Esperanza Aguirre no debe preocuparse

Esperanza Aguirre no debe preocuparse

Esperanza Aguirre es una mujer tranquila y sosegada. Es capaz de salir de un accidente de helicóptero con la serenidad de los toreros que cuando son cogidos en la arena, se levantan y siguen su faena como si no pasara nada, contusionados sí, pero con esa fuerza que da los arrojos bien puestos.

La ponen una bomba en el hotel de no recuerdo que país y se viene a España con los calcetines blancos que la prestaron y de esa guisa dio una rueda de prensa. Tiene este verano un accidente de coche con su marido y a las pocas horas está en la plaza de toros, creo que de Gijón,  presenciando la corrida de toros.

A veces me recuerda a una pepona y otras a Lady Di pero casi siempre a Margaret Tacher por su  coraje y autoridad. Es como la Dama de Hierrro pero en acero que, a pesar de su dureza, es más maleable. Es culta y torera y sabe poner magníficos puyazos políticos que dejan al toro atontado y sin saber qué hacer.

Pero la semana ha sido dura para Esperanza Aguirre. Los tres días de la huelga de profesores de Secundaria  apoyados por los Sindicatos; por algunos  ministros, nada menos que como el de Educación; por Rubalcaba y sus amigos del 15-M y hasta por los de la “ceja”, parece que han acabado pero seguro que volverán. La huelga no se hubiera convocado si no estuvieran las elecciones a la vuelta de la esquina. En Andalucía con un gobierno socialista y con las mismas horas de trabajo semanales no ha habido manifestaciones ni huelgas ¿por qué? Pero en Madrid, recién instauradas las horas lectivas para conseguir el ahorro obligado por la situación de crisis, han sido de tres días y se esperan más.

El incremento horario hasta 20 horas semanales (en la Ley básica figura hasta 21 horas) y los recortes sólo lo son para Esperanza Aguirre. Pero quien ha recortado el salario de los profesores entre un 5 y 15% ha sido el Gobierno de la nación y el presupuesto en Educación lo redujo en un siete y pico por ciento como ha denunciado la propia Presidenta. Entonces aparece un informe interno, realizado por la UGT en 2.010, denunciando los recortes en Educación hechos por el Gobierno. Ni un solo sindicalista movió un músculo y mucho menos salió en manifestación o propuso una huelga, ya que no lo dieron a conocer a la opinión pública y además estaban todos comiendo del pesebre del Gobierno.

Pero los problemas para Esperanza Aguirre no acabaron ahí. Cuando se dirigía a inaugurar el Hospital de Alcorcón, por el que los vecinos llevaban demandando muchos años, los liberados sindicales-no se sabe a qué sector pertenecían- increpaban a la Presidenta con el grito de “menos inauguraciones y más trabajar”. ¡Serán memos! No sé si llegaron a darse cuenta que estaban inaugurando un hospital en beneficio de mucha gente, hospital que ha costado mucho dinero y muchas horas de trabajo para llegar al momento de su inauguración. A cualquier persona con dos dedos de frente y mínimamente inteligente, les parecerá que estos sindicalistas están haciendo el ridículo y que todo responde a huelgas y protestas políticas para calentar las próximas elecciones o arrimar el ascua a la sardina del ex superministro Rubalcaba. Protestar por inaugurar un hospital y crear cientos de puestos de trabajo debe ser algo nefasto para los sindicatos.

Creo que Esperanza  no debe preocuparse por nada de esto. Ha hecho bien en tender la mano a los “indignados” de la educación, pero sin dar ni un solo paso atrás ni ceder en su decisión.

Cuando continuamente la están achacando la privatización de la educación y la sanidad, cosa que es totalmente incierta, va el Gobierno y anuncia la salida a Bolsa nada menos que del 30% de “Loterías y Apuestas del Estado” para recaudar, según dicen, 8.000 millones de euros. Es decir que han privatizado nada menos que el 30% del organismo estatal. Una cosa es privatizar servicios en la educación y en la sanidad como se hace en todas las empresas, ayuntamientos y hasta en el Ministerio de Defensa y otra es privatizar una parte importante de un bien del Estado como es la Lotería Nacional.

No debe preocuparse Esperanza porque nada menos que el Gobierno va a privatizar, si otro no lo impide, los aeropuertos de Madrid y Barcelona.

Respecto a la mejora de la educación pública que demandan los huelguistas, recuerdo la pancarta “Escuela pública de todos para todos” en contra de la política de Esperanza Aguirre. Creo que tampoco debe preocuparse por esto ya que según un informe del periódico “La Razón” los hijos del secretario general de UGT de Madrid, José Ricardo Martínez, uno de los sindicalistas instigadores y más combativos de la huelga en defensa de la educación pública, prefiere llevar a sus hijos a un colegio privado en Arturo Soria por el que paga entre 398 y 440 euros mensuales. La huelga no ha afectado a sus hijos al estudiar en colegio privado en el que los profesores dan más de 20 horas y además pueden quedarse a comer en sus instalaciones por 121 euros más al mes.

No sólo este sindicalista, sino casi todos los ministros también han optado por este tipo de educación. Por ejemplo Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación, lleva a sus hijos al elitista Colegio San Patricio de la Moraleja pagando 500 euros al mes por cada hijo. Los hijos de Blanco, ministro de Fomento, lleva a sus hijos al Instituto Británico pagando 1.200 euros. Antes los llevó a estudiar en Primaria al Colegio concertado Nuestra Señora de los Infantes perteneciente al Arzobispado de Toledo. Montilla tiene a sus trillizos estudiando en el Colegio Alemán en Barcelona, donde el catalán no es la lengua vehicular  ¡Toma nísperos de coherencia lingüística! Laporta, Arturo Mas y Moratinos han preferido el Liceo Francés para la educación de sus hijos. Todos estos datos que aporta Marta Palacio en su informe, los desconocía  y es bueno que sean conocidos por todos, para ver el grado de hipocresía de muchos ministros que están saliendo en defensa de la escuela pública. Habría que preguntar a todos los políticos donde estudian sus hijos y nos llevaríamos grandes sorpresas.

Por eso digo que Esperanza no debe preocuparse por las críticas. Además aunque vaya poco por La Granjilla, la finca de su familia, sabrá que allí no existe ningún Faisán. Quizás existan conejos y alguna cigüeña pero no faisanes. Tampoco por esto debe preocuparse.

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