafetería Alemana, el Roma o el de Viena…, pero no tengo edad para haber vivido los años locos de aquellos viejos, lúgubres, pomposos, húmedos o destartalados cafés de los siglos XVII, XVIII, XIX y principios del XX, cuna de la bohemia y las tertulias literarias y poéticas. Por eso he tenido que beber de las fuentes que emanan sapiencia del tema, unos porque los conocieron y  vivieron entre sus paredes, dejando lo mejor de si mismos y otros porque los han estudiado a fondo o dejaron su impronta en un artículo, libro, poesía, frase, o que simplemente los definieron magistralmente. Y beber de estas fuentes inagotables de agua clara me ha llevado a, desde el conocimiento de lo antiguo, llegar a las sensaciones de lo que hoy tenemos, para recalar en las experiencias y sentimientos que me trae el Cafetín Croché y que durante sus veinte años de existencia, yo he vivido.

Ha sido un recorrido maravilloso por el corazón dormido de los cafés de antes y por los que aún quedan en ese viejo y amable Madrid, que me han servido para conocer mejor la historia de mi ciudad, pues aunque borrados del mapa cafetero madrileño, han sido y serán parte de nuestra historia literaria y poética; de los movimientos románticos y de conspiraciones políticas, anarquistas unos y movimientos revolucionarios o liberales contra el absolutismo los otros, pero siempre centros del arte de la tertulia donde se daba rienda suelta a la expresividad parlanchina y locuaz del madrileño.

Un día tuve la sensación de que alguien me hablaba y me decía que tenía que escribir mis vivencias de un café que conocía bien y en el que he pasado muchas horas de mi vida, unas escribiendo, otras tertuliando o viendo la magia de sus juegos nocturnos de los viernes, esa Noche de Brujas, que siempre me ha cautivado en el marco inigualable de la Cripta del Cafetín Croché. Y me lancé sin paracaídas pues es verdad que a veces y sin preguntar a nadie, tienes que dar rienda suelta a tus emociones, sentimientos e ilusiones pasadas y me puse a escribir, en unos momentos en los que se van a cumplir los veinte primeros años de la vida del Cafetín Croché.

Veinte años son pocos para una larga vida y muchos en una vida corta. Un cumpleaños, cumplas los que cumplas, deberás celebrarlo siempre y sin esperar a lo que te depare el destino, pero sin soplar las velas pues es como si soplaras sobre todo aquello que has vivido, enviando los recuerdos y vivencias a la penumbra mas absoluta.

Por eso he querido celebrar los veinte años del Croché, escribiendo sin velas, a la luz de mis recuerdos, de las anécdotas vividas o de las sensaciones que me produce cuando entro, leo, escribo, tertulio o hablo con mis amigos los camareros; cuando Manolo se me acerca y me pregunta por mi familia y especialmente por mis hijos a los que adora; cuando asisto a las Noches de Magia o desciendo a la Cripta para asistir a una Tertulia Escurialense y a la salida hablar un momento- pues se deja ver poco- con la encantadora y con alma de poeta, Mari Cruz; o me siento en su terraza de albero para escuchar la noche sanlorentina o simplemente ver pasar a la gente.

Por estos veinte años y por los muchos que vendrán:

¡Felicidades! Cafetín Croché.

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