Comienza el Circo

Siempre se ha definido al circo, como “el mayor espectáculo del mundo” por la magia, el humor, el espectáculo aéreo, las luces, los animales domesticados y el estado de ánimo que te produce cuando asistes con tus hijos pequeños. Los romanos lo utilizaban para espectáculos como las carreras de cuádrigas o las luchas de gladiadores contra los leones. Cuando nos referimos a las carreras de coches lo definimos como el circo de la F-1 por el inmenso espectáculo de caravanas y parafernalia que acompaña a los vehículos y pilotos en cada carrera. Existe una acepción de la Real Academia que lo define como conjunto de asientos puestos en cierto orden para los que van por obligación o invitados a ver un espectáculo. También como el conjunto de personas que ocupan estos asientos.

Casi todas ellas tienen que ver con el circo al que me voy a referir. Igual que muchos días antes se nota que en Valencia van a comenzar las Fallas, en Pamplona cuando se van a correr los encierros por San Fermín o en Madrid cuando se van a celebrar las corridas de toros de San Isidro, también se nota y de que manera, el inicio de las campañas electorales. En este caso para las elecciones a ayuntamientos y autonómicas y dentro de algo mas de un año, a las generales. El circo electoral se pone en marcha. Se nota en el ambiente. Los alcaldes o presidentes de comunidades se multiplican y no dan a vasto a inauguraciones, al aumento de la actividad municipal y autonómica, a intentar justificar lo hecho de acuerdo con sus respectivos programas y en muchos casos a apuntarse tantos que otros hicieron o iniciaron antes Pero la democracia es así y va a ser difícil cambiarla.

Estamos en un momento complicado para las economías domésticas y no digamos para la de nuestro país con un déficit galopante muy lejos de los parámetros exigidos por la U.E y con una deuda que para pagarla necesitaremos varias generaciones. Y en este contexto económico, aparecen las campañas electorales, los mítines y las caravanas por los pueblos y ciudades. Dice Ignacio Camacho en su columna del ABC, que si los partidos políticos estuvieran dispuestos a un ajuste financiero y tuvieran que pagar los actos con el dinero de sus simpatizantes, las campañas electorales tendrían un carácter mucho mas moderado, cercano y constructivo. Y yo añadiría que igual tendrían que hacer los sindicatos para sus mítines y actos electorales. Seguro que si no es por las ingentes subvenciones, estos actos desaparecerían del mapa sindical.

Se nota en el ambiente. Todos los candidatos y sus partidos presentan candidaturas para la renovación y el cambio. Todos prometen, con propuestas sólidas de futuro, lo que casi seguro no podrán cumplir. Todos apelan al cambio como necesidad de aire nuevo autodefiniéndose como los salvadores de la patria y los únicos que conseguirán mejorar las condiciones de vida de los vecinos o habitantes de su comunidad.

En el ambiente se nota. El circo electoral ha comenzado. Se ven más trabajadores rematando obras o iniciando otras, que en todos los años de mandato. Los periódicos empiezan a ser vehículos de denuncias de unos contra los otros y aparecen testaferros, sobornos, prevaricadores, corruptos, despilfarradores de caudales públicos, mordidas y subvenciones a empresas fantasmas, facturas falsas o viajes y estancias en grandes hoteles pagados por los beneficiarios de obras públicas.

El eje central de las campañas electorales suelen ser los grandes mítines a celebrar a base de dinero, autobuses, frases grandilocuentes, prefabricadas y generalmente fuera de la realidad y cercanía con los votantes. Me gustaría conocer en un mitin, quienes son las personas asistentes que van de oficio, las que son trasladadas y las que realmente van a escuchar y formarse opinión sobre los candidatos y sus programas. Nos llevaríamos una gran decepción conocer el número de estos últimos. Entonces ¿para que valen? ¿Son elementos necesarios para escupir frases altisonantes ante un carísimo decorado de simpatizantes? No sería mejor soltar las grandilocuentes proclamas escritas en un papel y enviarlas a las televisiones y medios de comunicación. ¡Cuánto dinero nos ahorraríamos! Es curioso conocer quien asiste a estos grandes actos de campaña. En muchos casos, gran parte del aforo no pertenece a la comunidad en la que se está desarrollando el acto, pues son gente trashumante que trasladan su estado emocional, que todo lo contagia, de un lado a otro.

¿Se figuran un mitin en una plaza de toros, en el que candidatos de varios partidos defendieran y contrastaran sus distintas propuestas y programas ante simpatizantes de sus distintos partidos? Sería impensable pero la verdad es, como se dice a hora, “molaría mogollón”.

Que defiendan sus programas en las múltiples cadenas de televisión que existen, donde los telespectadores podrían valorar sus propuestas sin el estado de ánimo que provoca el mitin y en los que además no te enteras de nada por el estado de exaltación provocado por los organizadores. Que, por favor, no tiren el dinero en nimiedades, grandes actos absurdos y autobombos precocinados y acérquense más al posible votante que seguro se lo agradecerán.

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