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Historias de taxis y taxistas

Tal como me lo han contado personas que fueron testigos de esta historia, se la cuento.

Una de las personas mayores que todos los días asisten al Centro de Día situado en Parque Real frente a la estación de ferrocarril y por lo tanto, a pocos metros de la parada de taxis, se pone enfermo y llaman a un familiar. Esta persona, no se si acompañada por alguien del Centro, traslada al enfermo al Centro de Salud de la Seguridad Social que se encuentra frente al edificio. Una vez atendido por los médicos, la persona que le acompaña solicita un taxi advirtiéndole, según su declaración, que tiene que trasladar a una persona en silla de ruedas. Cuando llega el taxista, cuyo nombre conozco y no quiero acordarme, dice que él no puede trasladar a la persona al taxi y que no les puede llevar, pero que por haberse desplazado hasta allí le tienen que pagar la carrera de 5 euros. El acompañante calla y paga. Santa persona ésta que además de pagar decidió no denunciar al taxista ni poner una denuncia en el ayuntamiento. No se si el taxi estaba aparcado en la parada de la estación a menos de 50 metros del Centro de Salud o venía de otro sitio, pero pedir 5 euros por la carrera es de personas sin escrúpulos. Además negase a llevar a una persona, no sólo en silla de ruedas sino enferma, por muchas razones que pueda aducir es para quitarle la licencia directamente.

Parece ser y se puede demostrar que varios taxistas se niegan, por razones que me parecen absurdas, a trasladar a personas mayores del Centro de Día cuando se estropea la furgoneta que utilizan para su traslado. Solamente algunos hacen este servicio cosa que, aunque hacen lo que deben, es de agradecer.

Se que este grave incidente ha caído muy mal entre otros taxistas, que son buena gente y seguro que muchos no se hubieran negado a trasladar al enfermo.

Son las 11,00 de la noche de un domingo y aparece una señora en el bar situado frente a la estación y pregunta al camarero si tiene algún teléfono de taxis porque tiene que ir al camping y no hay autobús ni taxis. La señora contó que había visto un número en la parada y tras llamar desde su móvil, sonó el teléfono de la misma parada en la que, por supuesto, no había nadie para cogerlo. Al final consiguió un teléfono particular de un taxista que no se si bajaría o no a llevarla al camping.

Otra noche una pareja quería subir al pueblo e iban cargados con dos grandes maletas. Ya no había autobús y los taxistas brillaban por su ausencia. Llamaron al ayuntamiento y la policía municipal les facilitó el teléfono de un taxista, no se si de guardia o a título personal, pero se negó a venir a por los viajeros poniendo no se que excusa. Viendo el problema y como yo me iba a casa no me costó nada y les subí a San Lorenzo, por supuesto sin cobrarles nada. Y así muchas historias más.

Desconozco la ordenanza de los taxistas en los dos pueblos; desconozco si existen turnos de guardia para cuando no haya autobuses o para un traslado urgente por la noche; no se si se pueden negar a trasladar a una persona mayor enferma en silla de ruedas como en el primer caso o a personas con otros problemas. Lo que si conozco es que es un servicio público que debe dar servicio al público aunque sea de forma ordenada.

Parece que en San Lorenzo se ha puesto en marcha un servicio de teletaxi que desconozco su horario y si funciona bien o no, pero al menos es un avance aunque no todos los taxistas se hayan adherido a la idea.

En la estación de Tudela, ciudad a la que voy mucho, nunca hay taxis en la parada de la estación, pero figuran tres teléfonos móviles a los que llamas y en pocos minutos tienes un taxi allí. No creo que Tudela tenga muchos más habitantes que los que hay entre nuestros dos pueblos y urbanizaciones de alrededor, pero el tema de los taxis funciona así noche y día y muy bien.

Hoy día se regula todo, se prohíbe todo y todo se normaliza. Creo que aquí existe una ordenanza del taxi, pero si no fuera así, una regulación sensata no sería complicado hacerla y mucho menos aplicarla.

El Panteon Real al completo

El Panteón de los Reyes y el de los Infantes en el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial es un cúmulo de anécdotas y de mucha de la Historia de España ya que en ellos, excepto dos, están enterrados todos los Reyes de España desde Carlos V. Sólo Felipe V que decidió que fuera enterrado con su segunda esposa Isabel de Farnesio en la Colegiata del Real Sitio de la Granja de San Ildefonso y Fernando VI, su hijo, que decidió que fuera enterrado en el Real Monasterio de las Salesas, monasterio que fue fundado por su esposa Bárbara de Braganza no están enterrados en este Panteón Real.

Cuando Felipe II decidió construir la gran fábrica del Monasterio, tres fueron las grandes finalidades de su obra: conmemorar la victoria en la Batalla de San Quintín; erigir un Panteón Real y construir la vivienda-palacio del Rey. Todas las demás utilidades y necesidades vendrían por añadidura y necesidad: Convento, Basílica, Seminario, Colegio, Biblioteca y Museo. También podríamos añadir Farmacia, Hospital con su Galería de Convalecientes y Huerta.

Aunque inicialmente Felipe II tuviera in mente realizar el Panteón Real, fue su padre Carlos I de España quien le encomendó cuanto….. tocaba a su sepultura y al lugar y parte donde su cuerpo y el de la Emperatriz y Reina… habían de ser puestos y colocados…. Su deseo no se realizó hasta Felipe IV, aunque ya en época de Felipe III se iniciaran las obras para dar decoro al enterramiento de los Reyes españoles.

Analizar el Panteón de los Reyes y el de los Infantes es como todo en el Monasterio, casi desarrollar un libro. Desde la Historia de los Reyes e Infantes enterrados, a su arquitectura como una pieza barroca distinta del conjunto berroqueño pero unida a él por el cordón umbilical del corto pasillo que desde la Basílica conduce a la ante-sacristía.

Nada menos que una puerta de ébano, palosanto y caoba abre la entrada a la escalera que conduce al Panteón Real de planta octogonal. Adornos de luces, bronces angelotes, escalera y pilastras de mármol, y una maravillosa araña de bronce dorada realizada por Virgilio Fanelli de 2 metros de alto y 24 brazos decoran el Panteón.

Como recoge el ABC se cumplen 70 años de la muerte en una habitación del Gran Hotel de Roma de S. M. Don Alfonso XIII. Su hijo, Don Juan de Borbón, prometió que sus restos reposarían en su patria a la que tanto quiso y en el Panteón Real de San Lorenzo del Escorial y 39 años después pudo cumplir su promesa. Hasta entonces sus restos reposaban en la capilla de San Diego de Alcalá en el templo español de Santiago y Montserrat en Roma. Recuerdo las imágenes de Don Juan pidiendo la venia a su hijo Don Juan Carlos para entregar los restos de su padre al prior del Monasterio y tras cuadrarse ante su hijo pronunció aquellas palabras de “Majestad, misión cumplida”.

Aún quedan tres sepulturas vacías y sin nombre que corresponden a Don Juan de Borbón y Doña María Mercedes padres de Don Juan Carlos y a su abuela la Reina Victoria Eugenia cuyos restos se enterraron el pasado año después de permanecer 25 años en la Sala llamada el Pudridero desde su entrada en el Monasterio en 1.985 hasta su sepultura definitiva en el Panteón Real. Los restos de los padres de D. Juan Carlos deberán cumplir los 25 años preceptivos en el Pudridero antes de reposar definitivamente en el Panteón. Es decir actualmente se encuentra completo y habrá que realizar obras de reforma si los actuales reyes españoles quieren que sean allí enterrados.

Dentro de la mucha historia y anécdotas de los Panteones Reales se cuenta la de la posible muerte del Marqués de Borja, cuando como intendente de la Real Casa y del Patrimonio, tuvo que presenciar y actuar de notario en el acto de apertura del féretro de un personaje real para ser enterrado en el Panteón de Infantes. Una fatídica mariposa negra, salió al quitar la tapa de zinc y le picó creándole una enfermedad mortal que terminó con su vida ejemplar y de amor a nuestro pueblo.

El Hospital de San Lorenzo

El actual Sanatorio de San Lorenzo fue en su concepción, sanatorio antituberculoso situado en la carretera de Guadarrama que fue proyectado por Rafael Bergamín y sufrió varias reformas hasta convertirse en hospital comarcal en 1.994.

Las obras comenzaron en 1.936 y quedaron interrumpidas, como todo, por la Guerra Civil con lo que los protagonistas y el propio proyecto tuvieron que modificarse.

El método de enfrentarse a las enfermedades pulmonares y especialmente a la tuberculosis, sufrieron una transformación creándose establecimientos sanitarios especializados en su tratamiento. El clima seco, soleado y muy aireado de la sierra de Guadarrama supuso un sitio ideal para su localización. Se crea una sociedad por varios ingenieros que pretendían socializar este tipo de hospitales a los que la clase menos agradecida no podía acceder ni pagar los largos y costosos tratamientos. El primer proyecto de estos establecimientos antituberculosos se realizó en San Lorenzo, hospital que se iba a llamar “La Solana” por su ubicación en los terrenos de “Prado Bardal”. Se instaló en la carretera de Guadarrama algo retranqueado, a media ladera, para dotarlo de la tranquilidad y el aislamiento necesario para el tratamiento de estas enfermedades. Se pensó incluso que contaría con su propia estación de ferrocarril. El entorno natural con un robledal y un bosque de pinos, su orientación y maravillosas vistas, hacía de la “Solana” el sitio ideal para su emplazamiento. Con la última reforma realizada por Francisco Fúster de la Mata se convertirá en el hospital de referencia para muchos municipios de la sierra.

Aunque en estas mismas páginas he criticado muchas actuaciones de los dos ayuntamientos y las promesas incumplidas de los políticos, especialmente con la reforma de la carretera de Guadarrama, no hay duda que ante esta realización no tengo más remedio que felicitar al Ayuntamiento de San Lorenzo y especialmente a la Comunidad de Madrid que han logrado culminar este proyecto de ampliación de un nuevo edificio de 7.700 metros cuadrados comunicado con todas las plantas del hospital. La zona de urgencias, siempre colapsada por el incomprensible mal uso que se hace de ella, se ha visto triplicada invirtiendo en el nuevo edificio 12 millones de euros. De este mal uso he sido, por desgracia, testigo de cómo una familia de inmigrantes estuvo dos horas esperando. Cuando el padre salió con una mano vendada cogió dos bolsas y a su hija con la misma mano vendada. ¡Que urgencia era esa!

Con el nuevo hospital de Villalba y esta ampliación no hay duda que se va a mejorar sensiblemente la atención sanitaria a los más de 93.000 vecinos de los 15 municipios a los que da servicio.

Como no podía ser menos en estos actos, a su llegada, la Presidenta de la Comunidad fue recibida por una veintena de personas del Comité de Empresa que gritaban “menos inauguraciones y más contrataciones” exigiendo un incremento de plantilla para cubrir bajas o permisos.

Me figuro que entre los miembros del Comité de Empresa del hospital, habría liberados sindicales que no sólo, no trabajan sino que además no van. Si lo hicieran a lo mejor se reducirían las contrataciones necesarias.

Esperanza Aguirre también inauguró un aparcamiento para más de 200 coches en Cercedilla y ha visitado las obras de un nuevo hotel en Navacerrada, junto a la Bola del Mundo, que se erigirá sobre las ruinas del Club Alpino que parece que ha sido esquilmado y no han quedado ni las cañerías.

Hospital, aparcamiento, hotel, temas importantes para la salud, la calidad de vida, el turismo y el ocio. No todo va a ser arreglar y ensanchar aceras.

(Rfª de los datos históricos: Arquitectura y Desarrollo Urbano. Tomo V)

La Ley de la Memoria Histórica y el Valle

Me da la impresión que todo el problema suscitado con el Valle de los Caídos, para su cierre y si me apuran volado, como dijo Anasagasti, el senador vasco de la ensaimada en su cabeza, se puede basar en el Art. 51.1 de la Ley que exige“la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”. Aunque el Valle sea una Basílica, Convento y Hospedería podrían encuadrarlo “en otros objetos” y así se lo cepillan como quería la ex vicepresidenta de la Vega y los llamazares de turno.

Estatuas de Franco sólo queda una en Melilla en una vía pública que no se si ha sido retirada todavía. Desde el año 2.007 se ha retirado 300 símbolos franquistas pero que yo sepa ninguno republicano. Quedan todavía 80 por quitar y el Valle de los Caídos.

La Memoria Histórica según Zapatero viene “a reparar la moral desde la concordia y conciliación de los que padecieron la violencia durante la Guerra Civil” ¿A que violencia se refiere Zapatero, a la de un bando o a la de los dos? Porque todo parece que los muertos y asesinatos sólo se produjeron en el bando perdedor.

Staley G. Payne gran hispanista e historiador ha dicho recientemente que “La ley de la Memoria Histórica tiene un interés, incluso afirmaría que humanitario, por recuperar cadáveres para que tengan una sepultura digna, me parece bien. Sin embargo creo que hay un interés por utilizar una versión de la Guerra Civil como arma política. No es nuevo ha sucedido en otros países. Una guerra civil siempre es difícil de digerir y más aún en lado de los vencidos. Lo que me parece inaceptable es que desde un gobierno democrático se intente imponer su visión sectaria”.

Reabrir el Valle de los Caídos, aunque en precarias condiciones y sólo para el culto, ha sido una buena noticia. Y si no que so lo pregunten a las tres mil personas que se sumaron a la reapertura colapsando los accesos durante las tres misas. Fue un apoyo a la Abadía y al lugar, Basílica y templo católico.

Comenta D. Luis Suárez de la Real Academia de la Historia en un magnífico artículo en “La Razón” que “normalmente en memoria de una guerra todos los países alzan monumentos para recuerdo de los suyos. Pero este no es el caso del mausoleo de Cuelgamuros, ya que, desde el dolor profundo de una Guerra Civil, se pensó que el recuerdo fuera para los caídos de uno y otro bando, buscando el arrepentimiento y la rectificación”. Esto es así desde el punto de vista de un católico ya que la cruz es su símbolo mas preciado pues en ella murió Jesucristo para nuestra salvación.

Muchas veces he comentado y así lo afirma D. Luis Suárez, la mentira utilizada por los vencidos y actualmente muy difundida con motivo de la Ley de la Memoria Histórica, que para justificar su cierre, el Valle era el mausoleo faraónico de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera. Puntualiza el historiador que José Antonio fue llevado al Escorial. Pero en una de sus entrevistas con el Generalísimo, Don Juan de Borbón, con toda razón, se quejó: El Escorial era tumba de reyes y debía ser conservado para la Monarquía que iba a ser restaurada. Consultada la familia se aceptó llevarle al Valle y allí está enterrado.

Por otra parte Franco nunca pensó que fuera enterrado en el Valle sino en un panteón en el cementerio del Pardo. En el momento de su muerte el Gobierno, con la firma del Rey, decidió solicitar permiso a la abadía para su enterramiento en el Valle y así se hizo. Por lo tanto es mentira que Franco construyera el mausoleo de Cuelgamuros para su enterramiento sino que fue el Gobierno quien a su muerte, lo decidió. Hagamos Memoria Histórica sí, pero no Mentira histórica.

El monumento de la Cruz de los Caídos, digan lo que digan, es un monumento funerario y de reconciliación para los que fallecieron durante la guerra civil de uno y otro bando y todos unidos por el símbolo cristiano de la Cruz de granito.

150 años de tren (II)

Escribía la semana pasada, en estas mismas páginas, que este año se celebra el 150 aniversario de que la Sierra de Guadarrama viera aparecer un nuevo sistema de transporte con la llegada del ferrocarril al Escorial en agosto de 1.861, como parte de la línea del Norte. La Sierra recibiría un gran impulso y sus pueblos una inyección de desarrollo económico y demográfico, pasando de una sierra pobre a la que hoy tenemos.

A los pocos días y editado por La Librería, me encuentro con un libro de Javier Aguado Martín, persona no sólo con antecedentes familiares ferroviarios, sino por su servicio en RENFE donde formó parte del equipo que construyó la línea de Alta Velocidad Madrid- Sevilla. Entre sus libros, figura uno que me ha llamado la atención: “Tranvías y funiculares de El Escorial” publicado en 2.010 y del que les daré cumplida información en próximas colaboraciones, si tengo dinero para adquirirlo. Javier Aguado es miembro de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Collado Villalba e investigador de temas, siempre relacionados con el ferrocarril, del que es un enamorado. Algo parecido deberíamos tener en El Escorial.

El libro ofrece una forma amena y muy documentada de la veterana estación de Villalba, convertida con el paso de los años en el principal nudo ferroviario madrileño de la línea del Norte, pero también recoge datos interesantes sobre la línea hasta el Escorial y sus continuos cambios de trayecto.

El libro comienza con una pequeña historia del ferrocarril en España. El primer proyecto conocido data de 1.829 y se refiere a D. José Díez Imbrechts, quien pretendía construir una línea de apenas 6 km de longitud entre unas bodegas de su propiedad en Jerez y el puerto de El Portal, en el río Guadalete. Cuenta Javier Aguado, como el 29 de diciembre de 1.858, a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, se le adjudicaron los tramos de la línea hasta la frontera de Irún, comprendidos entre Madrid-Valladolid y Burgos-Irún. En el primer tramo no se contemplaba su paso por Villalba. Preveía un itinerario por Boadilla, Villaviciosa, Brunete, Valdemorillo y Peralejo antes de llegar al Escorial. En 1.856 se modifica el proyecto acercándose al que figura en la actualidad, llegando al Escorial por Pozuelo, Las Rozas, y Villalba.

Entre los datos curiosos e interesantes figura el de que en el primer viaje compuesto por una locomotora y cuatro coches, se contaban aproximadamente 200 viajeros entre prensa e invitados, que serían los primeros en recorrer el trayecto completo entre la Corte y el Real Sitio.

Cuenta Aguado en su libro que en el viaje se emplearía algo más de hora y media para recorrer los 50 kilómetros de trayecto para llegar a El Escorial a una estación provisional que fue construida junta a la Casita del Príncipe al no haberse construido aún las instalaciones definitivas. La expedición fue recibida por la población entera de El Escorial con gritos de júbilo, campanas y cohetes. “Poco después los invitados disfrutaban de un almuerzo preparado y servicio por el afamado restaurante madrileño Lhardy”. En los brindis, el marqués de la Vega, representante del Gobierno hizo referencia a la exactitud de los plazos para llegar al Escorial y prometía que en poco tiempo la locomotora llegaría a Ávila.

Tras estos actos la comitiva regresa a Madrid, saliendo del Escorial a la 15:00h y llegando a la estación de La Montaña a la 16:30h.

Al principio se establecerían tres trenes entre Madrid y El Escorial con precios que oscilaban entre los 9 y 50 céntimos en función del tipo de viaje y la clase elegida. En 1.863 se construía la estación definitiva del Escorial que sustituirían a la estación provisional construida dos años antes.

Existe un grabado en la Revista El Museo Universal el 18 de agosto de 1.861 en el que se recogía el momento de la bendición de las locomotoras que, nueve días antes, habían iniciado el servicio regular en el tramo Madrid-Escorial.

Nota Rfª: Libro “150 años de ferrocarril en Villalba” de Javier Aguado Martín.

 

150 años de tren

Se cumplen en este año 2.011 nada menos que los primeros 150 años del primer trayecto de ferrocarril entre Madrid y El Escorial, distancia que se empezó a recorrer en el mes de agosto de 1.861.

El primer trayecto de ferrocarril inaugurado en España fue estrenado en 1.848 estableciendo la unión entre Barcelona y Mataró. Habría que esperar tres años más para que en 1.851, Madrid estrenara la primera línea que enlazaría la primitiva estación de Atocha con Aranjuez, con paradas intermedias en Getafe, Pinto, Valdemoro y Ciempozuelos. Se iniciaban así los primeros 45 kilómetros de la línea Madrid-Alicante. Los precios oscilaban entre los cuatro y veinte reales. La línea fue idealizada por la imaginación popular, hasta el punto de asegurar que llegaba a las puertas del Palacio Real y que los últimos metros de vía eran de plata.

La historia del ferrocarril en España podría comenzar en 1.855 cuando los hermanos Periere, tras ganar a su rival Rosthchild, se adjudicaron la construcción de la línea del Norte que enlazaría Madrid con Francia a través de Irún. Reinando Isabel II, se inician las obras en 1.856 siendo inauguradas por el Jefe de Gobierno, el general Espartero.

Cinco años después en 1.861 se efectúan las pruebas oficiales del recorrido entre Madrid y las Rozas y en junio las del trayecto Madrid-El Escorial. La propia reina Isabel II presidió los actos para los que se construyeron expresamente, unos lujosos vagones que no llegó a utilizar la reina por parecer que carecían de las medidas de seguridad necesarias. Poco después los vagones fueron pasto de las llamas en la estación de Villalba donde se encontraban depositados.

En agosto de 1.861 el primer tramo de la línea Norte fue puesto a disposición de los viajeros. Las estaciones que se construyeron a través del recorrido fueron las de Pozuelo, Las Rozas, Torrelodones, Villalba y El Escorial. Un año después se construye un apeadero en Las Matas.

El ferrocarril era caro en aquellos primeros tiempos pues todavía no se había desarrollado como transporte masivo. En 1.868 un billete de 3ª clase de Madrid a Pozuelo costaba 2 reales, a las Rozas 3,75, a Villalba 7,75 y al Escorial 10,25 reales que suponía nada menos que el 75% del salario diario de un jornalero. Dieciséis años más tarde el billete de ida y vuelta ya sólo costaba 15,10 reales.

El ferrocarril supuso una revolución para los madrileños. Los viajes eran ahora más baratos y cómodos y con ello se empezó a expandir la costumbre de desplazarse mas a menudo a pasar unos días al fresco de Guadarrama o del Escorial ya que los trenes alcanzaban una velocidad de 25 a 29 km/h frente a los 5km/h de la diligencia.

La estación de ferrocarril de El Escorial fue construida en terrenos del Ejido de la Regalada, cedidos a la Villa por Felipe II por cédula fechada a 2 de agosto de 1.566 y vendidos a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España en 1.864, por 36.284 reales. Es una estación de la línea Madrid-Hendaya, cedida a la Compañía fundada por los hermanos Periere. Los edificios ferroviarios se construyeron siguiendo un esquema predeterminado de acuerdo con una serie de condicionantes que determinarían el tipo de estación que se establecería en cada lugar.

Eran edificios de composición elemental y clara que no sólo permitía identificarlos sino también asociarlo con la compañía a la que pertenecía la línea férrea. En este caso a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España.

De la antigua estación queda el reloj, típico ferroviario, una amplia marquesina, bastante sucia, de hiero y cristal y una placa que marca la altura a la que se encuentra sobre el nivel del mar; 923 metros de altura. Sólo se dedica a guardar aperos de limpieza, a oficina del jefe de estación y a vivienda, para no se quien, en la planta superior. Me gustaba como estaba antes de la reforma cuando podías tomar un café en su cantina viendo la llegada del tren. Era más estación que la actual.

 

San Lorenzo entre Benavente y la Constitución

Quién podría imaginar que una calle dedicada a San Lorenzo, Patrón del Real Sitio, se quedara en un callejón estrecho, con sombra permanente cubierto de un manto de tristeza. Frente al Ayuntamiento, entre las Casas de los Doctores y la de las Tiendas y sus Soportales, existía un callejón cerrado por un alto muro que fue derribado, por orden del Intendente Real en el año 1.870, año del gran incendio del Monasterio y año en que se derribaron los arcos que unían el Real Coliseo en la calle Floridablanca con la Casa de Oficios. El callejón de San Lorenzo sería, sin duda, corrala o patio de vecindad, pero sin las balconadas o galerías zarzueleras de madera. Las dos fachadas que cierran el callejón, pertenecen a las traseras de las viviendas que tienen su entrada, unas desde la calle de las Tiendas, hoy de Reina Victoria, una de las pocas calles del pueblo con paraguas de granito. Estas casas las mandó construir Carlos III al arquitecto Juan de Villanueva en el año 1.783 para que sirvieran de refugio a los vendedores de víveres. Las otras viviendas tienen su entrada por la calle Floridablanca desde un “balcón” elevado con balaustrada de hierro. Es la llamada Casa de los Doctores que asistían a la Corte y en la que se ubica el Cafetín Croché y el Restaurante Charolés. Estas dos fachadas posteriores casi se hablan de tú dada su cercanía y por estar viéndose todos los días.

Creo que el patrono San Lorenzo debería tener una calle más importante que este callejón, aunque realmente se encuentre en el centro del pueblo uniendo las dos principales plazas y se encuentra junto al Real Coliseo Carlos III y frente al Ayuntamiento. Une la plaza de Benavente con la hoy de la Constitución, plaza remodelada para guardar en sus entrañas, no sólo recuerdos de lo que fue y lo que pudo ser, según un proyecto de arquitecto Gascuñana, que he conocido y que rodeaba la plaza de soportales y la remataba con un magnífico edificio del Ayuntamiento, sino también para guardar 200 vehículos. Antes de que Carlos III mandara construir a Juan de Villanueva en 1.785 la Casa de los Ministerios que cierra el perímetro de la Lonja, la plaza estuvo abierta al Monasterio y a la magnífica explanada que tiene como fondo velazqueño la vista de Madrid. De tierra primero y después vestida hasta los pies de piedra berroqueña salida de las canteras sanlorentinas; con parterre y un surtidor con agua en el centro de la plaza, construido en 1.876; después con templete de música en hierro forjado así como el de la Churrería de Somolinos que en verano y fiestas de guardar, ponía sus reales en esta plaza.

En el otro extremo, la plaza de Jacinto Benavente con sus inmensos magnolios y sus cuidados parterres y como homenaje a D. Jacinto Benavente que lo utilizó en sus obras, aparece una escultura de Crispín, personaje popular de la antigua comedia italiana, criado ingenioso y audaz, socarrón y ladino, que solía vestir de negro y calzaba botas altas, con un espadín colgado de su ancho cinturón.

Por encima de la plaza de Jacinto Benavente o de los Jardincillos, se encuentra una plaza dedicada también al santo patrono, la Plaza de San Lorenzo, hermanada con la de Benavente por el cordón umbilical de una escalera de dos tramos, y una fuente que hace años la secó un alcalde, quizás para no gastar reales en limpiarla o para que no se ahogaran los niños. En esta plaza un busto del Marqués de Borja y en la otra la estatua de Crispín se hablan a menudo, con su voz de bronce, estáticos sobre sus pedestales de granito, porque no quieren perderse un solo hálito de la vida que discurre a su alrededor.

El callejón de San Lorenzo elevado actualmente a calle, cambia su fisonomía las tardes-noches de verano y se convierte en una estrecha plaza Mayor, ágora tertuliana, con tres terrazas que invitan a la relajación y al buen yantar. Aunque no tiene ninguna perspectiva, con un poco de imaginación parece que estás en el Paseo de Recoletos o en la plaza Mayor de Madrid. Todo es imaginación buscando el fresco en las noches de julio y agosto. Con algo más de imaginación hubieran encontrado una calle más representativa para nuestro santo.

Gaby Sabau

Te llamé para desearte un feliz año, si es posible sin Zapatero, y me entero que hace poco has cumplido tus primeros 90 años.

Para personas como tu, Gaby, vitalista, lúcido y lleno de vida, “90 años no es nada, que es febril la mirada….” como diría el tango pero poniéndole algunos años más. Acabas de cumplir hace dos meses, los 90 primeros años de una vida intensa, llena y plena de amor por El Escorial y la Virgen de Gracia, que son, a parte de tu familia, los dos grandes amores que tienes en tu vida. Porque eres un apasionado amante del Escorial en todas las facetas de cronista, historiador, escritor de varios libros y conferenciante.

Entre mis recuerdos veraniegos nunca olvido a dos queridos amigos míos, ambos vestidos de blanco, como la nieve. A uno, Cesar Cervera, le recuerdo sentado en el Miranda fumando cigarrillos de Tabacalera con un filtro muy largo y algodón dentro y a ti Gaby paseando por el pueblo con las manos atrás, recogiendo en tu memoria emociones, sensaciones o personajes para tus escritos. Dos personas muy humanas de alma blanca como su camisa y su pantalón.

Gaby eres un pequeño gran personaje de San Lorenzo, pueblo en que vives ya hace años, cuando la edad, esa edad que es buena consejera, te dijo que dejaras de trabajar en el Ministerio de Justicia para vivir una vida distinta y mas placentera, dedicada a pasear, a estudiar y a escribir sobre nuestro pueblo. De estatura como la de un niño alto, no se te conoce, o al menos yo, una diferencia de 10 gramos de un año a otro. Siempre estás igual.

Vives en un sitio maravilloso, donde estuvo el Hotel Escorial, aquel hotel con encanto que hubo en San Lorenzo, frente a las monjas Carmelitas, muy cerca de la Universidad, el Parque de Carrero Blanco o Los Alamillos. Soltero empedernido y andarín de los de antes. Cuenta Manolo Míguez que en una subida al Pico del Fraile el día 26 de diciembre para celebrar el tradicional pregón de Navidad, apareciste con zapatos de tafilete y corbata. ¿Es verdad o simplemente una leyenda urbana?

Como Cronista oficial del Real Sitio de San Lorenzo sé que tienes en tu biblioteca toda la historia de este pueblo guardada en libros, fotografías, artículos, periódicos antiguos,… mucha de esta historia escrita por ti mismo. Uno de los archivos particulares mas importantes que sobre el Escorial existen y un archivo fotográfico, muchas de las fotos en planchas de cristal, del que salen, ahora positivadas por la técnica digital, muchas de las ilustraciones a libros o revistas o por ejemplo, muchas de las ilustraciones antiguas que regala el Cafetín Croché.

Mientras existió La Taurina, taberna situada en el mismo local donde estuvo El Colmao de Antonio Cobeña, todos lo viernes del crudo invierno escurialense tomábamos un caldito o un gazpacho en verano y comentábamos cosas siempre de nuestro querido pueblo. Y allí muchas veces te preguntaba que vas a hacer con el maravilloso archivo que posees pero nunca me diste una respuesta concreta. ¿A quién vas a dejar el archivo? Tus argumentos me parecían respetables pero es algo que no puede desaparecer.

¿Sigues asistiendo al Rocío?, porque al menos así lo has hecho los últimos años, para ejercer allí no sólo tu devoción mariana, sino practicar otra de tus aficiones favoritas como es la de la fotografía de la que eres un enamorado.

No se si tu labor y tu amor por nuestros pueblos ha sido reconocida como te mereces, aunque nunca te hayas sentido tentado por los honores y los premios. Tu mejor reconocimiento y con eso te conformas es que lean tus libros, artículos y conferencias y verte dibujado por Antonio Cobos en los carteles del la Romería.

No quiero hacer una pequeña biografía de tu larga e intensa vida sino sólo recordar, en esto primeros 90 años de tu vida, tu devoción al pueblo del Escorial y a tu querida Virgen de Gracia, como cualquier buen gurriato que se precie, que te ha hecho escribir varios libros sobre el tema, ser Romero mayor y Pregonero en 1.955 y tantas cosas más que al menos para los gurriatos no quedarán en el olvido. Con todo cariño, Felicidades.

 

El Paseo de Terreros

Siempre se ha dicho que en San Lorenzo existen espacios a los que parece que se les hace el boicot y la gente no les gusta pasear por ellos. Son sitios apetecibles, muy poblados de arboleda y sin cuestas para pasear por ellos.

Uno de ellos es el llamado Parque de Terreros, Paseo de los Terreros o como siempre le hemos llamado, simplemente Terreros. Hoy Parque de Felipe II. Subí a pasear un día frío pero soleado y me encontré con un lugar triste y apagado. Dos señoras paseaban. Un joven, me figuro que en paro, jugaba con su perro y otra persona daba vueltas muy deprisa como queriendo engañar a su corazón para que no se le pare. Al rato de estar allí un barrendero limpiaba las pocas hojas caídas con pocas ganas por cierto. Y durante el rato que estuve, que no fue mucho por la tristeza que me entró, nadie más paseaba por el Parque. Miré la estatua de Felipe II y también estaba aburrido, quizás por las muchas horas que pasa allí sentado sin ver a nadie nada más cuando hay función en el Auditorio.

El poco rato que estuve y para no aburrirme, empecé a revivir algunos recuerdos que este Parque me traía. Recordé el precioso Kiosco de música y algunos conciertos a los que asistí con mis padres cuando era muy pequeño. Recordé muchas noches con amigos sentados en la piedra y apoyado en la verja que separa el magnífico mirador, inventando lo que hoy llaman el botellón y mientras algunos jugaba a los enamorados con la luna de agosto como testigo.

Hace ya muchos años, Terreros parecía un campo militarizado, donde hacían instrucción, los carabineros, los del Batallón Ciclista y luego los soldados del cuartel situado donde hoy se encuentra la Estación de Autobuses.

Cuando realmente Terreros tenía vida era durante las Fiestas de San Lorenzo para suplicio de los que allí vivían o pasaban el verano. Recuerdo los puestos de cacharros y loza; los de las dos emperifolladas señoras, vestidas de lagarteranas, que vendían mantelerías, servilletas bordadas y pañitos para el sofá. Los puestos de juguetes donde todos los años mis padres nos compraban un carrito de la basura con su escoba, caballito de cartón y campanilla para emular a los verdaderos. Puestos del serrín con sus “joyas” que, como se decía entonces, era “bisutería barata”.

Muchos recordarán las barcas en las que su movimiento, si te pasabas de altura, era frenado por un operario que apretaba una palanca que elevaba una madera que hacía de freno. Además el gracioso que ponía su vida en peligro era echado del juego con cajas destempladas.

Las Fiestas de San Lorenzo, llevaban a Terreros concursos de albañilería, donde los buenos maestros que El Escorial trajo al mundo, hacían maravillas con el ladrillo. Bóvedas, escaleras, muros curvos y lo que les echaran pues para eso eran grandes maestros albañiles. Traían los feriantes la potente música de la tómbola, el ruidoso tiro al blanco, pelotas contra payasos, pelotas contra latas o contra cajetillas de “Bisonte” que tenías que derribar todas y todo tipo de juegos de feria. Además de los feriantes y para alegría de los vecinos de San Lorenzo, las verbenas populares hasta altas horas de la madrugada hacían las delicias de los más o menos jóvenes bailarines pero que imponían la vigilia a los moradores del barrio o los huéspedes del hotel Victoria cuyas habitaciones daban al Parque de Terreros.

Años después, una bolera, de pistas de hormigón que duró poco, un restaurante “Mench´is” y creo que un chiringuito, le dio algo de vida. Hoy le queda algún pálpito los jueves con su mercadillo pero en general es un lugar mas muerto que vivo. Es una pena, pero para mí es un espacio que parece no terminado, una zona no acorde con lo que le rodea y menos ahora como gran vestíbulo de entrada, al “Gallardonazo” o Auditorio de San Lorenzo. Limitado por la Segunda Casa de Infantes-Euroforum, un pabellón de uso cultural y administrativo, por la fachada posterior del Hotel Victoria y lo que era la preciosa vista de la “vega” de San Lorenzo hoy perdida por las construcciones y el Auditorio. Algo habría que hacer con este espacio para darle la vida que en algunos momentos tuvo.

 

20 monjes en guerra

Las fiestas navideñas están aquí. Son fechas para el recuerdo de familiares que no están con nosotros, para el recuerdo de los que sufren, los sin techo, los mayores que tienen como compañera a la soledad, los que tienen que estar de servicio para nuestra seguridad y tranquilidad, de tanta y tanta gente….Yo también me acuerdo de todos ellos aunque prefiero acordarme más durante todo el año que sólo en estos días.

Este año, no se porqué regla de tres, además de todo el que sufre o ya no está con nosotros, me estoy acordando de los religiosos que en su soledad rezan por nosotros y especialmente de los benedictinos del Valle de los Caídos con su abad Anselmo Álvarez al frente. Él se estará acordando esta Navidad de su hermana Esperanza, que también en otra Navidad, la de 1.936, durante un bombardeo le alcanzó metralla y la mató. También recordará a su padre José, fusilado por los republicanos; y a su tío Antonio, que luchó con las tropas republicanas y murió en la batalla de Brunete. En el osario de la Basílica están los restos de estas tres personas queridas de su familia que son un ejemplo de que es fácil, si hay voluntad, aunar las dos Españas.

El Abad declaró en una entrevista que: “Mi tío y mi padre, estaban en bandos distintos durante la guerra y que estén enterrados en el mismo lugar, demuestra que el Valle de los Caídos es un lugar de reconciliación. Las dos Españas forman parte del pasado y lo que tenemos que hacer es caminar juntos, superando esa dificultad y buscar un futuro en común”. Bonitas palabras que algunos no quieren entender. ¡Esto si es Navidad!

Y me estoy acordando de estos monjes benedictinos de la Abadía del Valle por su soledad y lo mal que seguro lo están pasando con tanto revuelo de cierre, de esculturas que hay que recuperar y no se hace, de goteras inexistentes, de apertura de tumbas de forma clandestina y de obras de mejora que nunca se hicieron.

Los veinte monjes benedictinos que viven en el Valle, han hecho piña en la defensa de sus derechos como Iglesia y como representantes de millones de católicos. Están convencidos de que sin comunidad religiosa, el Valle sería otra cosa distinta. Lo que no se sabe si será mejor o peor.

Entre estos veinte monjes que resisten entre las paredes del Valle, existen gentes de variada formación, pero todos con gran capacidad para el trbajo, la investigación y la oración. Gente que dejó su carrera, estudios o negocios para entrar en el Valle. El Abad, Anselmo Álvarez, es licenciado en Ciencias Sociales. Entre los novicios, Luis, un Ingeniero de Minas que trabajó en el túnel del AVE en la Sierra de Guadarrama, muy cerca de donde luego entraría como novicio. Ramón Cué, estudió en el Colegio del Pilar, curiosamente como Rubalcaba y es licenciado en empresariales. Tuvo un restaurante en la Cava Baja, tiendas de antigüedades y novia. Después de sus viajes a Nueva York, Londres o París en busca de piezas antiguas, decidió dejar todo y entrar en la Abadía y allí espera hacerse sacerdote ayudando al hospedero y al enfermero. Santiago Cantera es Doctor en Geografía e Historia y tras querer entrar en la Cartuja, decidió hacerse benedictino.

Me figuro que estarán pasando las Navidades algo mas esperanzados en que se encuentre una solución definitiva para ellos y especialmente para el Valle de los Caídos. Entre Misas, maitines, laudes y cánticos con las blancas voces de la Escolanía, trabajo y lectura espiritual pasan estos días resistiendo el clima duro de la sierra, en la soledad de Cuelgamuros …..

Resisten con paciencia benedictina como dice el Abad. Acosados y quizás “perseguidos” recordando a los muchos que lo fueron en épocas no muy lejanas. Viven sobresaltados esperando una llamada, un oficio o telegrama diciéndoles que se vayan, que el Valle, la abadía y la Basílica se cierran y que se va a dedicar a otras funciones. Entonces deberán abandonar el Valle los 23 monjes, o los 50 niños de la escolanía (que podrían pasar a cantar la Lotería), los siete profesores, los 5 empleados y el educador los únicos que quedan de los 300 que de forma directa o indirecta, vivieron del Valle.

Como le dijeron al Abad en el despacho del Subsecretario de Estado de Presidencia del Gobierno, Juan José Pascual dependiente de la entonces Vicepresidenta Fernández de la Vega, a la que Dios tenga en el Consejo de Estado por muchos años:

Váyanse del Valle de una p. vez. A ver cuando se enteran de que en España ya no se va a Misa.

Ocurrió el 21 de diciembre ante varios testigos según cuenta en El Mundo Javier Castro-Villacañas.

Estas palabras que parece que al buen Abad y a los benedictinos les retumban en sus cabezas una y otra vez, parece que han sido anuladas al ver a tanta gente en las Misas al aire libre, con un intenso frío del Guadarrama, que siguiendo sus creencias fueron a la celebración en la carretera de entrada y luego en la explanada de la Basílica.

Las relaciones con el Patrimonio son nulas, están enfrascados en acciones judiciales y sólo piensan en resistir para defender la libertad religiosa y la

fe en Cristo, como ellos mismos han declarado.

Están muy solos aunque con la capacidad de resistencia intacta. Ni la Conferencia Episcopal ha emitido un comunicado en defensa de estos monjes. Yo, como los miles de fieles que les han acompañado en las Misas, si pienso acordarme de ellos y desearles muchas Navidades en la Abadía del Valle de los Caídos como guardianes de la fe y de la preciosa Basílica.