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Polilla y los Jardines de Bolonia

hotel miranda salónMuchas han sido las personas notables y trascendentales en la vida de San Lorenzo, pero sin duda una de las más conocidas por ser amigo de todos, por su bonhomía, por su cultura y su humor que ponía a disposición de todo el que quisiera hablar con él, esa persona fue Álvaro Suárez-Valdés al que todos conocíamos como “Polilla”. Entre sus ocupaciones y facetas figuraron las de abogado, juez, escritor, dibujante, pintor, caricaturista, y sobre todo amigo. Le recuerdo en el final de su vida, sentado en silla de ruedas, tomando el aperitivo con su nieto de 3 o 4 años en el Croché y charlábamos como si no estuviera enfermo. Una delicia.

Hizo muchas e importantes cosas en su vida. Recuerdo que hizo a caballo el Camino de Santiago con un grupo de personas conocidas y con salida desde la Lonja. Entre las que creó e instituyó figura la fundación de lo que llamó los “Jardines de Bolonia”. Revisando mis notas y recordando a Polilla me encuentro con esta historia que me la contaba Gaby Sabau y que les traslado. Me figuro que Gaby o alguno de los que asistieron, lo harían mejor que yo pues ni estuve allí ni viví aquellos lunes de los “Jardines de Bolonia”. Contaré esta historia fiándome de mi memoria, pero como ésta me suele fallar pido disculpas si olvido o me equivoco en algo.

Álvaro fue, con otras once personas, el fundador de los “Jardines de Bolonia”. Las Tertulias gastronómicas así llamadas, se fundaron en el Hotel Miranda, y se iniciaban con una comida que acababa en tertulia. Tras una temporada en el Hotel, las tertulias se trasladaron a su casa-despacho al final de Floridablanca esquina a Leandro Rubio, casa con un pequeño “jardín” a la entrada de no más de veinte metros cuadrados que tituló como los “Jardines de Bolonia”. No se si tendría otro jardín interior pero el de la entrada no es mayor de 20 metros cuadrados. Tampoco se si Álvaro se inspiró en los Bosques de Bolonia al Oeste de París para bautizar a sus “jardines”. La realidad es que comparar unos metros cuadrados de jardín con los bosques de Bolonia, con sus alamedas, caminos para jinetes y sus numerosos cedros, robles y plátanos, es algo pretencioso pero la verdad es que así era Polilla.

Allí los doce, como buenos apóstoles, que irían cambiando con el tiempo, comenzaron a cocinar y a tertuliar. Cada lunes hacía de cocinero uno de los tertulianos y luego una vez terminada la comida se hablaba no sólo del menú servido sino también de lo divino y humano. Las comilonas eran pantagruélicas hasta el punto que uno de los asistentes, creo que vivía en Guadarrama, se murió al día siguiente de una tripotera. Álvaro Suárez-Valdés, Gaby Sabáu, nuestro querido Bertrán de Lys-al que enfadaban cada vez que sacaba alguien a relucir al pueblo de abajo- Virgilio el de la Cueva, Santi Herranz, José Alcázar,….. Con su buena pluma, Gaby era el encargado de dar fe en el libro de Actas de cada lunes y Polilla era la persona indicada para dibujar la caricatura del que tenía que cocinar o invitar a la comida. Estos libros de Actas, escritos a mano y con letra redondilla, pasaron a ser propiedad de la hija de Álvaro que me figuro guardará celosamente y que me gustaría conocer para poder contarlo con más propiedad y conocimiento. Allí se recogía escrupulosamente, pues si no se enfadaban los tertulianos, todo lo tratado durante la reunión gastronómica e incluía el menú de aquel día y como hemos dicho la caricatura, hecha por la mano de Álvaro Suárez-Valdés, del cocinero o del que tenía que invitar por no saber cocinar.

La mejor propaganda de algo ha sido siempre “el boca a boca” y estas tertulias gastronómicas llegaron hasta los oídos de unos madrileños que un día llegaron a San Lorenzo en visita turística. Conocedores de algo de lo que allí se cocía, preguntaron por el restaurante “Los Jardines de Bolonia” para poder comer y por supuesto nadie les dio razón de tal restaurante.

“Los Jardines de Bolonia” era un centro de reunión, de gastronomía, de tertulia pero sobre todo de amistad entre un grupo de personas conocidas y del que salieron iniciativas y quizás algunas cosas de las que hoy día todavía disfrutamos.