Historias de la Radio

 

Siempre me ha gustado escuchar la radio. Cuando era joven, me arrimaba a ella porque no existía otro entretenimiento como existe hoy en día con la televisión o el Internet. Me sabía todos los seriales y los principales programas de las emisoras de radio. Ahora siendo mayor y como me aburre la televisión, me acerco también a la radio que me entretiene y me divierte más. Si me despierto a la cuatro de la mañana pongo la radio y me duermo con ella. A las ocho oigo las noticias y a veces los deportes los fines de semana o el “Tirachinas” a la una de la madrugada.

La radio tuvo su gran éxito en los años 50 y 60 con los seriales. Era una radio en blanco y negro pero la ponían el color los magníficos profesionales que en ella trabajaban. Recuerdo en mi casa al llegar del colegio encontrar a Paquita, la costurera como se llamaban entonces y a veces a mi madre, con el oído pegado escuchando la “novela” de la radio. Unas veces “Lo que nunca muere” otras “Ama rosa” o “Un arrabal junto al cielo” interpretado por el cuadro de actores de radio y casi siempre soltando alguna lágrima. Su autor Guillermo Sautier Casaseca y entre los actores radiofónicos recuerdo a Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Vicente Mullor y Eduardo Lacueva.

Programas como “Avecrem llama a su puerta” presentado por Joaquín Soler Serrano, en Radio España; comedias costumbristas como “La Saga de los Porretas”, “Matilde Perico y Periquín” o la “La Señorita Francis” consultorio de gran éxito entre los oyentes que se emitía en “Radio Madrid” hoy la Cadena Ser.

Recuerdo programas musicales que ojalá se hicieran ahora, programas musicales que hacían las delicias de los quinceañeros de aquellos finales de los 50 y que nos ponían al día de los éxitos de fuera ya que nuestra música pop todavía era incipiente. El Gran Musical con Tomás Martín Blanco de presentador, era el programa estrella de los domingos en la Ser. “Caravana Musical” en la Voz de Madrid radio desaparecida y casi desconocida para muchos. “Los 40 principales” del ínclito José Mª Iñigo con presentadores como Pepe Domingo Castaño, Pepe Cañaveras, Mariano de la Banda o Constantino Romero. Pero para mí, la personalidad del chileno Raúl Matas presentado su “Discomanía”, su forma de decir y su conocimiento de la música pop del momento, era lo mejor de la música de aquellos felices años.

Programas deportivos, germen de los actuales, capitaneados por Vicente Marco en la Cadena Ser entonces Radio Madrid.

“Ustedes son formidables” magnífico y solidario programa llevado de la mano por Alberto Oliveras que, durante 17 años, lo mismo recaudaba millones de pesetas para las inundaciones, que ayudaba a la búsqueda de algún familiar perdido o a la reconstrucción de algún monasterio.

La nómina de programas de humor, a pesar de la censura, eran programas para toda la familia. Tip y Top, germen de lo que luego sería la pareja Tip y Coll, estaba formado por Luis Sánchez Polac y Joaquín Portillo, programa de humor absurdo y con tintes surrealistas. La andanzas de Segismundo Porretas, de Candelaria y Avelino (Manuel Lorenzo, Matide Conesa y José Fernando Dicenta) en la saga de los Porretas o los muchos personajes que salían de la garganta de Pepe Iglesias “el Zorro” en el “Hotel la sola cama” eran programas radiofónicos que recuerdo esperábamos a la vuelta del cole.

Menos televisión y mas radio al menos hasta que no cambie la programación basura actual.

Tenemos mucha tertulia política, siempre con los mismos, más de un lado que de otro en función del color político de la cadena y mucha, mucha tele basura que no hay duda que funciona gracias a que mucha gente ve estos programas.

Comparar a los comunicadores o presentadores de la radio como José Luis Pécker, Joaquín Soler Serrano recientemente fallecido, Echenique, Raul Matas, Carmen Pérez de Lama o Boby Deglané, Carlos Herrera, Luis del Olmo, Antonio y Luis Herrero, Rafael Sánchez o Cristina López Schlichting con los actuales de televisión, es comparar a Dios con el diablo. Por ejemplo ver a Jorge Javier Vázquez destilando porquería por la boca, a la estreñida Karmele, mujer con odio en las venas, a María Antonia Iglesias que habla siempre cabreada y gritando o a la madre de Andreita, Belén Esteban, dando patadas al diccionario que por mucho que guste a la gente, a mi me repatea. No dudo que yo esté pasado de moda, que sea un carroza, o que me haya quedado en el tiempo de los seriales radiofónicos y no acepte lo que hay, pero tengo una sensibilidad muy distinta a Buenafuente, Sardá y la “Veneno”, a Pablo Motos o al Gran Wayoming personajes bufos, grotescos, ridículos, burlescos y extravagantes que estarían mejor en un puesto de feria sacando la cara por un agujero para lanzarles pelotas de trapo que saliendo en televisión.

Y si analizamos los que llaman “magazín” de las mañanas o de las tardes ya es para llorar. Ver al Conde Lequio o antiguos “grandes hermanos” y un montón de paniaguados, es para apagar la tele y marchase al cine. ¿Y porqué tantos presentadores raritos, muchos de ellos gays, afeminados o “madres” de las de antes? Algunos se llaman estilistas para hablar de como visten los demás sin que se hayan mirado al espejo antes de salir de casa y aparecer en la televisión.

Por la tarde aparecen los programas en busca de pareja o en busca de ese familiar que lleva 20 o 30 años sin verse, o la hija que desapareció con su novio para no aguantar a su madre y que a lo mejor, por la cara que ponen algunos, no les hace ninguna gracia haberse encontrado.

¿Y los programas de humor, generalmente groseros, llenos de palabrotas y aburridos? Para ver algunos mejor poner una película de Cine de Barrio. Eso sí, han desaparecido aquellos programas infantiles que entretenían a los niños a la hora de la merienda o en lo que se llama ahora “horario infantil”.

Y si entramos a analizar los programas mal llamados del “corazón” con sus presentadores casi todos gays y esos colaboradores que habría que analizarlos uno a uno que nos comentan las andanzas de personajes cutres, inconsistentes y nauseabundos llegando algunos a repugnantes y asquerosos.

No hay duda, la culpa de que existan estos programas es sólo nuestra. Como el éxito se mide por la audiencia, lo que llaman share, si ésta fuera mínima muchos desaparecerían de la parrilla, sin cumplir dos o tres programas. Pero éstos son los que dan el nivel de la España de hoy. No le demos más vueltas, me quedo con la radio, o como dijo Groucho Marx: “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión voy a la biblioteca y me leo un libro”.

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