La carta

En el suplemento Alfa y Omega del ABC leo la carta de una madre de cinco hijos para contar la pequeña historia de su hija Paloma. Por su relación con San Lorenzo del Escorial; porque me ha hecho pensar; porque existe algo más en esta vida; por la entereza de una madre que ve como su hija de 20 años se separa del mundo para hacer vida contemplativa y de oración y por lo que a cada uno le haga pensar, he decidido reproducirla aquí en mi blog. (Me figuro que la madre de Paloma no se enfade conmigo por no haberla pedido permiso).

 

“Soy madre de cinco hijos, actualmente entre 27 y 20 años de edad. Les escribo para contarles que mi hija pequeña, Paloma, estudiante de 2º curso de Historia de la Complutense, acaba de entrar en el convento de las carmelitas descalzas de El Escorial. Oyó la llamada de Dios durante la Semana Santa de este año y aunque era consciente de cuál era su sitio, decidió esperar hasta septiembre para entrar, porque estaba previsto que, durante el verano, se casaran dos de sus hermanas.

Lo que me parece destacable de la historia de Paloma (dejando a un lado la grandísima llamada que Dios la ha hecho) es lo normal que ha sido su vida en estos meses en los que esperaba. Ha ido a las bodas de sus hermanas y ha bailado, se ha divertido, ha cantado… incluso se fue con su padre, como cada año, a Pamplona a correr los encierros de San Fermín, que le apasionan. Pero cuando llegó al Carmelo y besó, desde dentro, la reja que la separa del mundo, suspiró y dijo “¡Por fin!” Me deja pasmado lo bueno que es Dios y el sello de normalidad que tienen todas sus obras”.

 

Gracias Laura por este precioso testimonio de fe.

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