Con los primeros rayos del sol de primavera, París florece y los parisinos se lanzan a las terrazas de los miles de cafés repartidos por la ciudad. Los cafés se desnudan en primavera de las lonas del invierno y se apagan los braseros mostrando todo su encanto. Pero lo que realmente llama la atención de los cafés es su homogeneidad estética basada en su igualdad de mobiliario y su estética externa. Se trata de sillas de mimbre de distintos colores y formas, taburetes, banquetas y hasta bancos. Casi todos son de la misma casa de muebles, la Maison Gatti que desde 1.920 viene decorando y uniformando estas terrazas parisinas llenas de encanto.
También en España, con los primeros rayos de sol, llegan las terrazas pero difieren bastante de las parisinas. Llegan a todos los pueblos y ciudades las terrazas de los bares que en muchos casos, suponen un alivio a las vacías arcas de los ayuntamientos por el alto coste de las tasas que cobran. Este año las terrazas han proliferado en mayor medida y todos los ayuntamientos han notado un aumento importante de solicitudes para su instalación. El motivo, la puñetera Ley de prohibición del tabaco en espacios cerrados que hace que por primera vez existan colas para sentarse fuera y poder no incumplir la absurda prohibición. La otra razón es la próxima operación bikini que necesita de un adelgazamiento rápido y de un tostado incipiente para dar una buena imagen en la playa o en la piscina.
No soy de los que les gustan las terrazas porque además de ser un poco raro, hace años que dejé de fumar y no pienso en la operación bikini. Además si te sientas en una de ellas, tienes que estar saludando continuamente y además algunos, generalmente muy pesados, se sientan en tu mesa sin pedirte permiso y no se despegan ni con agua caliente.
Desconozco las ordenanzas de la ciudad de París pero da gusto ver las terrazas cuyo tratamiento sirve para utilizarlas tanto en invierno como en verano y suponen una parte importante de la decoración urbana de la ciudad.
Lo que no entiendo es como en nuestros pueblos y ciudades se permiten terrazas con cuatro sillas de trastero, sombrillas de playa, toldos con publicidad de cerveza o colas y jardineras con flores de plástico. Tampoco entiendo como se permiten terrazas invadiendo la calzada, quitando espacio para un aparcamiento tan complicado como ocurre en nuestros pueblos. Las ordenanzas permiten la colocación de terrazas en una acera con unos determinados metros para dejar paso a los peatones ocupando el frente de fachada. Si el ancho de la acera no cumple con este requisito, no se debería permitir instalar la terraza, pero aquí no es problema. Se amplía el espacio hacia la calzada y se arregló el problema. Hoy día cualquier local de nuestros dos pueblos, es válido para un bar pues no existe problema para colocar la deseada terraza. Simplemente se solicita y se coloca invadiendo la calzada o el local de al lado.
No se que pensarían en el Ayuntamiento de Arriba cuando decidieron peatonalizar la calle Juan Leyva. Me figuro que no pensarían en que pudiera ser utilizada para pasear pues esa buena práctica la realiza poca gente por esta calle. Pensarían casi seguro en la colocación de terrazas de los bares de familiares que tanto animan la calle. Durante el verano las calles del centro, se llenan de mesas incumpliendo varias ordenanzas. También se llenan de niños que sin hacerles casos sus padres, montan en bici o juegan al fútbol entre las piernas de los que están sentados.
Ver cierto desmadre es lo que me causa desazón. Ver a camareros cruzando la calle para servir en las terrazas y jugarse la vida entre los coches no es plato de buen gusto. Terrazas cubiertas que amplían la superficie de algún hotel en el centro del pueblo. Plazas llenas de mesas que no dejan espacio para circular….
No tengo nada contra las terrazas; sí lo tengo contra el desmadre, el uso indebido de las calzadas, el incumplimiento de las ordenanzas y la falta de una norma de ornato común para el mobiliario, las sombrillas y la publicidad para ayudar a la ordenación y mejora de los espacios urbanos.
¿Cuándo aprenderemos de París?
