Las fiestas navideñas están aquí. Son fechas para el recuerdo de familiares que no están con nosotros, para el recuerdo de los que sufren, los sin techo, los mayores que tienen como compañera a la soledad, los que tienen que estar de servicio para nuestra seguridad y tranquilidad, de tanta y tanta gente….Yo también me acuerdo de todos ellos aunque prefiero acordarme más durante todo el año que sólo en estos días.
Este año, no se porqué regla de tres, además de todo el que sufre o ya no está con nosotros, me estoy acordando de los religiosos que en su soledad rezan por nosotros y especialmente de los benedictinos del Valle de los Caídos con su abad Anselmo Álvarez al frente. Él se estará acordando esta Navidad de su hermana Esperanza, que también en otra Navidad, la de 1.936, durante un bombardeo le alcanzó metralla y la mató. También recordará a su padre José, fusilado por los republicanos; y a su tío Antonio, que luchó con las tropas republicanas y murió en la batalla de Brunete. En el osario de la Basílica están los restos de estas tres personas queridas de su familia que son un ejemplo de que es fácil, si hay voluntad, aunar las dos Españas.
El Abad declaró en una entrevista que: “Mi tío y mi padre, estaban en bandos distintos durante la guerra y que estén enterrados en el mismo lugar, demuestra que el Valle de los Caídos es un lugar de reconciliación. Las dos Españas forman parte del pasado y lo que tenemos que hacer es caminar juntos, superando esa dificultad y buscar un futuro en común”. Bonitas palabras que algunos no quieren entender. ¡Esto si es Navidad!
Y me estoy acordando de estos monjes benedictinos de la Abadía del Valle por su soledad y lo mal que seguro lo están pasando con tanto revuelo de cierre, de esculturas que hay que recuperar y no se hace, de goteras inexistentes, de apertura de tumbas de forma clandestina y de obras de mejora que nunca se hicieron.
Los veinte monjes benedictinos que viven en el Valle, han hecho piña en la defensa de sus derechos como Iglesia y como representantes de millones de católicos. Están convencidos de que sin comunidad religiosa, el Valle sería otra cosa distinta. Lo que no se sabe si será mejor o peor.
Entre estos veinte monjes que resisten entre las paredes del Valle, existen gentes de variada formación, pero todos con gran capacidad para el trbajo, la investigación y la oración. Gente que dejó su carrera, estudios o negocios para entrar en el Valle. El Abad, Anselmo Álvarez, es licenciado en Ciencias Sociales. Entre los novicios, Luis, un Ingeniero de Minas que trabajó en el túnel del AVE en la Sierra de Guadarrama, muy cerca de donde luego entraría como novicio. Ramón Cué, estudió en el Colegio del Pilar, curiosamente como Rubalcaba y es licenciado en empresariales. Tuvo un restaurante en la Cava Baja, tiendas de antigüedades y novia. Después de sus viajes a Nueva York, Londres o París en busca de piezas antiguas, decidió dejar todo y entrar en la Abadía y allí espera hacerse sacerdote ayudando al hospedero y al enfermero. Santiago Cantera es Doctor en Geografía e Historia y tras querer entrar en la Cartuja, decidió hacerse benedictino.
Me figuro que estarán pasando las Navidades algo mas esperanzados en que se encuentre una solución definitiva para ellos y especialmente para el Valle de los Caídos. Entre Misas, maitines, laudes y cánticos con las blancas voces de la Escolanía, trabajo y lectura espiritual pasan estos días resistiendo el clima duro de la sierra, en la soledad de Cuelgamuros …..
Resisten con paciencia benedictina como dice el Abad. Acosados y quizás “perseguidos” recordando a los muchos que lo fueron en épocas no muy lejanas. Viven sobresaltados esperando una llamada, un oficio o telegrama diciéndoles que se vayan, que el Valle, la abadía y la Basílica se cierran y que se va a dedicar a otras funciones. Entonces deberán abandonar el Valle los 23 monjes, o los 50 niños de la escolanía (que podrían pasar a cantar la Lotería), los siete profesores, los 5 empleados y el educador los únicos que quedan de los 300 que de forma directa o indirecta, vivieron del Valle.
Como le dijeron al Abad en el despacho del Subsecretario de Estado de Presidencia del Gobierno, Juan José Pascual dependiente de la entonces Vicepresidenta Fernández de la Vega, a la que Dios tenga en el Consejo de Estado por muchos años:
– Váyanse del Valle de una p. vez. A ver cuando se enteran de que en España ya no se va a Misa.
Ocurrió el 21 de diciembre ante varios testigos según cuenta en El Mundo Javier Castro-Villacañas.
Estas palabras que parece que al buen Abad y a los benedictinos les retumban en sus cabezas una y otra vez, parece que han sido anuladas al ver a tanta gente en las Misas al aire libre, con un intenso frío del Guadarrama, que siguiendo sus creencias fueron a la celebración en la carretera de entrada y luego en la explanada de la Basílica.
Las relaciones con el Patrimonio son nulas, están enfrascados en acciones judiciales y sólo piensan en resistir para defender la libertad religiosa y la
fe en Cristo, como ellos mismos han declarado.
Están muy solos aunque con la capacidad de resistencia intacta. Ni la Conferencia Episcopal ha emitido un comunicado en defensa de estos monjes. Yo, como los miles de fieles que les han acompañado en las Misas, si pienso acordarme de ellos y desearles muchas Navidades en la Abadía del Valle de los Caídos como guardianes de la fe y de la preciosa Basílica.
