Licor de bellota

Isabel Montejano fue una magnífica cronista de los veranos de “La Sierra  de Madrid” en el periódico “ABC” dedicando muchas de ellas al Escorial. Era el mes de julio del año 1.986 cuando en su crónica semanal comentaba las fiestas del Carmen en el Barrio del Carmelo con la elección de las reinas, las dianas, pasacalles, la misa solemne, la procesión y sus bailes. En esta crónica me llama la atención la referencia que hace del monje agustino, el padre Agustín Fernández, que dice estar fabricando, en un laboratorio del Real Monasterio, licores y jarabes medicinales similares a los que se hacían en la época de la fundación. Montejano asegura que se trata de un centenar de reactivos químicos con los que ha creado la hidromiel o “licor de los vikingos” ya que se hace siguiendo la tradición vikinga, “el elixir de Posidio” el “aguardiente de manes” o el “licor de mentolín”. Allí en la Torre de la Botica el padre Agustín, desconozco si sigue destilando licores y jarabes medicinales  exclusivamente con productos naturales como hierbas, flores y plantas que el mismo recogía como lo hizo Francisco Holbecq, hijo de un jardinero flamenco que trabajaba para el Monarca Felipe II. Muchas de estas plantas y arbustos eran cultivados en la huerta existente en el Monasterio muchas de ellas traídas de lejanos lugares.

Muchos son los secretos que guarda el Monasterio que seguro no podremos conocer pero que por las investigaciones que se han llevado acabo, podemos intuir que han hecho posible el desarrollo de la Humanidad. La preocupación del Rey en conocer los misterios de la Tierra y poner al servicio del hombre los secretos de la Naturaleza llevó a poner en marcha un laboratorio destinado a la investigación farmacológica.

Muchas fueron las recetas que allí nacieron. Medicinas, cosmética y afrodisíacos a base de fórmulas secretas de los alquimistas que pasaban de boca en boca.

En un artículo de la revista “Blanco y Negro”, Minerva Donald recoge que en el Monasterio se fabricaban- desconozco si se sigue haciendo- licores “para la sorpresa y para despertar la curiosidad. “Beso de Venus” “Hidromiel” “Patxarán” “Delicuescencias de San Posidio” “Génepy” etc. Todas tienen un grado de alcohol que ronda los 40 y 50 grados y están preparados con plantas obtenidas en los montes de España”.

Me figuro que la historia que voy a contar tiene su base en esta faceta de nuestro Rey que ha llegado hasta nuestros días en forma de “alquimia” para la fabricación de licores.

Con  motivo de mi trabajo tuve que dar una conferencia en Cáceres, la preciosa ciudad extremeña, que como dijo el poeta es la ciudad donde la historia se funde en el crisol del casco antiguo.

Terminada la charla nos invitaron a cenar para después ir a tomar una copa de licor de bellota, licor que nos estuvieron alabando durante toda la cena. Pero el bar de copas al que nos llevaron no tenía el licor extremeño tantas veces alabado. Era ya tarde y decidimos quedarnos allí y beber otra cosa.

Cabreados por el chasco, los anfitriones me prometieron que cuando vinieran a Madrid me traerían una botella de tan preciado licor. Efectivamente, a los pocos días se presentaron en mi despacho dos de las personas que sufrieron ese chasco con su botella de licor de bellota bajo el brazo.

Tras agradecerles el regalo y decir eso tan manido de “pero porqué os habéis molestado”, seguí con las normas de educación y abrí el paquete. Una sonrisa se esbozó en mi cara, algo perpleja por lo que estaba viendo. La etiqueta que llevaba la botella era una fotografía en colores del Monasterio y bajo la marca que no recuerdo, una leyenda decía Licor de Bellota “Echo en San Lorenzo del Escorial”.

La receta es fácil. Con un litro de aguardiente de orujo, 30 bellotas maduras de encina,  200 gramos de azúcar y un tarro de cristal de boca ancha podemos hacer un licor de bellota de chuparse los dedos. Pero sinceramente, creo que mejor lo hacen en Extremadura a pesar de no haberlo probado nunca.

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