La calle Juliana

Gran parte de la historia de las ciudades y de los pueblos se puede conocer a través de los nombres de sus calles, lo que representan o a quién y por qué fueron dedicadas. Pedro de Répide, viajero infatigable, novelista pero sobre todo cronista de  Madrid, publicó durante muchos años en el diario “La Libertad” una serie de artículos llamados GUIA DE MADRID sobre las calles de la capital de España, que fueron recogidos por Federico Romero en un libro que es una biografía completa de Madrid a través de las plazas, calles y rincones de nuestra ciudad. En él se recoge la historia, la tradición, lo pintoresco, sus leyendas y hasta las fantasías de sus calles y plazas y creo indispensable para conocer y querer más a Madrid.

Sólo cuatro ejemplos de los muchos que contiene el libro:

Calle Esparteros: de la calle Mayor a la plaza de Santa Cruz, calle donde se establecieron unos valencianos que tejían el esparto para hacer esteras.

Calle Milaneses: de la calle Mayor a Santiago llamada así porque allí se establecieron dos relojeros que fabricaron los primeros relojes de bolsillo.

Calle Abanico: en el barrio de Tetuán y toma su nombre de la Quinta del Abanico que allí se encuentra.

Calle Escorial: De la Corredera Baja a la calle de Jesús del Valle. Llamada así porque en esta calle la primera casa que se estableció, fue la del secretario de Felipe II, Mateo Vázquez, quien decía al rey que desde sus balcones divisaba el Escorial.

Esto mismo podíamos hacer con las calles del Escorial y San Lorenzo y así conoceríamos más nuestros pueblos y quizás los querríamos más de lo que hoy los queremos.

Existe una calle en La Villa que sólo se conoce por el nombre de una mujer, Juliana, que nunca he sabido, al no llevar apellido, a quien se refería y porque estaba allí. Realmente es raro que se dedique una calle a un personaje sólo con el nombre propio. Releyendo el interesante y bien documentado libro de Sánchez Meco, “Cuando El Escorial olía a chocolate” con motivo de la salida al mercado de los chocolates Matías López el pasado mes de enero, encuentro la solución a mi desconocimiento y quizás al de mucha gente.

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Sánchez Meco recoge lo que algún exegeta y cronista escribió: “La formación empresarial alcanzada por Matías, de la que dará buena cuenta en años posteriores, (…), así como la ayuda de un personaje totalmente desconocido, pero al que en sus años de gloria recuerda con cariño, gratitud y al que en frase misteriosa alude:

“Sin embargo, desde que el Sr. López lo adquirió, y no en pequeño precio, ha variado bastante todo el terreno que le rodea, que muy pronto habrá de verse convertido en un precioso jardín y en un lindísimo barrio que llevará por nombre el recuerdo de una persona queridísima, simbolizando además en su esencia las afecciones que aquel ser amado, obligaba  en su noble corazón por esa clase que forma parte, y no la menos numerosa de nuestra humanidad”.

Esta persona, queridísima para D. Matías, daría nombre al eje principal del barrio obrero, figura de la que se desconocen más datos pero que debió ser muy importante para Matías López.

 

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