El mundo sin Bin Laden

Tras la importante operación realizada por las tropas especiales de Estados Unidos, todos los periódicos y televisiones han llenado sus páginas y programas de artículos y tertulias opinando desde los más dispares puntos de vista sobre la muerte del terrorista Bin Laden. Diez años de búsqueda para capturar al hombre que declaró la guerra a Occidente y a sus propios correligionarios y que culminó en la madrugada del dos de mayo con su muerte en su búnker-residencia en Abbattoabad una pequeña población de 90.000 habitantes de Pakistán. La operación fue perfecta y muy bien preparada. Llegan cuatro helicópteros; se bajan unos tíos perfectamente bien equipados; disparan unos cuantos tiros y se cargan al mayor terrorista jamás conocido; han dejado uno de los helicópteros averiados y todos juntos con el cadáver se marchan al portaviones a celebrarlo. Y todo esto sin que nadie, ni las propias autoridades pakistaníes, se enteraran de lo que estaba ocurriendo. Casi todos los políticos, se han lanzado a felicitarse y a felicitar a los EE.UU y a su presidente por el éxito de la operación antiterrorista y algunos se habrán preguntado cómo el demócrata Obama ha sido capaz de realizarla en tiempo record cuando este tipo de acciones son más propias de los republicanos, los mismos que declararon la guerra a Sadam Hussein en Irak. Todos argumentan de forma hipócrita que lamentan la pérdida de una vida humana aunque realmente en su interior se estén alegrando de que Osama Bin Laden yace en el fondo del mar. ¿Qué pasaría en España ante la muerte en forma similar de un etarra? He leído la carta de José Luis Núñez Astariz al diario ABC en la se pregunta qué hubiera pasado en España si una operación de este tipo se hubiera llevado a cabo para terminar con la vida de algún asesino etarra con 22 o más asesinatos a su espalda. Un comando español baja de un helicóptero, le dispara y le mata. Su resultado, siempre según Don José Luis Núñez, hubiera sido algo parecido a: 1.- El lendakari, tirándose de los pelos y condenando el asesinato del “gudari”. 2.-El Supremo intentando meter en la cárcel a todo el comando participante en la operación. El Gobierno (como en el Gal) se enteró por la prensa. 3.- Rubalcaba: “El asesinato lo ordenó Franco y la extrema derecha” 4.- Rajoy no dice nada porque está en Bollullos de Abajo, recogiendo un premio. 5. Batasuna, Bildu, Eusko Alkartasuna y demás, honrando al “hombre de paz”. Disturbios en San Sebastián. Y la comunidad internacional, condenando el terrible asesinato. Esto es España, señores. Y termina su carta diciendo que: “por eso, permítanme bajarme de este país y hacerme por unos días, estadounidense”. Esta carta me ha servido, al menos para reflexionar y como en todo, que cada uno saque sus conclusiones. Una nación entera se alegraba por la desaparición del hombre que causó la muerte de más de 3.000 personas aquel 11 de septiembre del 2.001. Todos en la calle para celebrarlo. Banderas y gritos de ¡USA! ¡USA! Los demócratas y republicanos unidos por la defensa de su pueblo frente a los terroristas. Matamos para no ser matados- decían algunos. Para Antonio Burgos estos sentimientos nacionalistas, le recuerdan a cuando se llenaban las plazas públicas para ver como la Inquisición quemaba en su hoguera a los condenados (…) se aplicaba garrote vil a los liberales o se miraba desde las ventanas los fusilamientos en la guerra civil. Y me hago otra pregunta: ¿Qué hubiera pasado si la hubiera ordenado Bush? Lo más seguro es que estaríamos ante un escándalo de dimensiones no conocidas y seguro que involucraría a otros dirigentes europeos. Unos se alegran de la muerte del terrorista más buscado y al mismo tiempo abominan de Guantánamo cuando de aquí han salido las pistas (bajo tortura no admisible) para la localización del terrorista. Otros se alegran de la desaparición del terrorista multimillonario mientras califican de terrorismo de Estado la actuación de las fuerzas especiales para su desaparición. Existe parte de la opinión pública española y europea que abomina de la decisión y la forma de llevar a cabo la muerte de Bin Laden. Otros aseguran que la acción ha estado dentro de la legalidad como un acto de guerra contra el terrorismo afgano y mundial y avalado por el Congreso estadounidense. Para algunos lo justo hubieTras la importante operación realizada por las tropas especiales de Estados Unidos, todos los periódicos y televisiones han llenado sus páginas y programas de artículos y tertulias opinando desde los más dispares puntos de vista sobre la muerte del terrorista Bin Laden. Diez años de búsqueda para capturar al hombre que declaró la guerra a Occidente y a sus propios correligionarios y que culminó en la madrugada del dos de mayo con su muerte en su búnker-residencia en Abbattoabad una pequeña población de 90.000 habitantes de Pakistán. La operación fue perfecta y muy bien preparada. Llegan cuatro helicópteros; se bajan unos tíos perfectamente bien equipados; disparan unos cuantos tiros y se cargan al mayor terrorista jamás conocido; han dejado uno de los helicópteros averiados y todos juntos con el cadáver se marchan al portaviones a celebrarlo. Y todo esto sin que nadie, ni las propias autoridades pakistaníes, se enteraran de lo que estaba ocurriendo. Casi todos los políticos, se han lanzado a felicitarse y a felicitar a los EE.UU y a su presidente por el éxito de la operación antiterrorista y algunos se habrán preguntado cómo el demócrata Obama ha sido capaz de realizarla en tiempo record cuando este tipo de acciones son más propias de los republicanos, los mismos que declararon la guerra a Sadam Hussein en Irak. Todos argumentan de forma hipócrita que lamentan la pérdida de una vida humana aunque realmente en su interior se estén alegrando de que Osama Bin Laden yace en el fondo del mar. ¿Qué pasaría en España ante la muerte en forma similar de un etarra? He leído la carta de José Luis Núñez Astariz al diario ABC en la se pregunta qué hubiera pasado en España si una operación de este tipo se hubiera llevado a cabo para terminar con la vida de algún asesino etarra con 22 o más asesinatos a su espalda. Un comando español baja de un helicóptero, le dispara y le mata. Su resultado, siempre según Don José Luis Núñez, hubiera sido algo parecido a: 1.- El lendakari, tirándose de los pelos y condenando el asesinato del “gudari”. 2.-El Supremo intentando meter en la cárcel a todo el comando participante en la operación. El Gobierno (como en el Gal) se enteró por la prensa. 3.- Rubalcaba: “El asesinato lo ordenó Franco y la extrema derecha” 4.- Rajoy no dice nada porque está en Bollullos de Abajo, recogiendo un premio. 5. Batasuna, Bildu, Eusko Alkartasuna y demás, honrando al “hombre de paz”. Disturbios en San Sebastián. Y la comunidad internacional, condenando el terrible asesinato. Esto es España, señores. Y termina su carta diciendo que: “por eso, permítanme bajarme de este país y hacerme por unos días, estadounidense”. Esta carta me ha servido, al menos para reflexionar y como en todo, que cada uno saque sus conclusiones. Una nación entera se alegraba por la desaparición del hombre que causó la muerte de más de 3.000 personas aquel 11 de septiembre del 2.001. Todos en la calle para celebrarlo. Banderas y gritos de ¡USA! ¡USA! Los demócratas y republicanos unidos por la defensa de su pueblo frente a los terroristas. Matamos para no ser matados- decían algunos. Para Antonio Burgos estos sentimientos nacionalistas, le recuerdan a cuando se llenaban las plazas públicas para ver como la Inquisición quemaba en su hoguera a los condenados (…) se aplicaba garrote vil a los liberales o se miraba desde las ventanas los fusilamientos en la guerra civil. Y me hago otra pregunta: ¿Qué hubiera pasado si la hubiera ordenado Bush? Lo más seguro es que estaríamos ante un escándalo de dimensiones no conocidas y seguro que involucraría a otros dirigentes europeos. Unos se alegran de la muerte del terrorista más buscado y al mismo tiempo abominan de Guantánamo cuando de aquí han salido las pistas (bajo tortura no admisible) para la localización del terrorista. Otros se alegran de la desaparición del terrorista multimillonario mientras califican de terrorismo de Estado la actuación de las fuerzas especiales para su desaparición. Existe parte de la opinión pública española y europea que abomina de la decisión y la forma de llevar a cabo la muerte de Bin Laden. Otros aseguran que la acción ha estado dentro de la legalidad como un acto de guerra contra el terrorismo afgano y mundial y avalado por el Congreso estadounidense. Para algunos lo justo hubiera sido llevarle ante un jurado internacional como el de la Haya (al que no reconoce EE.UU) y que éste hubiera dictado sentencia. Respeto todas las opiniones pero, sin alegrarnos de la muerte de ningún ser humano, todos deberíamos alegrarnos de la desaparición del criminal, asesino y genocida BTras la importante operación realizada por las tropas especiales de Estados Unidos, todos los periódicos y televisiones han llenado sus páginas y programas de artículos y tertulias opinando desde los más dispares puntos de vista sobre la muerte del terrorista Bin Laden. Diez años de búsqueda para capturar al hombre que declaró la guerra a Occidente y a sus propios correligionarios y que culminó en la madrugada del dos de mayo con su muerte en su búnker-residencia en Abbattoabad una pequeña población de 90.000 habitantes de Pakistán. La operación fue perfecta y muy bien preparada. Llegan cuatro helicópteros; se bajan unos tíos perfectamente bien equipados; disparan unos cuantos tiros y se cargan al mayor terrorista jamás conocido; han dejado uno de los helicópteros averiados y todos juntos con el cadáver se marchan al portaviones a celebrarlo. Y todo esto sin que nadie, ni las propias autoridades pakistaníes, se enteraran de lo que estaba ocurriendo. Casi todos los políticos, se han lanzado a felicitarse y a felicitar a los EE.UU y a su presidente por el éxito de la operación antiterrorista y algunos se habrán preguntado cómo el demócrata Obama ha sido capaz de realizarla en tiempo record cuando este tipo de acciones son más propias de los republicanos, los mismos que declararon la guerra a Sadam Hussein en Irak. Todos argumentan de forma hipócrita que lamentan la pérdida de una vida humana aunque realmente en su interior se estén alegrando de que Osama Bin Laden yace en el fondo del mar. ¿Qué pasaría en España ante la muerte en forma similar de un etarra? He leído la carta de José Luis Núñez Astariz al diario ABC en la se pregunta qué hubiera pasado en España si una operación de este tipo se hubiera llevado a cabo para terminar con la vida de algún asesino etarra con 22 o más asesinatos a su espalda. Un comando español baja de un helicóptero, le dispara y le mata. Su resultado, siempre según Don José Luis Núñez, hubiera sido algo parecido a: 1.- El lendakari, tirándose de los pelos y condenando el asesinato del “gudari”. 2.-El Supremo intentando meter en la cárcel a todo el comando participante en la operación. El Gobierno (como en el Gal) se enteró por la prensa. 3.- Rubalcaba: “El asesinato lo ordenó Franco y la extrema derecha” 4.- Rajoy no dice nada porque está en Bollullos de Abajo, recogiendo un premio. 5. Batasuna, Bildu, Eusko Alkartasuna y demás, honrando al “hombre de paz”. Disturbios en San Sebastián. Y la comunidad internacional, condenando el terrible asesinato. Esto es España, señores. Y termina su carta diciendo que: “por eso, permítanme bajarme de este país y hacerme por unos días, estadounidense”. Esta carta me ha servido, al menos para reflexionar y como en todo, que cada uno saque sus conclusiones. Una nación entera se alegraba por la desaparición del hombre que causó la muerte de más de 3.000 personas aquel 11 de septiembre del 2.001. Todos en la calle para celebrarlo. Banderas y gritos de ¡USA! ¡USA! Los demócratas y republicanos unidos por la defensa de su pueblo frente a los terroristas. Matamos para no ser matados- decían algunos. Para Antonio Burgos estos sentimientos nacionalistas, le recuerdan a cuando se llenaban las plazas públicas para ver como la Inquisición quemaba en su hoguera a los condenados (…) se aplicaba garrote vil a los liberales o se miraba desde las ventanas los fusilamientos en la guerra civil. Y me hago otra pregunta: ¿Qué hubiera pasado si la hubiera ordenado Bush? Lo más seguro es que estaríamos ante un escándalo de dimensiones no conocidas y seguro que involucraría a otros dirigentes europeos. Unos se alegran de la muerte del terrorista más buscado y al mismo tiempo abominan de Guantánamo cuando de aquí han salido las pistas (bajo tortura no admisible) para la localización del terrorista. Otros se alegran de la desaparición del terrorista multimillonario mientras califican de terrorismo de Estado la actuación de las fuerzas especiales para su desaparición. Existe parte de la opinión pública española y europea que abomina de la decisión y la forma de llevar a cabo la muerte de Bin Laden. Otros aseguran que la acción ha estado dentro de la legalidad como un acto de guerra contra el terrorismo afgano y mundial y avalado por el Congreso estadounidense. Para algunos lo justo hubiera sido llevarle ante un jurado internacional como el de la Haya (al que no reconoce EE.UU) y que éste hubiera dictado sentencia. Respeto todas las opiniones pero, sin alegrarnos de la muerte de ningún ser humano, todos deberíamos alegrarnos de la desaparición del criminal, asesino y genocida Bin Laden, como nos alegramos de la desaparición de Hitler, Sadam, o de cualquier sátrapa asesino de seres humanos. Muchas son las incógnitas, las preguntas abiertas y sin respuesta y las muchas contradicciones que sería muy largo enumerar. Pero lo cierto, declaraciones e hipocresías aparte, es que el mundo está mejor sin Bin Laden, que es un lugar más limpio y quizás un poco más tranquilo, aunque las consecuencias de su muerte no lleguemos todavía a alcanzar. in Laden, como nos alegramos de la desaparición de Hitler, Sadam, o de cualquier sátrapa asesino de seres humanos. Muchas son las incógnitas, las preguntas abiertas y sin respuesta y las muchas contradicciones que sería muy largo enumerar. Pero lo cierto, declaraciones e hipocresías aparte, es que el mundo está mejor sin Bin Laden, que es un lugar más limpio y quizás un poco más tranquilo, aunque las consecuencias de su muerte no lleguemos todavía a alcanzar. ra sido llevarle ante un jurado internacional como el de la Haya (al que no reconoce EE.UU) y que éste hubiera dictado sentencia. Respeto todas las opiniones pero, sin alegrarnos de la muerte de ningún ser humano, todos deberíamos alegrarnos de la desaparición del criminal, asesino y genocida Bin Laden, como nos alegramos de la desaparición de Hitler, Sadam, o de cualquier sátrapa asesino de seres humanos. Muchas son las incógnitas, las preguntas abiertas y sin respuesta y las muchas contradicciones que sería muy largo enumerar. Pero lo cierto, declaraciones e hipocresías aparte, es que el mundo está mejor sin Bin Laden, que es un lugar más limpio y quizás un poco más tranquilo, aunque las consecuencias de su muerte no lleguemos todavía a alcanzar.

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