HACIENDO MEMORIA
(Voy a recordar aquellos años a través de la ventana que el Semanario Escurialense me abrió, pidiendo perdón anticipadamente por lo mal escrito que quizás les parezcan los artículos. Eran las reflexiones de un chaval de 17 años que quería escribir y a los que añadiré comentarios desde mi atalaya actual).
(Publicado en El Semanario Escurialense en ese año)
Escorial Verano de 1.962
Estampita
Era una tarde cualquiera. Jueves, viernes ¿Qué más da? Estábamos en la Bolera del Parque. Unas chicas jugaban a los bolos. Cinco chicas que al parecer no tenían nada más que hacer. Nosotros uno más, seis. Nuestro aburrimiento se unió al de ellas y enseguida nos presentamos. Conocíamos a Maca y a Estrella. Almudena, Isabel y Pilusa nos eran desconocidas. Sin saber cómo nos encontramos en casa de José Miguel Contreras bailando el twist. Alli fue donde la conocimos más a fondo. Isabel se llama, pero para nosotros fue hasta final de verano “Estampita”. ¿Por qué? Pues no lo sé.
(Foto del Libro «Estampas de un pueblo. San Lorenzo de El Escorial)
Tres días fueron su hada madrina. Sí, digo tres días pues Isabel vino a pasar tres días con nosotros y se quedó todo el verano. Cosas del Escorial. Llegó a Asesora, simpática con todos, dio un guateque y nos confesó que este había sido uno sus mejores veraneos. Un nuevo personaje había entrado a formar parte de la gran familia escurialense.
Rally automovilístico
Era el 14 de agosto. Bajé temprano (a las 12,30h) a Florida y aquello era lo menos parecido a Floridablanca. Cerca del Miranda vi como Leopoldo Guerra, embutido en su 4-4, pasaba por delante de mí con un gorro, no sé de qué, y tocando una trompeta. Poco después, Jose Elizalde me preguntó si yo sabía dónde vendían aceitunas negras. Otro pedía un billete que terminara en 8. Todo tenía una explicación y ¡menos mal que la tenía! Era el Rally. Durante un día entero vimos volverse locos a muchos pues no encontraban una mosca viva o porque se les había olvidado contar tres baldosas del patio de Reyes. Pepenani y Paco buscaban en el Espasa la palabra “azimut”. Pobres chicos de letras, no saber lo que es el azimut. Por la noche cena, verbena y reparto de premios en la pista del Hotel Monasterio. Al compás de un tango, Paco Castillo y sus amigos entraban en la fiesta no precisamente por la puerta. Froilán Giquel anuncia un concurso de twist. Paco, el que pocos minutos antes se había colado en el susodicho recinto era el jurado. La verdad es que nadie supo cómo lo había conseguido. Mary Paz Camins bailó conmigo. Lo ganamos a pesar de que Pepino decía que no sabíamos bailarlo cuando a él lo eliminaron a la primera. Entre mucha gente conocida y bailes modernos acabó el día dedicado a los automovilistas.
Dieciocho de Agosto
Día famoso en el verano de 1.962. Tras el tradicional Torneo de Mus, en el que fuimos eliminados enseguida, pues somos de otra escuela, nos fuimos al Campillo. Los Pérez Tabernero habían organizado, en colaboración con la Regidora, una magnífica tienta. Llegamos un poco tarde pero pudimos ver lo principal que iba a ocurrir. Lorenzo, para los astrónomos el sol, tenía ganas de juerga pues no hacía cosquillas en la espalda. Mary Paz Camins quería salir al ruedo pero no la dejaba el miedo. Pepenani daba unos manotazos que ni el Cordobés los mejora. Arriba y en el burladero estaban los que prefieren el fútbol. Abajo en el ruedo, Pepe Pimentel demostraba su valor, y Paco Castillo era enganchado por la vaquilla. Su pedacito de mantel no le sirvió para librarse de la becerra y por consiguiente tampoco de la escayola. El parte médico decía así: “Ha ingresado en la enfermería Paco “El ágil” con derrame en la rótula izquierda, rotura de ligamentos y diversas magulladuras. “Me reservo el pronóstico”. El día no había terminado. Por la noche el Baile de Disfraces del que hablaremos.
Comentario
Las cenas y verbenas se celebraban fundamentalmente en el Hotel Felipe II, hoy del Euroforum. Otras como la que correspondió a la entrega de premios de la Gymcana automovilística, que realmente no fue un Rally, se celebró en el marco del Hotel Monasterio. Era un Hotel, hoy desaparecido, en la Carretera de Robledo, frente a la entrada del Golf de la Herrería y al que íbamos las pandillas por las mañanas a bañarnos en la gran piscina de la que estaba dotado. La Bolera del Parque era el centro de reunión de las pandillas cuando no había un plan mejor que hacer. Podías tomar un refresco o jugar una partida de bolos. Se organizaban campeonatos y muchos chavales del pueblo empezaron allí como “plantadores” de donde se llevaban buenas propinas.
(Juan Cos jugando un Campeonato. Detrás muchos conocidos)


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