Capítulo II
Aquellos que lo fueron y todavía hoy son.
Madrid tiene un barrio, triángulo casi perfecto, en el que uno de sus lados mira a la calle de Atocha, el otro a la Carrera de San Jerónimo y el tercero lo forma la calle Medinaceli, y todos, como nacidos de la plaza de Benavente. Es el barrio de los Literatos, de las Musas o el Parnaso, en donde vio la luz, por primera vez, en letras de molde, el primer Quijote y donde había que estar para estrenar una obra, pues allí vivían representantes de artistas, empresarios y autores todos mezclados en una amalgama traviesa y necesaria para poder sobrevivir en este Madrid del siglo XVII y XVIII. Aquí, en el XIX se mantiene su aire de farándula tertuliana, y aquí se ubican los principales cafés, librerías y locales variopintos y bohemios, guiados, como el faro a los barcos en la noches frías matritenses, por el Teatro Príncipe, hoy Teatro Español y su pedestal que es la Plaza de Santa Ana.
Si en este barrio vivieron Lope, Quevedo o Tirso de Molina en el siglo XVII, aquí nacieron y vivieron Zorrilla, Echegaray, Esproceda o Jacinto Banavente en el siglo XIX y en los albores del XX. Era un Parnaso terrenal donde los poetas buscaban a sus musas y los literatos el pan nuestro de cada día.
He recorrido este barrio en búsqueda de los cafés de antaño y conocer los que hoy son. Subo la calle Prado, desde la plaza de Las Cortes y comienzo mi paseo entre tiendas de antigüedades, como la de Romero junto al edificio del Ateneo, estrecho edificio de 7 metros de fachada y una balconada que coronan los relieves de Velázquez, Alfonso X y Cervantes. Un edificio, al lado, quiere que el Ateneo no muera e intenta su ampliación, dirigida por el Arquitecto don Santiago González de dimensiones parecidas. Llego a la calle Ventura de la Vega en cuya esquina con la calle del Prado, todavía podemos leer: “Casa Soto. Grabador”. El bar Fin de siglo con fachada muy de tal; Vinos Casa Ramón con antiguos azulejos en su fachada y que todavía se llama “casa de comidas y licores”. El restaurante Luarqués te invita a sus cenas musicales; Los Gabrieles a su “cocina vasca y española”. Existe en esta calle un restaurante bilbaino, uno peruano, el Inti de Oro y otro argentino la Cabaña. No falta uno erótico llamado La almeja picante cuyo escaparate -mejor es no verlo-, anuncia sus “exquisitos platos” a base de grandes, desproporcionados y fuera de toda realidad, aparatos del amor.
El decorado de esta calle del Prado lo forman casas, todas ellas “aseguradas de incendios”, de tres o cuatro plantas, en cuyos bajos se asientan tiendas de antigüedades, librerías o un restaurante cubano el Tacomaro poco imbricado en el esquema mental que te haces cuando recorres este barrio. El Salón del Prado, café concierto, esquina a la calle Echegaray y junto al magnifico restaurador gastronómico que es el Cenador del Prado.
Dos esquinas, bien guardadas, por centinelas con uniformes de gala, casi recién estrenados, que son la Taberna del Príncipe, hoy de tapas, y un reciente Café-Bar llamado Miau donde estuvo hasta el pasado año una tienda o boutique de ropa de caballero, que tiene un ojo puesto en el teatro Español y otro a la Plaza de Santa Ana. Las otras seis lentes dan a la calle del Príncipe.
En esta calle, en el número 23, se me aparece el Parnasillo del Príncipe que se dice fundado en 1.830, según reza una placa en la puerta del local y que se encuentra en la entrada de la calle Huertas. Portada azulejada, muy de la época, con medallones en relieve de Galdós, Espronceda, Oscar Wilde y Larra, que tanto criticó a los cafés y frente a la magnífica portada barroca de Pedro de Ribera en granito y ejecutada en 1.734 durante el reinado de Felipe V. Una puerta de caoba maciza, del tallista Laorga, da entrada lateral al edificio de la Cámara del Comercio y la Industria, tras la que se esconde la escalera de gala y que fue entrada de carruajes, que tiene su puerta principal por la calle Huertas. Palacio que pasó por varios propietarios y estilos, y que en 1.993 un sobrino de las últimas propietarias, las Saint Aubin, lo vendió a la Cámara Oficial de Industria de Madrid.
Entro en el local. Eran las cinco de la tarde, hora taurina y en su albero de tablas de madera antiguas que se me apetecen de la época, pocas personas, algunas mirando el fútbol en sus dos televisiones y otra leyendo poesía en la barra de antigua madera incrustada de placas de carros, bicicletas, de publicidad o las redondas de guardarropas. Una del Ayuntamiento de Madrid para un carro de mano, duerme junto a la de “Funestería Iberia” de la calle Ventura de la Vega y algunas extranjeras. Una me llama la atención y reza así: “Oreja del toro ABRILEÑO de B. Quirós concedida al diestro RAFAELILLO en Madrid el día 9 de Abril de 1.944”. En el aseo de caballeros, que no se si en el de señoras también, una máquina expendedora de preservativos, a cien pesetas la unidad. Aparador antiguo junto a la entrada y junto a él, relojes que andan con las horas de Madrid, New York, Moscú, Dublín y Sydney y hasta un reloj de“sombra” pues en su interior no luce el sol. Una gran mesa central con cristal que actúa de vitrina de los muchos billetes de banco de todos los países y un solo quinqué en el centro. Al fondo un altillo con cuatro mesas románticas y decorado su frente con 3 alegorías- en azulejos pintados- de Mayo, Julio y Octubre que vigilan una máquina de escribir muy antigua. Sillas de madera de la época, mostradores de madera también, para tomar una copa de pié y altos veladores rematan el hueco de la entrada. Ahora ya no se sirve horchata, café o limón granizado, se sirven “Guinness”, café irlandés y mucha marca extranjera. Camareras inglesas en camiseta blanca decorada con “San Patrik days 17 de marzo del 2.001”, es decir el día de autos en que yo me encontraba allí, que nos anuncia su llegada en los pechos de las camareras inglesas o quizás escocesas, que te atienden. ¿Qué pasará esta noche en este café-cervecería-pub inglés de la calle del Príncipe?.
A pesar de las televisiones, la máquina de tabaco y la música de “alto nivel”, el local es agradable y hasta me parece que tiene duende. Pero no pidas un diario español; sólo hay en lengua inglesa. Un fresco pintado en el techo, te hace hasta parecer que te encuentras embelesado mirando al cielo.
Seguí por la acera de la izquierda o “rive gauche” de la plaza, para poder contemplar las portadas y reclamos de la Cervecería Alemana, que asienta sus reales en esta bellísima plaza desde 1.904, de amplia tradición taurina, los Cabales, el Nalurbier, la Cervecería Santa Ana, el restaurante Platerías; la Moderna y el bar hawaiano Mauna Loca y cerrando la plaza el Hotel Reina Victoria.
Me decido a entrar en la Cervecería Alemana que tiene mucho de café, poco de cervecería y casi nada de alemana y que fue lugar donde se reunía una clientela importante de personas del arte, la escena, la política y sobre todo de los toros. Pintores, como Solana, políticos como Besteiro, literatos como Benavente y Valle Inclán, escritores de comedias como Jardiel Poncela, artistas como María Guerrero y famosos toreros tenían allí sus tertulias. Una foto recuerda a muchos de los tertulianos taurinos: Luis Miguel Dominguín, Rodolfo Gaona, Manuel Mejías- el Papa Negro- Antonio Bienvenida y los González Dominguín asiduos contertulios de la Cervecería Alemana. Aunque sigue siendo un lugar de tertulias, los jóvenes han ido ganando terreno y se instalan entre sus veladores rectangulares de mármol blanco y patas de hierro torneadas, bajo la atenta mirada de unos camareros, algo trasnochados y generalmente en estado de tristeza. Su decoración también es triste, como los camareros, algo vetusta y anticuada, pero manteniendo la identidad propia de aquellos tiempos, y el importante friso de madera que recorre todo el local pintado en un fuerte color marrón, insiste, sin quererlo, en sumirlo en una mayor tristeza.

Y antes de seguir recorriendo la plaza en busca de cafés, recalo en la plaza del Angel, pequeña plazuela de forma rectangular que fue ampliada en el siglo XX con el derribo del Convento de San Felipe Neri, para asomarme al antiguo y algo destartalado Café Central en el número 10 de esta recoleta plaza, feliz ángel de la guarda de la contigua plaza de Santa Ana.
