HACIENDO MEMORIA
(Voy a recordar aquellos años a través de la ventana que el Semanario Escurialense me abrió, pidiendo perdón anticipadamente por lo mal escrito que quizás les parezcan los artículos. Eran las reflexiones de un chaval de 17 años que quería escribir y a los que añadiré comentarios desde mi atalaya actual).
(Publicado en El Semanario Escurialense en ese año)
Escorial Verano de 1.962
Pantano de San Juan
La Regidora comenzaba a hacerse notar en El Escorial. Después de una cena a base de tortilla de patatas para celebrara el cumplemés de la luna, vino una excursión. La fecha no la recuerdo (un día cualquiera de calor). Lugar: el Pantano de San Juan o Mar de Castilla como le llaman los que no saben que en el mar hay olas. Un autobús de la R.E.N.F.E les sirvió de transporte. Y digo les porque nosotros «consumimos millas», como dicen en Serrano, por nuestra cuenta. Allí lo pasamos muy bien. Lástima de que fuéramos pocos. Nos bañamos hasta las tres y hasta hubo alguno que quiso atravesar el pantano pero no le dejaron. Luego comida y descanso al son de la guitarra de Felipe Alcover. Después la clásica siesta, la partida de mus y otra vez al agua. Maruja Raigón, que no se pierde una, hablaba con Cipriano, conocido por todos y que tiene un restaurante allí. A las nueve estábamos de vuelta, después de un día magnífico de «playa»
Las pipas
-Dame pipas. Esta frase la hemos oído muchas veces. La hemos oído al niño que empieza a comerlas y hasta una señora mayor que se las pedía a su nieto en el Miranda. Un domingo cualquiera, el Escorial está lleno de turistas y de cáscaras de pipas. Sesenta kilos vendió la Sra. Crescencia, la Barquillera, un domingo de este verano. Yo no conozco el Escorial sin comer pipas y ¿tú? Según decía un escritor anónimo, tres cosas tiene el Escorial que hacen de él la Octava maravilla del mundo: el Monasterio, el varaneo y las pipas de Dña. Crescencia. Nuestro amigo tenía razón, pues si se llevan las pipas del Escorial yo sé de muchos que se irían a veranear a Torrelodones.
El guateque
Estrella dio un guateque el día 2 de septiembre. Magnífico en todos sus aspectos. Pero quiero recordar uno que dio una Asesora 24 horas más tarde. Entramos en la casa unos cuántos amigos. Con nosotros venía Quique Pérez Castell.-Yo sólo me quedo hasta las diez-nos dijo. Pero al ver el panorama llamó su casa para decir que no iba a cenar. La razón es que apareció ante nosotros una barra en cinemascope y unas bandejas de croquetas y calamares en manos de camareros del Mesón que nos ataba allí. Estábamos todos. Creo que hasta Cesar Cervera apareció al final. Allí bebíamos y comíamos de todo. Fernando Bujarrabal mezclaba coñac, ginebra y vermut. Paco «el ágil» con sus muletas comía a pierna suelta. Ya hace falta cara para presentarse a bailar en un guateque con muletas. A alguno le daba pena y encima le llevaba pasteles. Concursos de baile. Tango, twist, rock and roll y regalos para los ganadores. Gonzalo Castillo con la Chotito ganó el de rock. El que firma y la Camins ganamos el de twist. Después de bebernos no se cuántos cajones de ginebra, comernos Claudio entero y bailar lo que quisimos, salíamos de allí a las cuatro de la mañana.
Con la nota de casi la muerte de tres veraneantes en un 4-4 por querer su conductor hacer alardes, acabó aquel día 3 de septiembre, que todos recordaremos.
Comentarios
Realmente las pipas y los guateques eran dos iconos del veraneo escurialense. Las pipas nos ayudaban a pasar el tiempo y a entretenernos en el Cine Variedades cuando la película era un royazo. Recuerdo el inmenso cucurucho de pipas de Dña. Crescencia, la Barquillera de Floridablanca, que se subastaba en la Romería y por el que se peleaban muchos romeros. Gran persona y amiga ya que yo era de los pocos chavales a los que dejaba jugar y despachar pipas dentro de su pequeño «comercio».
Nuestra gran diversión eran los guateques donde disfrutábamos ligando, bailando, comiendo o «apretando» como diría un castizo. No hubo discotecas hasta algo más adelante con el Ojo Izquierdo, el Reuma Club, el Keeper…… y muchas que vendrían después. El guateque nos servía de sustituto. El guateque era aceptado y hasta recomendado para tenernos controlados. No recuerdo que mis padres me prohibieran jamás ir a un guateque. Nos conocíamos todos y siempre o casi siempre sabían donde estábamos. Costumbre que se ha perdido y que no se si sería bueno recuperar.












