En estos últimos días, se han producido dos noticias que me han ayudado a olvidar a los controladores, al teniente Pepiño y al caos provocado por ambos durante el puente de la Inmaculada Concepción (para otros el puente de la Constitución; allá ellos).
La primera ha sido el anuncio hecho por el Ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, de que el domingo día 19 de diciembre se abre al público la Basílica del Valle de los Caídos. Desconozco si sólo se abre al culto o también a los turistas que vienen a visitarlo sin conocer el engendro de la Ley de la Memoria Histórica y desconociendo los problemas, que para la definitiva recuperación de la reconciliación nacional, están causando el gobierno y los partidos políticos.
Parece que como no han conseguido su propósito, abren el Monumento del Valle de los Caídos pero eso sí, colocando una malla metálica sobre la escultura de la Piedad de Juan de Ávalos. Además, como ahora tiene el Gobierno una obsesión por los aviones y el espacio aéreo, han instalado un túnel o “finger” aeroportuario, para evitar problemas y dar seguridad a los visitantes. Y yo me pregunto si no sería mejor, de una vez por todas, restaurar la Piedad “in situ” como ha recomendado el hijo del escultor, arquitecto y presidente de la Fundación Juan de Ávalos.
La otra buena noticia para los que amamos El Escorial es la reapertura, o mejor dicho, la recuperación oficial del Real Coliseo Carlos III, que permanecía cerrado desde 2.006 y que parecía, por el tiempo transcurrido, que nos íbamos a quedar sin esta magnífica joya de los espacios escénicos. No podíamos perder para su disfrute, el único teatro de Corte español que queda y el más antiguo espacio cerrado dedicado al teatro.
Todo el que quiere al Escorial se tiene que alegrar de las dos noticias. Además del interés cultural de una y del recogimiento del espíritu de la otra, ambas son buenas además para ambos pueblos por los beneficios económicos que vienen produciendo. Restaurantes, tiendas y hoteles, transporte y porque no el conocimiento de nuestros dos pueblos que había quedado disminuido por el cierre de ambos monumentos.
Fue Carlos III quien encargó al arquitecto Jaime Marquet la construcción del teatro y el de los Reales Sitios de Aranjuez y del Pardo. Juan de Villanueva, el gran arquitecto del Museo del Prado y de muchas obras que dejó en San Lorenzo, realizó su primera reforma en 1.791, veintiún años después de su inauguración. El edificio estaba comunicado con las Casas de Oficios por un pórtico que atravesaba la calle y que evitaba a la Corte pasar las inclemencias que el duro clima de estas tierras serranas tenían que soportar. La historia de este teatro de Corte es muy interesante y a la que dedicaré una próxima Crónica.
Es el Coliseo un edificio al que tengo mucho cariño pues he pasado muchas tardes en el cine que fue, viendo las películas de mi tiempo. Para la generación de mis padres, el Teatro Lope de Vega, como se llamaba, tuvo un gran esplendor y se representaron obras de teatro de grandes dramaturgos como Arniches, Benavente, los Hermanos Álvarez Quintero, Muñoz Seca y tantos otros, además de obras escenificadas por el grupo de teatro aficionado de la Colonia veraniega que capitaneaba Rosario Muro y Xavier Cabello Lapiedra. Se representaron obras de difícil ejecución como El puñao de rosas, Molinos de viento, La alegría de la huerta, La canción del olvido o Los intereses creados. Otros grupos de teatro han mantenido después esta tradición teatral de nuestro pueblo.
Gracias a los hermanos Pedro y José Luis Martín que lo compraron y fueron junto a Mariano Bayón autores del proyecto de reforma iniciado en 1.974, lo salvaron de la ruina a la que sus antiguos dueños le habían avocado, inaugurándose en 1.979 con un concierto de Teresa Berganza.
Abrir el Valle, algo que todavía habrá que ver y en que condiciones y rescatar el Real Coliseo han sido dos buenas noticias en estos difíciles días que estamos atravesando.
