Televisión y política

Veía la televisión en uno de los muchos canales de la TDT que nos ha regalado este Gobierno y apareció el famoso teniente Colombo, con su medio puro y su gabardina que no ha ido al tinte desde que la compró. Personaje curioso por sus métodos cansinos para esclarecer los hechos. Demoledor, pesado, inoportuno, molesto en sus pesquisas pero muy educado a la hora de decirle a alguien que es el asesino. Me la tragué entera y suelo verlas todas las tardes en el canal NITRO.

La multitud de canales, la crisis y la falta de productores de programas que calen en los telespectadores, lleva a que todos los canales abusen de las películas y empiecen a apostar por la series famosas de los 60 y 70.

Ante la falta de originalidad, de búsqueda de nuevos formatos y también la falta de recursos, lleva a todas las cadenas, especialmente las nuevas digitales, a buscar en el baúl de los recuerdos y programar películas y series de los tiempos en los que se hacía buena televisión y buenas series de películas.

No sólo ha vuelto Colombo a las pantallas de TV, sino también Koyak y su chupachús, Manos a la obra con Manolo y Benito, Los ángeles de Charly, Ritintín, Lassie, Los ladrones van a la oficina y algunas reposiciones recientes como Aquí no hay quien viva o Los Serrano etc. No tardando mucho me figuro que volveremos a ver series como El Santo, Pery Mason, El Equipo A o Misión imposible y programas como Un, Dos, Tres o Un millón para el mejor.

Ya no se hacen series que alcancen un record, como fue Médico de Familia en aquel último capítulo en el que se casan Emilio Aragón y Lydia Bosch, nada menos que con 12 millones de telespectadores y el 60% de share. Las series las protagonizaban actores consagrados como Carlos Larrañaga, Concha Cuetos, Fernán Gómez, Manuel Alexandre, José Luis López Vázquez, Agustín González, Arturo Fernández, Concha Velasco, Fernando Sancho y no como ahora que son jóvenes desconocidos, muchos de ellos debutantes en el cine o televisión y que realizan series que se parecen todas unas a otras.

Si recordamos las magníficas series literarias como La Saga de los Rius, La Barraca, Cañas y Barro o Don Quijote de la Mancha, parece como si hoy se han olvidado de como se hacen las buenas series. Y si nos acordamos de las series juveniles como Ana y los siete, Verano Azul, La Casa de la Pradera, Bonanza, o series infantiles como, La Abeja Maya, Pipi Calzaslargas, Heidi, Marco, Oliver y Benjí o Mazinger Z, a muchos les gustaría que volvieran a la parrilla de televisión.

Hombre rico hombre pobre, Arriba y abajo, el Santo, Los Vengadores,, Miami Vice, Manix, Dallas, el Virginiano, El Fugitivo, Los vigilantes de la playa, Sensación de vivir, El Príncipe de Bel Air, Un genio en casa y tantas otras que nos causa “morriña” televisiva sólo recordar sus nombres.

Todo este largo prólogo de recuerdos, viene a cuento de la percepción de que a veces la política se parece a las series de televisión, o las series de televisión se parecen a la política. Si analizamos a sus personajes igual podrían ser los protagonistas de muchas de las series que todos hemos visto o que veremos en próximos días.

Cuando este verano veíamos a Fernández Toxo, secretario general de CC.OO, en un crucero de lujo con su mujer, recordé la serie Vacaciones en el Mar y las simples y tontas historias que allí sucedían con los millonarios de crucero. La actual situación de paro y el desastre económico de nuestro país, es como si estuviera viendo Aquí no hay quien viva pues pronto va a ser verdad y nos tendremos que ir todos a vivir a otro país. Ante los graves problemas que están sucediendo en el Sahara y ante la falta de respuesta del Gobierno, que habla siempre de forma que no se moleste a los marroquíes, es como si estuviéramos viendo Mis adorables vecinos que aparentemente se llevaban muy bien pero que se despellejaban unos a otros cuando quedaban a solas.

Recién nombrado el nuevo Gobierno con Rubalcaba al frente me recordó a la serie de El equipo A que viene a arreglar todos los problemas de la humanidad. Sólo falta un negro pero todo se andará. El loco de la serie ya lo tenemos.

Ver al ese dúo dinámico formado por Fernández Toxo de CC.OO y Cándido Méndez de la UGT es como si estamos ante la serie Los intocables, esos hombres que durante la época de la ley seca en Chicago eran como su nombre indica, intocables. Nadie podía con ellos aunque eso sí la diferencia con los actuales es que aquellos eran insobornables y los de hoy reciben pasta por todos lados.

¿No les recuerda la Pajín, la Trini y la Espinosa, dirigidas por un hombre en la sombra como es Rubalcaba, a la serie Los ángeles de Charly?

Cuando veo a Trinidad Jiménez intentando arreglar los desaguisados en los que nos ha metido Moratinos, me recuerda a la serie Embrujada aquella mujer que con su carita de no haber roto un plato y moviendo su naricita arreglaba todos los problemas de su casa. Creyó Trinidad que poniéndose una chupa de cuero iba a ganar las elecciones a Gallardón y ahora se cree que con su melena rubia, su carita y su naricita va a arreglar todos los líos que tenemos en política exterior, especialmente los del Sahara, Venezuela o Cuba.

La ministra Pajín acaba de poner en pie de guerra a los farmacéuticos con sus últimas medidas para ahorrar millones de euros, como las unidosis de los medicamentos con receta. Es como Carlos Larrañaga en la serie Farmacia de Guardia. Cada vez que aparecía por allí o tomaba una decisión, la armaba.

¿No les recuerda las “ñapas” de Zapatero en los temas económicos y las “chapuzas” de Rubalcaba en los temas del GAL, la tregua de ETA o en el actual chivatazo del FAISAN, a las andanzas de Benito y Manolo en la serie Manos a la obra. No hay duda que política y televisión son buenos compañeros de cama. Siempre encontraremos algún parecido.

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